Un mundo endeudado

A diferencia de las empresas, con los países no se puede decir con certeza cuándo está en bancarrota y hasta qué peso de deuda puede soportar cada gobierno.
Japón es el país más endeudado del mundo después de su desplome en la década de los 90.
Japón es el país más endeudado del mundo después de su desplome en la década de los 90. (Shutterstock)

Japón

La crisis financiera mundial dejó muy endeudadas a muchas economías avanzadas y emergentes, mientras los programas de austeridad a menudo frenan el crecimiento. Pero hay maneras en las que los legisladores pueden ayudar a reparar el daño.

El futuro de Jorge Grave parecía brillante cuando se graduó en 2006 con un título de educación física de la Universidad Técnica de Lisboa. Pero entonces, surgió la crisis de la zona euro y la economía de Portugal se fue al traste.

Para ahorrar dinero se crearon medidas de austeridad, las clases en las escuelas se llenaron y las horas de Grave como profesor de educación física en su natal Setúbal se redujeron a un solo día. Incapaz de sobrevivir con esa pequeña cantidad de dinero, tuvo que renunciar e iniciar un negocio de entrenamiento personal, mientras que muchos de sus antiguos colegas continuaron ganándose la vida con la enseñanza, o tuvieron que abandonar la educación definitivamente.

El año pasado Portugal salió cojeando de su programa de rescate, pero las cicatrices económicas de la crisis todavía está vivas. La ampliamente observada relación del PIB con la deuda todavía se mantiene en casi 130%, una de las más altas del mundo. Aunque los costos de créditos cayeron, ahora el país gasta más dinero simplemente para el servicio de la deuda que para todo el presupuesto de educación, lo que genera grandes consecuencias para los profesores como Grave.

El gobierno lucha duro para restaurar su credibilidad con los inversionistas, pero algunos economistas temen que las deudas del país todavía son insosteniblemente altas. El predicamento de Portugal es un claro ejemplo de un dilema de largo tiempo de la economía: ¿cuándo está en bancarrota un país? ¿En qué punto las deudas del gobierno simplemente son demasiado grandes para soportar

A diferencia de las empresas, no hay una respuesta clara para los países.

A pesar de las mayores reestructuraciones en la historia en 2012, las deudas de Grecia todavía se mantienen en alrededor de 174% del PIB, un factor que ayudó a que el partido de izquierda radical, Syriza, fuera muy popular en las encuestas con una plataforma de “perdonar la deuda” de los bancos del país ante las elecciones este mes.

“Es evidente que muchos países europeos están o se encuentran cerca de peligrosos umbrales”, dice Peter Doyle, ex funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI) que salió molesto por el manejo de la crisis en 2012. “Hay un grave problema de deuda sin resolver”.

Junto con el FMI, Financial Times diseñó una herramienta interactiva en línea basada en el modelo económico del fondo que calcula la trayectoria de deuda de un país y cómo la afecta una serie de factores como el crecimiento económico, los costos de crédito y apretar el cinturón público. Los supuestos pueden ajustarse para ver cómo las deudas pueden disminuir o aumentar. Pero no puede determinar con exactitud cuándo un país está en bancarrota.

Los economistas Michael Tomz y Mark Wright, examinaron la historia de 176 países desde 1820 hasta 2013, y contaron 248 incumplimientos de pagos de deuda externa de 107 países. Aunque algunos fueron bancarrotas estatales repetidas, pocos países tienen una historia intachable.

Las deudas brutas del gobierno de países desarrollados ahora se encuentran en un promedio de 108% del PIB, de acuerdo con el último Reporte Ginebra escrito por un panel de importantes economistas.

Difícilmente alguien pasa más tiempo en el análisis de los libros financieros de los gobiernos y calcula su sustentabilidad que el personal del FMI. Pero incluso sus expertos lo admiten, es cuando mucho, una ciencia inexacta. Operan con una regla general de que los países desarrollados deben intentar mantener sus deudas por debajo de 85% del PIB, mientras que las economías emergentes deben intentar permanecer por debajo de 70%.

Esto lo corrobora una gran cantidad de organizaciones de investigación académica. En This Time is Different (Esta vez es diferente), un recuento de la lamentable confianza de los seres humanos para pensar que las crisis financieras son algo del pasado, los profesores Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff calcularon que la relación promedio de deuda externa - PIB de países que cayeron en incumplimiento de pagos entre 1970 y 2008 fue de sólo 69.3%.

Esa relación no incluye las deudas locales. Se comprueba que estas son menos problemáticas para los gobiernos ya que simplemente pueden imprimir más dinero para cubrir esas responsabilidades, algo que a menudo conduce a la inflación pero no a un “fuerte” incumplimiento de pagos directo.

Rutas de escape

Incluso sin deslizar la moneda, las deudas locales normalmente son menos susceptibles a las crisis, ya que los ahorradores domésticos y los inversionistas están más dispuestos a financiar a sus gobiernos en un momento de angustia que los inversores extranjeros. En situaciones extremas, pueden persuadir u obligar a los ahorradores e inversionistas internos para hacerlo a través de regulaciones, un fenómeno que se conoce como “represión financiera”. El enorme fondo de ahorros locales es una de las razones por las que los países desarrollados como Japón pueden llevar cargas más grandes de deuda que las economías emergentes sin colapsarse.

El modelo interactivo de FT- FMI para la sustentabilidad de la deuda permite a los usuarios ajustar la mezcla de las deudas locales y externas para ver cómo puede afectar la vulnerabilidad de un país, así como el crecimiento, las tasas de interés, las crisis monetarias, el balance de presupuesto primario (antes de pagos de interés) y costos de endeudamiento. Sin embargo, estos números sólo son una guía para determinar cuando los países coquetean con el desastre, dice Reza Baqir, director de la división de deuda del FMI.

“Un Elemento clave es evaluar la sustentabilidad no es sólo en el nivel de deuda sino también en la estructura de la deuda”, dice. “Puedes tener una situación en donde el nivel de deuda en sí no parece demasiado alto, pero la mayor parte es a corto plazo y tiene que prorrogarse a una época difícil, lo que podría ser un riesgo significativo”.

Por otra parte, la historia nos muestra que únicamente ver las deudas del gobierno puede ser engañoso. Las deudas privadas nominales tienen una forma desagradable de convertirse en pasivos públicos en crisis severas, especialmente cuando implotan los sectores bancarios sobredimensionados y los gobiernos sienten la obligación de rescatarlos, como sucedió en Irlanda y España en la crisis de la zona euro.

Algunos economistas temen que los próximos ejemplos peligrosos de este fenómeno puedan surgir en el mundo en desarrollo. Mientras el reciente Reporte de Ginebra estimó que las economías emergentes sólo tienen un promedio de relación bruta de deuda de gobierno - PIB de 48%, al agregar al sector privado el total aumenta a 151%, incluso si se excluyen las deudas de sus bancos, y crecen rápidamente.

El fantasma del default

Caer en incumplimiento de pagos casi siempre es una decisión política. Algunos países pueden y están dispuestos a imponer de manera creíble recortes de gastos draconianos y a incrementar los impuestos para pagar sus deudas sin importar el impacto en la economía, mientras otros caerán en incumplimento de pagos tan pronto como pegue la crisis.

El profesor Rogoff dice que es probable que haya “múltiples puntos de equilibrio” para  niveles peligrosos de deuda. “En el modelo canónico, si las bases del país son lo suficientemente fuertes, y no está en riesgo de una crisis de deuda, y si las bases son lo suficientemente débiles, pasará con seguridad”, dice. “Pero hay una enorme zona gris en medio en donde un país es vulnerable a las crisis, pero necesitan que nunca pase”.

Crecimiento -la solución más simple para las deudas excesivas- no puede ser conjurado por arte de magia, y a menudo comprueba ser obstinadamente elusivo cuando es más necesario. Pero algunos países realizan escapes improbables.

Por ejemplo, Turquía que parecía condenada a caer en incumplimiento de pagos a principio de los 2000. Cada advertencia del FMI parpadeaba de color rojo, y en un momento de 2001, una subasta de deuda resultó en un costo de interés anual de 130%o, recuerda Kemal Dervis, entonces ministro de economía.

Gracias a un ágil movimiento de Dervis, un rescate masivo del FMI y una oleada de reformas anteriormente estancadas, Ankara logró salir del borde del precipicio. En unos cuantos años la economía volvió a ganar su empuje y se embarcó en un largo periodo de expansión. Pero el ex primer ministro, ahora en la Brookings Institution, admite que la dinámica economía mundial de los primeros primeros años del 2000 fue una gran ayuda para la recuperación de Turquía, un impulso con el que pocos países pueden contar ahora, especialmente en la zona euro.

A pesar de la caída de los costos de crédito, las deudas de países como Grecia, Portugal, España e Italia crecen, y la carga absorbe más ingresos a costa de los servicios públicos.

Por ahora, los inversionistas nuevamente tienen fe en los bonos de la zona euro, pero los votantes pueden eventualmente rebelarse al ver que los acreedores reclaman una mayor parte de las arcas públicas. Los votantes griegos tendrán la oportunidad de hacerlo en las elecciones a finales de este mes.

Europa

La sustentabilidad de la deuda soberana típicamente es un problema para los mercados emergentes, pero los economistas entrenan sus ojos en los países europeos con una gran deuda de la periferia de Europa.

Los costos de los préstamos cayeron a mínimos en varios años después de Mario Draghi, el gobernador del Banco Central Europeo, prometió hacer “lo que sea necesario” para mantener intacta la moneda del bloque. Sin embargo, con una inflación extremadamente baja y un crecimiento anémico, en el mejor de los casos se acumulan las preocupaciones de que las deudas de la periferia simplemente son insostenibles. Casi 10 centavos de cada euro de los ingresos que recauda Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España, ahora simplemente se van para servicio de deuda, olvídense de pagarla.

Sin una racha de crecimiento e inflación, los economistas Barry Eichengreen y Ugo Panizza señalan que para que la relación deuda - PIB se estabilice, y eventualmente caiga hacia 60% , el objetivo que tiene la Unión Europea para 2030, los países tienen que manejar superávits de presupuestos primarios, antes de pagos de interés, de entre 4% para España, y 7.2 % para Grecia.

Los economistas de Barclays temen que el problema no se contenga en el borde Europeo. En un informe del año pasado señalaron que la soft core  (parte central) de la zona euro -países como Francia, Bélgica e incluso los Países Bajos,- también enfrentan desafiantes cargas de deuda.

“La sustentabilidad de la deuda pública todavía está lejos de estar garantizada en varios países de la periferia y tal vez también en algunos países de la zona central europea, a pesar de los rendimientos históricamente bajos y la austeridad fiscal sin precedente en el pasado reciente”, dice el informe. “La relación de deuda pública todavía crece en todos los países de la zona europea, excepto en Alemania y probablemente Irlanda”.

Los políticos enfrentan el dilema de cómo enfrentar el problema. Una mayor austeridad mina el crecimiento y agrava la deuda. Impulsar el gasto tal vez puede ayudar al crecimiento, pero también eleva los niveles de deuda e intensifica las preocupaciones del mercado. La reestructuración de la deuda es difícil cuando los mayores tenedores son los bancos domésticos que pueden irse a bancarrota por un recorte lo suficientemente fuerte como para hacer una diferencia.