Las ideas de energía de EU, demasiado “locas” para el dinero del sector privado

El gobierno de EU fundó en el mandato de Barack Obama una agencia para apoyar el desarrollo y despliegue de tecnologías de energía transformadoras.
El desarrollo de turbinas eólicas recibe financiamiento de ARPA-E.
El desarrollo de turbinas eólicas recibe financiamiento de ARPA-E. (Cortesía Ogin Energy)

Estados Unidos

“Tratamos de crear un mercado que nunca ha existido, porque la tecnología no existía”. Phil Giudice, presidente ejecutivo de Ambri, una startup que desarrolla baterías innovadoras para apoyar las redes de electricidad, no se hace ilusiones acerca de la escala del desafío.

Si logra que funcione a gran escala, la batería de metal líquido de Ambri puede revolucionar la industria de energía, lo que permitirá un mayor uso de la energía eólica y solar a través del almacenamiento de electricidad para que se use cuando el sol no brille o el viento no sople.

Es el tipo de enfoque ambicioso que atrae a la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados-Energía (ARPA-E, por sus siglas en inglés), el órgano del gobierno de Estados Unidos que tiene el objetivo de apoyar el desarrollo y despliegue de tecnologías de energía “transformadoras”. Le dio al equipo de la tecnología de metal líquido un financiamiento de 7 millones de dólares en 2009. ARPA-E, que se propuso bajo el mandato de George W Bush, pero se fundó bajo el gobierno de Barack Obama, se basó en el modelo de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés), que apoya la innovación militar, con una razón de ser similar. Las dos administraciones vieron a la energía como un componente crucial para la seguridad nacional y la diplomacia internacional, y buscan mantener a EU en la vanguardia tecnológica.

“Tender un puente entre lo posible y lo imposible”

La ex directora adjunta de ARPA-E, Cheryl Martin, quien dejó el cargo recientemente, dice que su papel es identificar las ideas que pueden parecer “un poco locas” para el sector privado, pero que tienen un verdadero potencial para su comercialización. “Cuando manejas grupos de investigación como gerente de negocios, siempre te quedas sin dinero antes de que se acaben tus ideas científicas”, dice. “Nuestro papel es formar un puente entre lo imposible y lo posible, en un lugar donde (las empresas comerciales), no pueden entrar”.

Ambri, que se formó en 2010 para desarrollar y vender la tecnología que primero se concibió en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, tiene un progreso impresionante. Despliega sus primeros prototipos, y ya obtuvo su primer contrato comercial, para la base militar estadounidense de Pearl Harbor en Hawaii.

Sin embargo, al igual que más de 400 ideas que recibieron el apoyo de ARPA-E desde que empezó sus operaciones en 2009, presenta más un gran potencial, que un logro.“Nos vamos a sentir realmente bien sobre lo que logramos cuando tengamos cientos de miles de baterías en el mercado. Todavía no llegamos a eso”, dice Giudice.

Envia Systems, con sede en California, es uno de los avances de transformación que busca la agencia y que más se discuten. Su tecnología para batería parece muy prometedor, pero una batalla legal por un supuesto robo de propiedad intelectual le afectó, y su acuerdo con General Motors se cayó en 2013. Aunque estos golpes tienen la apariencia de ser fatales, Envia todavía sigue. El año pasado, recibió un financiamiento de 7 millones 700 mil dólares de la US Advanced Battery Consortium, un grupo que apoya Chrysler, Ford y GM, sin embargo, también busca aplicaciones para los electronicos de consumo y de esa manera encontrar un mercado más rápido que el de la industria automotriz.

Otra compañía de alto perfil que cuenta con el apoyo de ARPA-E es Ogin, con sede en Massachusetts, que desarrolla innovadoras turbinas eólicas usando ideas de la industria de motores aéreos. Las turbinas, que tienen una cubierta en sus hélices, buscan ser versiones más pequeñas y baratas que las convencionales. Sin embargo, Ogin todavía tiene que construir un proyecto piloto.

Un enfoque todavía más radical de la energía eólica que recibió financiamiento de ARPA-E se desarrolla en la californiana Makani. Utiliza “cometas” atados que parecen aviones a escala, cada uno cuenta con cuatro pequeñas turbinas, que se pueden mover a su alrededor para encontrar las mejores condiciones de viento. Ya es un éxito en un sentido, ya que Google, que era un inversionista, adquirió la compañía en 2013 y continuó con el desarrollo de tecnología.

Espera iniciar un proyecto piloto en Hawai este año, pero todavía está en la etapa inicial de la tecnología: Makani informa que hasta el momento sólo más de 100 horas de tiempo de vuelo genera energía. Todavía quedan muchos problemas que debe abordar, de las cuales no menos importantes son las implicaciones de seguridad por tener cometas que pesan más de una tonelada y vuelan alrededor con cables de 310 metros de largo.

ARPA-E cuenta con un fuerte apoyo bipartidista para ser un programa de la administración Obama, pero a todas las agencias de gobierno les gustaría mostrar resultados. Algunos críticos argumentan que bajo esa presión, ARPA-E redujo la búsqueda por verdaderas innovaciones para apoyar mejoras más graduales.