Los automóviles y la corrupción estrangulan a la ciudad

Las ventas domésticas de autos alcanzaron niveles récord creando una amenaza de congestión y contaminación.
 En los centros de verificación vehicular es común dar un soborno para que autos antiguos y fuera de norma continuen circulando sin problema.
En los centros de verificación vehicular es común dar un soborno para que autos antiguos y fuera de norma continuen circulando sin problema. (Foto: Shutterstock)

Ciudad de México

Según las reglas de la Ciudad de México diseñadas para reducir la contaminación, la Ford Explorer 1994 de José debería dejar de circular un día a la semana y todos los sábados. En su lugar, le paga 500 pesos a un mecánico, quien lleva el automóvil a un centro de verificación vehicular para su prueba semestral de emisión de gases.

Es un soborno barato, pero como dice José, este negocio depende del volumen. “Es una costumbre generalizada, especialmente si tienes un coche de 15 ó 20 años... Yo diría que 60% de los vehículos que pasan la prueba pagan al menos 500 pesos”.

Esto tal vez no suene especial dentro de las historias de “mordidas” si no fuera por el hecho de que este año la calidad del aire alcanzó los niveles más bajos en 15 años. La emergencia desató que se endurecieran las restricciones de circulación y los niveles de ozono llegaron a niveles tan peligrosos que las autoridades de la ciudad estuvieron cerca de declarar una contingencia de nivel dos que hubiera prohibido la circulación de 50% de los automóviles.

Ése sería el máximo castigo en una ciudad donde el medio de transporte indica la clase social. La mayoría de los habitantes de clase media se ofenderían si se les pidiera que usen el metro. Uno pensaría que los mexicanos, quienes trabajan la cantidad más larga de horas, según la OCDE, evitarían viajes épicos como el de 90 minutos que realicé el otro día en un intento por conducir 4 km. Moviéndome lentamente, no pude cambiar de velocidad o reunir el estoicismo de los mexicanos durante los embotellamientos.

Las ventas domésticas de automóviles alcanzaron niveles récord en abril, cerca de 25% por encima del nivel de abril de 2015, y ya comenzaron obras de construcción de autopistas de dos pisos.

El consumo doméstico es el motor del crecimiento económico, no hay un incentivo oficial para no comprar automóviles. ¿El resultado? Una triple amenaza de congestión, contaminación y corrupción.

La contaminación pone a prueba a los funcionarios. Establecieron nuevas regulaciones con el objetivo de acabar con la corrupción en las revisiones de emisiones. Es una pequeña prueba, pero de gran alcance para la voluntad del gobierno de erradicar los sobornos, que alguna vez el presidente Enrique Peña Nieto minimizó como un fenómeno “cultural”. La ley para implementar un gran sistema anticorrupción se atoró en el Congreso.

“Esperemos que podamos terminar con este sistema corrupto para que no terminemos con un nivel de contaminación como el de China... son las autoridades las que permitieron esta situación”, dice José, el de la Ford. ¿Su trabajo? Trabaja en el gobierno federal.