La “bonoficación” es la nueva gran idea de inversión

Ese es el descubrimiento clave que se encontró en la última ronda de investigación sobre el pensamiento de los gestores de fondos de alto nivel en el mundo
John Authers. Periodista especializado en mercados e inversiones y cabeza de la columna Lex del FT.
John Authers. Periodista especializado en mercados e inversiones y cabeza de la columna Lex del FT. (Foto: Cortesía )

La “bonoficación” (bondification, en inglés) ha sido reconocida como la última gran idea en inversión. Hace seis años, era seguro predecir que la crisis financiera mundial podría llevar a cambios profundos en la forma en que las grandes instituciones manejan su dinero. Eso ya sucedió.

Así que podemos ver desde el sexto Informe Anual de la Evolución de la Industria de Citibank, en las que realizó entrevistas a 100 gestores responsables de aproximadamente 30 billones (millones de millones) de dólares en activos, y el informe anual que elaboró Create-Research para Principal Global Investors donde que entrevistó a 705 gestores de inversión distintos en todo el mundo, con un valor de cerca de 26.8 billones de dólares. Lo que está menos claro es un nuevo modelo para sustituir las antiguas certezas.

Los dos estudios dejan claro que el sistema que utilizaban los gestores para asignar activos y administrar el riesgo fracasó ampliamente durante la crisis de 2008 y prácticamente lo abandonaron.

Un aspecto del antiguo modelo era comparar los rendimientos de los activos a una “tasa libre de riesgo”, que se derivaba del rendimiento de los bonos de gobierno a largo plazo. Pero en realidad, nadie considera a los bonos, en las valoraciones actuales, como “libres de riesgo”. Un gestor le dijo a Create “mientras a los bonos les falte un punto de anclaje lógico para todos los vencimientos, son una referencia inadecuada”.

En segundo lugar, el modelo anterior a la crisis se basaba en la distribución del riesgo al asignarlo entre las diferentes clases de activos. El problema radicaba en que al ser muy diferentes clases de activos, como las materias primas o las acciones de los mercados emergentes, podían ser vulnerables a los mismos riesgos y caer al mismo tiempo, como sucedió en 2008. Por tanto, los dos informes encuentran nuevos intentos de asignar el dinero de acuerdo con los riegos, sin importar la clase de activos.

En tercer lugar, era común juzgar a los gestores de inversión de que los grandes dueños de los activos los contrataran contra sus propios índices de referencia. Las limitaciones de este enfoque se volvieron claras cuando todos los índices se derrumbaron al mismo tiempo en 2008. Que te vaya mejor que a tu índice puede ser loable, pero todavía no es muy útil si ese índice cae 50 por ciento. Por eso,  ahora hay un cambio hacia los mandatos de rendimientos “sin restricciones” o absolutos. 

Citi encontró que los fondos “sin largas restricciones” -excepto los fondos que se pueden cubrir con la venta en el corto plazo- representaron 8 por ciento de los flujos de instituciones en 2005. En la época posterior a la crisis aumentaron 22 por ciento en 2012. Esos fondos ahora reciben marginalmente más dinero, incluso, que los productos pasivos de seguimiento de índices. Mientras que la tradicional elección de acciones, que se juzga contra una referencia, está pasado de moda, las grandes instituciones todavía esperan encontrar buenas elecciones de acciones en algún lado, y ganar con ello.

Pero en lugar de cualquier nuevo modelo claro, en lugar de “el pragmatismo preside”, los inversionistas buscan rendimientos. Por un lado, es bueno que reine el sentido común; por el  otro, es desconcertante que haya tan poca consideración por el panorama general.

Esto es más evidente en el fenómeno que Create llama “bonoficación”. Los gestores están bajo una enorme presión para generar un ingreso, y asustados por los bajos rendimientos de los bonos disponibles, pero tampoco se sienten cómodos con los riesgos de renta variable. El resultado neto, para Create, es la “bonoficación” del capital, ya que invierten en acciones con buenos dividendos, pocas deudas, fuerte poder de fijación de precios, libre flujo de efectivo y alta rentabilidad sobre el capital, factores que las convierten en algo más parecido a los bonos. También está el enorme interés en más vehículos parecidos a los bonos que paguen un fuerte rendimiento, como sociedades limitadas maestras o fondos de inversión inmobiliaria.

Enfocarse en los ingresos también se puede ver en el crecimiento de los fondos con fecha designada -los que mecánicamente cambian de acciones hacia bonos mientras los clientes envejecen- y de los fondos de ingresos estimados. Los gestores de fondos tienen que ofrecer un ingreso para la generación que llega a la edad de jubilación, y eso ayuda a asegurar la continua demanda de bonos -o de otros productos “bonoficados”- a pesar de las extremas valoraciones de los bonos.

Esto, a su vez, calla cualquier “gran rotación “ de bonos a acciones, o cualquier nuevo “culto a las acciones”. Estas tendencias pueden ocurrir, pero continúa la necesidad de comprar bonos que pueden callarlos a ambos. Cuando se les preguntó si hay la posibilidad de que los inversionistas a largo plazo regresen en gran número a la renta variable en los siguientes tres años, la proporción varió y se encontró que en Japón únicamente en 23 por ciento; en Europa 30 por ciento; 41 por ciento en Norteamérica, de acuerdo con Create.

En un mundo en donde se necesita generar ingresos por encima de todo, y no se puede confiar en los bonos, los inversionistas son pragmáticos. A medida que continúa la bonoficación, tal vez son demasiado pragmáticos.