Mikhail Khodorkovsky : “Cuando eres libre hay muchas tentaciones”

El exempresario ruso que estuvo encarcelado durante diez años habla sobre los juicios de corrupción y su visión de renovación para su país.
“La crisis económica no decidirá nada por sí misma, a menos que la sociedad entienda que hay una alternativa”
“La crisis económica no decidirá nada por sí misma, a menos que la sociedad entienda que hay una alternativa” (Shutterstock)

Rusia

Por lo que ha vivido, quizás se le puede perdonar a Mikhail Khodorkovsky algunos placeres. Uno de ellos es un buen bistec. “En prisión no nos daban carne muy seguido”, me cuenta mientras nos sentamos en una mesa al lado de una ventana en Goodman, un restaurante especializado carnes de propiedad rusa en Mayfair en Londres.

Aunque casi con seguridad Khodorkovsky es el único cliente aquí que sobrevivió 10 años en un gulag ruso, destaca de los comensales adinerados sólo por el hecho de ser uno de los pocos que no usan traje. Incluso cuando tenía posesiones por un valor de 15 mil millones de dólares (mdd) a través de su participación en la compañía petrolera Yukos, y fue parte de la élite empresarial que asistió a Davos, Khodorkovsky, como un Richard Branson o Steve Jobs ruso, hace mucho tiempo que se alejó de la ropa formal. El suéter gris azulado del día de hoy tiene un estilo similar a los que usó por meses en sus apariciones ante los tribunales rusos durante dos prolongados juicios de alto perfil -altamente políticos- por fraude, evasión fiscal y desfalco.

Después su liberación hace exactamente un año, Khodorkovsky ahora vive en Suiza, y, como en los últimos días de Lenin o Mandela, aspira a dirigir a su país hacia la libertad, aunque sólo sea temporalmente. Mientras revisa el menú, Khodorkovsky suspira: “Cuando eres libre hay muchas tentaciones…”, sonríe.

Nació en 1963, se convirtió en líder de la Liga de la Juventud Comunista y soñó con convertirse en jefe de una fábrica soviética pero que, tan pronto como Mikhail Gorbachev lo permitió a finales de la década de los 80, se cambió a la iniciativa privada, importó computadoras y fue asesor de empresas estatales. Después fundó un banco, Menatep. Antes, en 1995 -en controvertidas licitaciones de privatización- compró la petrolera Yukos y la convirtió en la más grande de Rusia. Para inicios de la década de los 2000 era el hombre más rico de Rusia, y uno de los más ricos del mundo menores de 40 años.

Pero en febrero de 2003, en una reunión televisada en el Kremlin, desafió a Putin por la corrupción oficial. Su arresto ese mismo año marcó un importante cambio hacia el régimen autoritario más oscuro que rige hoy en día a Rusia.

Le pregunto sobre las licitaciones de “préstamos por acciones” en 1995, cuando un pequeño grupo de empresarios -los oligarcas- prestaron dinero al Estado ruso que se encontraba al borde de la quiebra y como garantía recibieron participaciones en empresas estatales. Cuando el estado no pudo pagar los préstamos, los oligarcas se vendieron a sí mismos las acciones a precios de escándalo. En la actualidad esas licitaciones son vistas, le señalo, como una especie de “pecado original” que pesa sobre las empresas rusas.

“No estoy totalmente de acuerdo”, dice Khodorkovsky. En esa época parecía, continúa, que el candidato comunista podía derrotar al presidente, Boris Yeltsin, en las elecciones, algo que habría ocasionado el fin de la iniciativa privada. Por esos riesgos, ningún inversionista extranjero estaba interesado. Así que las acciones sólo tenían el valor que los inversionistas rusos pagarían, en el caso de Khodorkovsky, alrededor de 300 mdd, por poco menos de 80% de Yukos.

Menciono que recientemente admitió errores en ese período. “Sí, hablé de errores, pero hay una gran diferencia entre errores y violaciones deliberadas de la ley”, dice.

Los esquemas de “minimización” de impuestos -vender petróleo a través de paraísos fiscales en el exterior- de Yukos que fueron la parte central de los juicios contra él los conocían las autoridades e incluso altos ministros, insiste. “En las leyes fiscales, es un crimen en la mayoría de los países si ocultas algo. Pero no ocultamos nada”.

Aprovechar la tecnología y dominar el mundo de las redes sociales que se abrió durante la década que estuvo en prisión es vital, explica, para su siguiente misión: presionar por un cambio político en Rusia. Pero, le recuerdo, en la conferencia de prensa que dio después de su liberación, en el museo del Muro de Berlín cerca de Checkpoint Charlie- dijo que no entraría a la política y que sólo realizaría actividades de la sociedad civil.

Sin embargo, desde la muerte de su madre por cáncer en agosto reinició su fundación Open Russia para apoyar programas educativos y a los candidatos “pro-europeos” en futuras elecciones, y empezó una gira de conferencias. Anunció que está dispuesto, si se lo solicitan, para convertirse en un presidente de transición. ¿Qué cambió?

“Me ofrezco como un gestor de crisis. Porque es lo que soy”.

Sin embargo, Rusia pasa por una severa crisis económica. La combinación del desplome del precio del petróleo, las sanciones económicas de occidente en respuesta a la intervención rusa en Ucrania, ayudaron a una rápida devaluación del rublo, a que creciera rápidamente la inflación y a la recesión. Algunos sugieren que Putin, a pesar de los índices de aprobación que impulsó la acción en Ucrania, puede meterse en problemas.

“La crisis económica no decidirá nada por sí misma, a menos que la sociedad entienda que hay una alternativa”, dice. “Y eso es lo que intentamos mostrarle a la gente”.

Y aunque muchos de sus compatriotas ven a Khodorkovsky como un ladrón que obtuvo su merecido, las encuestas también muestran que algunos rusos empiezan a estar de acuerdo en que su juicio fue político, y que cualquier deuda con la sociedad fue pagada.