Tony Hall: "Si no existiera la BBC, tendrían que inventarnos"

El director general habla sobre el replanteamiento de la compañía ante los cambios de la era digital.
Espero que pueda entregar una BBC fuerte y segura que haga las cosas que la gente quiere”.
Espero que pueda entregar una BBC fuerte y segura que haga las cosas que la gente quiere”. (Cortesía BBC)

Gran Bretaña

En lugar de un bar, Tony Hall, el director general de la BBC, y yo nos reunimos en el Riding House Café, un restaurante a unos cuantos pasos de New Broadcasting House, la brillante y recién terminada sede de mil millones de libras de la emisora nacional de Gran Bretaña.

Es un poco como una cantina de la BBC. Gran parte de los comensales se ven como si vendieran ideas para una nueva serie de televisión. Con un traje negro promedio para un hombre que pertenece a los medios de comunicación, Hall, de 64 años combina a la perfección con el entorno. Ya conoce el menú (“Algunas veces vengo aquí a desayunar”) y apenas le da un vistazo antes de ordenar un kedgeree (platillo tradicional inglés).

Dos años después de su regreso a la BBC, en donde dirige una enorme organización de medios que tiene más de 18 mil empleados y que cuenta con un presupuesto anual de 5 mil millones de dólares (mdd), Hall lleva con soltura las riendas de su puesto. Su bandeja de entrada puede rebasar el tope con una lista impresionante de pendientes que van del replanteamiento de la compañía para la era digital a la renegociación pendiente de sus derechos de licencia (una complicada discusión política que determinará si la BBC tiene futuro en su forma actual).

Una gran preocupación es el impacto que pueda tener en la confianza de la compañía que, como señala Hall, es crucial en cualquier organización creativa. “No se puede colgar a la gente cada vez que las cosas salen mal”, dice con vehemencia. “La gente tiene que sentirse segura para aceptar sus errores, y se necesita una cultura en la que la administración aprenda de ellos. Recuerdo que mi padre solía decirme que era tonto asumir que la gente estaba en lo correcto al 10%. Por dios, si haces cosas que están bien en dos terceras partes entonces vas muy bien”.

El mayor reto de la gestión de Hall es encabezar las negociaciones de la BBC con el gobierno para la renovación de la Carta Real y del financiamiento público de la compañía, que en la actualidad es de 3 mil 700 mdd para los próximos diez años.

También está el molesto problema de la tecnología que se complica por el simple mecanismo del cobro en un mundo análogo: las antenas de televisión. Hall tiene una solución que es muy simple: pedirle a los televidentes que paguen una cuota de acceso para iPlayer, la plataforma digital de la BBC. Pero, debido al clima febril de la actualidad, yo me pregunto qué tan difícil es vender eso.

Por supuesto que estos debates son sólo parte del argumento. Es más importante convencer al parlamento y al público de la importancia de que la BBC siga existiendo en un mundo en donde los televidentes tienen muchas opciones, de los videos de YouTube a la abundante oferta sobre demanda de programas que ofrecen servicios como Netflix. “Tenemos que responder a este nuevo gran fenómeno, que es el binge-watching (ver la televisión por más tiempo de lo normal)”.

Dicho esto, no le queda duda alguna sobre el valor de la compañía para el Reino Unido: “Somos una parte tan importante de la economía creativa que, si no existiera la BBC, tendrían que inventarnos”.

Tocamos el controvertido tema de la propuesta única de venta de la BBC. Para mi sorpresa, Hall no intenta apedrearme cuando le pido que nombre un programa de la BBC que nadie más haga. “Bueno”, responde con cuidado, “Peter Kosminsky, quien dirigió Wolf Hall, dijo en público que este programa no hubiera sido posible sin la BBC”.

Pero ¿eso cree el director de la BBC? ¿En verdad cree que, por ejemplo, Sky, a pesar de su gran presupuesto para el drama nunca llegaría a hacer una serie tan exitosa sobre la corte real de los Tudor como  Wolf Hall? El director general murmura. “No, no creo que lo hicieran”, dice antes de añadir: “Listo, ya lo dije, pero seguramente Sky dirá ‘Por supuesto que lo haríamos’”. Sin embargo, Hall tiene un punto más fuerte. Él cree firmemente que lo que él llama la “ecología” de las transmisiones británicas ofrece un servicio mucho mejor a los televidentes de su país en general, debido a la diversidad.

“Tenemos en este país un sistema que funciona y con el que no hay que andar metiéndose”, dice. “Así es que está la BBC que tiene derechos de licencia, están ITV y Canal 4 que funcionan con comerciales y Sky, que hacen cosas buenas y que funcionan con suscripciones. Esto nos da mejores opciones y un mejor sistema de transmisión que en otras partes del mundo. Quita una parte de esto y yo creo que se destruiría algo que es muy importante”. En tiempos de austeridad es difícil saber si estos argumentos salvarán el día. Hall admite que se pueden dar mayores recortes, pero no son bienvenidos.

Mientras terminamos nuestro café, la discusión se encamina hacia el rumbo que dará Hall a la BBC. Tiene mucho poder, pero lo que no queda claro es cómo quiere usarlo, independientemente de que quiera proteger su legado. “¿Cómo es la huella que quiere dejar?.

Hall dice que quiere proyectar la voz de la BBC al mundo, hacer grandes programas y fomentar la conversación nacional. “No puedes imaginarte a Gran Bretaña sin la BBC”, concluye. “Y espero que, en lo que a mi respecta, pueda entregar una BBC fuerte y segura que haga las cosas que la gente quiere”. Todo esto es de gran valor. Pero se siente algo plano, más como un objetivo burocrático que como una propuesta visionaria.