Cómo medir el éxito de la Reforma Energética

Energéticos más baratos, mayores inversiones y empleos serán la medida del éxito de la reforma energética.
La promulgación de las leyes secundarias se realizó el 11 de agosto de 2014.
La promulgación de las leyes secundarias se realizó el 11 de agosto de 2014. (Cortesía: Presidencia de la República)

Londres

Existe una manera muy sencilla de medir el éxito de la reforma energética de México a la fecha: sólo hay que considerar el número de compañías privadas que están considerando invertir mil millones de dólares.

Para nombrar sólo tres: Pacific Rubiales, con sede en Canadá, dice que tiene mil millones de dólares para gastar en México.  El nuevo chico de la cuadra, Sierra Oil & Gas empezó con 525 millones pero tiene la opción de duplicar su inversión. Y Alfa, una compañía con experiencia en shale (esquisto) en Texas, espera salir a la bolsa este año para juntar mil millones de dólares para invertir en proyectos energéticos en el país.

Sami Iskander,  director de operaciones de BG Group, era un gran escéptico de los prospectos de la tan anunciada reforma del sector energético de México que desde la nacionalización de 1938 estaba atada al estado. Ahora es un converso.

“Tendrá sus altibajos. Pero será absolutamente fantástica”, declaró a Financial Times en una conferencia reciente sobre energía en donde se podía palpar el entusiasmo de los directivos de todo el mundo en torno a la liberalización.

Es evidente que México, el tercer productor de petróleo en América y poseedor de la sexta reserva técnicamente recuperable de shale en el mundo, ya no podía seguir sin el cambio de juego que promulgó el presidente Enrique Peña NIeto con sus reformas en agosto de este año.

Petróleos Mexicanos, o Pemex, la obesa estatal que está perdiendo un monopolio de 76 años con la apertura a la inversión privada y a la competencia, estaba abrumada por el peso de la carga de las pensiones de casi 1.2 millones de millones de pesos y con una producción en declive imparable.

Activos como Cantarell, el enorme campo que cambió la suerte petrolera de México cuando se descubrió en 1976, se agotan, y el impacto es cada vez mayor: a pesar de la creciente inversión de los últimos años, la producción de México, que ha disminuido en más de un millón de barriles al día durante la última década, cayó 4.3 % en el último trimestre, en relación al año pasado.

En pocas palabras, el viejo modelo, dice Peña Nieto, estaba “gastado”.

México tiene tanto que ofrecer: riqueza en aguas profundas, un enorme potencial de shale y muchos prospectos en la costa y en aguas someras, todas ya listas para el uso de nuevas tecnologías. Pero todo eso estaba fuera del alcance para el sector privado.

Es crucial para la rentabilidad de Pemex destrabar ese potencial, y también es crucial para poner a México en el corazón de un futuro mercado de energéticos integrado en América del Norte con Estados Unidos y Canadá.

El éxito de la reforma dependerá de que logre aumentar la competitividad del sector manufacturero de exportaciones de México mediante el recorte de los precios de la electricidad que son 84% más altos que para las industrias de Estados Unidos.

A pesar de tener sus propias reservas, México ha tenido que depender de las importaciones de gas barato. Y debido a que los gasoductos son inadecuados, ha tenido que generar una quinta parte de su electricidad con combustible caro y contaminante. Los primeros resultados de la reforma vendrán, irónicamente, no de una mayor producción de gas, sino de mayores importaciones de EU una vez que se mejore la infraestructura.

Una cosa queda clara: el gobierno apuesta por la reforma energética para sacar a México de tres décadas de bajo crecimiento económico.

La mayor recompensa, en un país en donde 53 millones de personas , o casi la mitad de la población, vive en condiciones de pobreza, será el que se genere una mayor riqueza para recortar la diferencia entre aquellos que tienen y los que no.

El país dispuso un fondo soberano de inversión, manejado por el banco central, para administrar el influjo de las riquezas del petróleo: una parte irá a la educación, la infraestructura y las pensiones. El restante se guardará para alguna emergencia.

La reforma generó más expectativas por los sectores del petróleo y el gas, pero las reformas en el sector eléctrico podrían traer resultados antes para la población en general. La liberalización de la electricidad, según promete el gobierno, llevará a precios más bajos dentro de los próximos dos años. La gente también podría tener de donde escoger su  gasolina.  

Los ojos están ahora puestos en el gobierno, que aún escribe las letras pequeñas del marco de la nueva reforma y los procesos que empezarán el próximo año, empezando con los campos de aguas someras, después con el petróleo extra pesado, después los activos no convencionales, yacimientos costeros y finalmente los prospectos fuera de la costa.

Aún con la caída de los precios internacionales, hay prisa por que empiece el proceso.

Rodrigo Medina, gobernador de Nuevo León, dice que ha mantenido “serias conversaciones” con más de 110 compañías que buscan establecer operaciones en Monterrey, la capital de los negocios de México. “Vamos a ser el Houston de Mèxico”, sonríe.

Pemex y la compañía de electricidad estatal CFE tienen nuevas juntas directivas y órdenes claras y nuevas de desechar las viejas prácticas burocráticas y seguir el objetivo de maximizar su valor como “empresas productivas del estado”.

La Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) por su parte, ha expandido su personal en preparación para las rondas de licitación. Está consciente de la tarea monumental que le espera. “Pueden dar por sentado que nuestro propósito principal es fomentar la competencia”, asegura su presidente Juan Carlos Zepeda a los inversionistas.

México se ha ganado elogios de la industria porque ha aprendido de otros países, como el no imponer un régimen de contenidos nacionales muy estricto, como sucedió en Brasil.

La CNH quiere claridad, igualdad de condiciones, y ante todo previsibilidad para fomentar la confianza entre los inversionistas. “No estamos manejando Google”, dice Zepeda. “No estamos buscando que nuestra gente sea creativa”.

En total, México pretende ofrecer 169 bloques en la primera ronda de subastas del próximo año, aunque algunas pueden venir en paquete. Es un reto impresionantemente grande para los reguladores y para el gobierno, que tiene que reunir y presentar información sísmica y geológica de Pemex para todos los posibles clientes.

Alfredo Martí, director ejecutivo de Riverstone, uno de los más grandes fondos de capital privado en energéticos ha elogiado el hecho de que el gobierno sea tan meticuloso, de hecho, su fondo ya ha invertido en Sierra Oil & Gas. Sin embargo, advierte: “Puede haber cuellos de botella en los procesos de regulación y de permisos… Siempre existe el riesgo de que haya imperfecciones no intencionales que necesitan afinarse con el paso del tiempo. Las primeras y segundas rondas de licencias nunca son perfectas”:

Las mismas compañías ya están haciendo cuentas. México ha dejado bien claro que otorgará al mejor postor las nuevas licencias y contratos de producción conjunta y ganancias conjuntas.

Pero puede suceder como señala Mark Albers, vicepresidente senior de Exxon Mobil, que las posibilidades de encontrar petróleo en las aguas profundas del Golfo de México sean sólo una de tres, lo que significa que las compañías que hagan ofertas demasiado altas sufran grandes pérdidas si sus pozos resultan ser de los dos de tres que típicamente están secos.

Además, si sigue cayendo el precio del petróleo, los prospectos de venta de shale de México podrían ser poco atractivos. Melissa Stark, directora general global de de nuevas energías en la consultoría Accenture, señala que las compañías necesitarán precios por encima de los 80 dólares para que el shale mexicano sea redituable en primera instancia.

“Si se va a trabajar con shale, va a ser necesario un gran esfuerzo por parte del gobierno mexicano e incentivos específicos”, señala.

Además de la exploración en aguas profundas o la difícil extracción de esquisto, muchos caminos se abren para México. Mejores técnicas de recuperación de petróleo pueden exprimir los campos que empiezan a secarse. La excavación horizontal, que se usa poco en México, puede utilizarse para que los campos convencionales rindan más.

Existen en el país muchas instalaciones petroleras que se cerraron hace varias décadas cuando los precios del petróleo cayeron a menos de 20 dólares, señala un abogado que asesora a una compañía de energéticos en México. En algunos casos, explica, “se cerraron los ductos y cuando se abrieron las llaves, el petróleo salía a borbotones, y los ingenieros de Pemex dicen que el país está lleno de estos,”

Las compañías privadas podrán formar empresas conjuntas con Pemex o podrán invertir solas o junto con otros socios nacionales o internacionales. Los grandes consorcios mexicanos, como el Grupo Carso de Carlos Slim y la minera Grupo México están dispuestos a participar y varios bancos ya anunciaron fondos de energéticos.

Una de las mayores dificultades será encontrar el talento adecuado. “Al igual que en Estados Unidos, México no tiene suficientes ingenieros petroleros para cubrir la demanda”, dice Bruce Peterson, director general en Houston de Korn Ferry, la firma de reclutamiento ejecutivo.

Pedro Joaquín Coldwell, el secretario de Energía de México, considera que “hay un antes y un después de la reforma energética” en términos de las fortunas del país.

Ya todo está listo para empezar, pero la pregunta del millón es: ¿Qué tan rápido se verá el avance de las reformas? “Tenemos que hacerlo”, apremia Iskander. “México necesita velocidad”.