El caso Petrobras y la corrupción en Brasil: un juego riesgoso

Distintos analistas coinciden que el escándalo que envuelve a la petrolera estatal demuestra que los círculos corruptos del país ahora deben emplear métodos más sofisticados para sobrevivir.
Protestas en Brasilia frente al Congreso demandando la salida de Dilma Rousseff, presidenta de Brasil por el escándalo de Petrobras.
Protestas en Brasilia frente al Congreso demandando la salida de Dilma Rousseff, presidenta de Brasil por el escándalo de Petrobras. (Reuters)

Brasil

El escándalo de corrupción de miles de millones de dólares que envuelve a la petrolera estatal brasileña, Petrobras, es muy diferente a otros. Con el supuesto desvío de dinero en efectivo a través de más de 300 cuentas bancarias suizas y blanqueado a través de todo, desde gasolineras hasta obras de arte, el esquema de corrupción más grande del país es tan complejo que después de un año de investigaciones, las autoridades sólo empiezan a entenderlo.

Esta evolución de la corrupción en Brasil en las últimas décadas es, de hecho, una prueba del progreso, dicen los analistas. A medida que la policía federal y la fiscalía ganaron más autonomía e influencia, los círculos de corrupción se vieron obligados a emplear métodos cada vez más sofisticados para sobrevivir.

Pero mientras la investigación sobre Petrobras, apodada por la policía Carwash, puede considerarse una victoria en la lucha de Brasil contra la impunidad, también sirve como la advertencia de cumplimiento más grande a la fecha para las multinacionales que operan en el país y otros mercados emergentes.

En Brasil, las empresas extranjeras enfrentan la presión para realizar pagos que sirven para acelerar los procesos regulatorios o tener un fondo para pagos de sobornos a través de servicios de consultoría de terceros simplemente para competir con los participantes locales. Sin embargo, como demuestra el caso de Petrobras, los riesgos de que te atrapen nunca han sido más altos, dice Edward Jenkins, abogado británico que asesora a empresas que buscan expandirse a Brasil y al Caribe.

Sin embargo, en Brasil seguir ese consejo es más fácil decirlo que hacerlo.

Estudios como la encuesta de Americas Barometer muestran que los brasileños perciben que la corrupción y saltarse las reglas está peor de lo que sugieren las clasificaciones internacionales.

“La corrupción está arraigada en la cultura aquí y eso es algo muy difícil de cambiar, es el jeitinho brasileño”, dice un ejecutivo de una empresa europea en Brasil, cuando se refiere a la costumbre nacional de evadir las reglas.

Literalmente el jeitinho en su forma más inocua se considera una característica positiva de la cultura brasileña, para los negocios, es particularmente peligroso cuando se trata de navegar en el laberinto burocrático y sistema fiscal del país.

Es un círculo vicioso, en donde tantas personas en posiciones de poder obtienen beneficios con la burocracia del país, que los esfuerzos legítimos para reducir los trámites burocráticos se topan con una enorme resistencia.

La única solución para las multinacionales es invertir más para cumplir en países como Brasil.

Como el país enfrenta lo que puede ser la peor recesión en un cuarto de siglo, los gerentes en el país pueden tener dificultades para convencer a sus oficinas centrales para que inviertan más allí. Sin embargo, cada vez se vuelve más claro que las multinacionales ya no pueden darse el lujo de romper las reglas.