"Soy un destructor de monopolios", dice el fundador de Uber

El creador de Uber habla sobre su guerra contra los sindicatos de taxistas y otras regulaciones locales contra esta app para solicitar aventones. 
Travis Kalanick
Travis Kalanick (Shutterstock)

Sab Francisco

Un auto de Uber normalmente llega en cinco minutos, pero yo ya llevo 10 minutos esperando al director general de la compañía, Travis Kalanick.  Uno de los encantos de esta aplicación es ver cómo se desplaza el ícono del carrito en el mapa de la pantalla y marca los minutos que faltan para llegar hasta ti.  Pero yo no sé del paradero de mi invitado.  Escogimos el restaurante Bluestem Brasserie en el centro de San Francisco apenas esta mañana por conveniencia.  Uber tiene que ver más con gratificación instantánea que con planear a futuro, y “sentimental” no es una palabra que uno asocie con Kalanick, uno de los más polémicos de Silicon Valley.

Por fin llega a pie y me cuenta que no ha manejado su propio coche desde hace un año y que ahora sólo se mueve en Uber y que paga su traslado a pesar de dirigir la compañía.  Kalanick se viste con informalidad: suéter con cierre, playera, jeans y tenis Nike. A los 37 años es un poco mayor que el típico desarrollador de apps  y Uber no es una startup (es decir, una firma lanzada con aportaciones de diversos socios).

En 2009, Kalanick y su amigo Garrett Camp tuvieron la idea de “apretar un botón para conseguir un coche”. Desde entonces Uber, que empezó como servicio privado de limosinas para un pequeño grupo de amigos, se ha convertido en una de las compañías más atractivas y controvertidas de Silicon Valley. En diciembre de 2013, un blog de chismes de tecnología publicó que el ingreso semanal de Uber era de más de 20 millones de dólares (mdd) con 400 mil clientes activos.  La compañía no desmintió estas cifras.  El año pasado la compañía fue valuada  en más de 3 mil mdd, con una inversión de Google Ventures y de la compañía de inversión privada TPG de 258 mdd.

Esta inyección de capital, enorme aún en tiempos de ebullición la costa oeste de Estados Unidos, sirvió para que Uber extendiera su huella a 100 ciudades en los últimos seis meses. “Estamos en cuatro ciudades en China, cinco o seis en la India”, dice Kalanick. “estamos en Bogotá y en Cali en Colombia, en todos lados”.

Uno de los grandes retos de Kalanick es “la guerra contra Uber” de los taxis y también las reglas que con frecuencia impiden que los servicios de e-hailing (servicios por internet) operen libremente. Miami es una de las batallas que más tiempo han tomado a causa de las normas jurídicas, pero apenas una semana antes de nuestro almuerzo, se abrieron nuevos frentes en Berlín y Bruselas.

En Bruselas, una orden de la corte de la ciudad amenazó con multar a los conductores de Uber con 10 mil euros si se les encontraba llevando pasajeros porque la compañía no tiene los permisos necesarios. Sin embargo, Neelie Kroes, lal comisionada digital de EU criticó la decisión porque consideraba que era “loca” y “vergonzosa” y “que sólo quiere proteger a un cártel de taxis”, no a los consumidores.

A pesar de las fotos en Twitter de Kalanick de fiesta con el rapero Snoop Dogg, Kalanick dice que casi no sale ni come fuera. Como muchas compañías de tecnología, Uber tiene un comedor para sus empleados; y otros usan las apps para pedir comida. De hecho, algunas personas piensan que en un futuro, Uber podrìa expandir su servicio de taxis y absorber algunos start-ups con servicio de entregas.  Por lo pronto está probando entregas en bicicleta en Manhattan.

Amazon, que empezó como librería por internet, podría servir como modelo para Uber. Jeff Bezos, fundador y director general de Amazon, es inversionista en Uber pero Kalanick rechaza cualquier comparación. “Considero que Uber es muy diferente, no existe un modelo a seguir”, dice. “También pienso que, como emprendedor, soy una especie de lobo solitario”:

Sin embargo, muchos gobiernos locales todavía no saben cómo manejar a Uber, un “mercado” que no tiene autos y no emplea conductores, especialmente cuando en 2012, empezó a permitir que cualquiera con un auto y un buen historial de conductor pudiera ser un taxista improvisado. Las autoridades locales que se oponen a este modelo de transporte compartido tienen el respaldo de los taxistas y de sus sindicatos, quienes argumentan que Uber no tiene un seguro adecuado ni realiza una buena revisión de antecedentes.

Uber insiste que su seguro es “el mejor de su tipo” y que su revisión de antecedentes para los conductores  “es uno de los más estrictos de la industria”.

La respuesta de Kalanick a cualquier enfrentamiento legal siempre ha sido altiva. A pesar de los reglamentos de Bruselas y Berlín, el servicio sigue funcionando, dice con orgullo. “Soy por naturaleza un destructor de monopolios”, dice sobre su misión para acabar con las mafias de taxistas. “Esa es la mejor manera de explicarlo”.

Muchos no lo llamarían así. Lo describen como un ultra capitalista, entre otras cosas porque Uber duplica o triplica sus tarifas en las horas pico y durante el mal tiempo.  Él dice que lo hace para que haya más conductores circulando cuando son necesarios y no sólo para ordeñar a los pasajeros desesperados.

Kalanick se quita el suéter y deja ver una playera roja con un logo de Super Mario. Dice que no ha jugado videojuegos desde que se convirtió en director de Uber, pero es fan de juegos de carreras como Mario Kart, tenis Wii de Nintendo y Angry Birds. “En su momento, llegué a ser el número siete en el país de Angry Birds”.

Su cabello encanecido deja entrever que Kalanick no siempre ha estado en la cima. Creció en un suburbio de Los Angeles, abandonó la UCLA en 1998 para unirse a Scour, una start-up. Esta empresa proto Napster que ofrecía un servicio para compartir archivos terminó mal, con demandas legales por parte de compañías de medios. En 2001 se llevó a varios ingenieros de Scour para formar Red Swoosh, una aplicación más legítima para intercambio de información. En 2007 la vendieron por 15 mdd. Para los estándares de Silicon Valley esto fue casi un fracaso, pero le dejó suficiente dinero a Kalanick para invertir en otros start-ups, incluyendo Uber. “En mi última empresa, donde no recibí salario durante los primeros cuatro años, aprendí la lección de empezar demasiado pronto. Fue muy duro. Con eso aprendí a considerar los tiempos”.

El rápido crecimiento de Uber (20% mensual) se debe en buena parte al crecimiento del mercado de smartphones. Después de los experimentos de Google con autos que se conducen solos, su inversión en Uber el año pasado provocó visiones de taxis robóticos. Kalanick dice que ha viajado en uno de los autos de Google. “Es hermoso, por Dios”. Pero la tecnología “tiene un largo camino que recorrer”.

Tim Bradshaw es el corresponsal de FT en San Francisco