El tambaleante regreso de Clinton a la Casa Blanca

Los demócratas no deberían confiarse en su liberalismo social pues ante el desencanto de la actual administración, difícilmente podría repetirse el ‘efecto Obama’ de elecciones pasadas.
Las señales hasta el momento son engañosamente optimistas. La energía de la izquiera proviene básicamente de sus victorias sociales.
Las señales hasta el momento son engañosamente optimistas. La energía de la izquiera proviene básicamente de sus victorias sociales. (Shutterstock)

Estados Unidos

La opinión general que se tiene de la política de EU es que los republicanos tienen el control del Congreso mientras que los demócratas tienen la ventaja en el interior de la Casa Blanca. La victoria republicana del mes pasado reforzó esta teoría. Los conservadores salieron a votar en las elecciones de medio término mientras que los liberales hibernaban.

Con el glamour de 2016, regresarán a votar los hispanos, los millennial, las mujeres solteras y los afroamericanos. Todo lo que tiene que hacer Hillary Clinton, o quien sea que reciba el apoyo demócrata, es encontrar las cajas correctas y la demografía arreglará lo demás.

Al menos esa es la visión de la izquierda de EU. También es una muestra de su pobreza intelectual.  Sea lo que sea que estén fumando los liberales, no sirve de estimulante para nuevas ideas. La definición de destino que tiene la izquierda está basada en la transformación que se espera en los EU en los próximos 30 años es la de ser un país de mayorías que pasa a ser uno de minorías. Con la disminución del voto blanco, cada vez será más complicado para los republicanos ganar la carrera presidencial. Por ahora, se puede dar por sentado que los republicanos ofenderán a las minorías, especialmente a los hispanos, pero los demócratas no tienen nada nuevo que decir sobre el futuro de las clases medias de EU, independientemente de su grupo étnico.

Al carecer de un proyecto económico creíble, la izquierda de EU se arriesga a ser una mera coalición arcoiris. Este es el peligro que enfrenta la candidatura de la señora Clinton. Es posible, y tal vez muy probable, que los republicanos escojan un candidato que haya marginado a tantos estadounidenses que no pueda competir en una elección general. También puede ser que la señora Clinton busque demasiado  a las mujeres, hispanos, y demás y, en consecuencia, las matemáticas de su campaña fracasen a menos de que la señora Clinton encuentre una historia positiva que involucre a las clases medias de EU.

Las señales hasta el momento son engañosamente optimistas. La energía de la izquierda proviene básicamente de sus victorias sociales. Durante la última década, EU ha pasado de ser un país relativamente intolerante con los homosexuales, a ser uno de los más progresistas del mundo. Es raro que pase un mes sin que un nuevo estado legalice el matrimonio entre homosexuales. Esta es una muy buena historia que nos deja ver qué tan rápido se pueden derribar prejuicios cuando la actitud general llega a cierto punto.

Lo mismo sucede con la legalización de la marihuana. Una de las esperanzas para la izquierda era la aprobación de tres iniciativas sobre el uso recreacional de la marihuana en Alaska, Oregon, D.C., Colorado y Washington, estados que ya habían abierto el camino. Otras entidades, incluyendo California, Maine y Arizona están buscando las mismas opciones para 2016. Por primera vez, la mayoría de los estadounidenses apoyan la legalización de la marihuana, según estudios de Pew Research.

La red de contribuidores a la campaña de la señora Clinton se encuentran cómodos con el liberalismo social. El reto de la señora Clinton será el de empatar las prioridades de sus donantes, como Wall Street o Silicon Valley, con las de la creciente masa de jóvenes votantes cada vez más apolíticos. A una buena porción de los millennials les gusta la marihuana, muchos son homosexuales y no son blancos, pero eso no los convierte automáticamente en demócratas. Los desempleados quieren trabajo. Los que tienen trabajo quieren un aumento salarial. Lo único de lo que se acordarán la mayoría es de los ocho años de austeridad durante el gobierno del presidente Barack Obama.

La señora Clinton se enfrenta a dos problemas para encender su pasión. Primero, que Obama perdió la fe de la base liberal. Mucho de lo que queda es para Elizabeth Warren, la senadora de Massachusetts, quien insiste en que no está interesada en competir con Hillary Clinton.

El mensaje de la señora Warren es anti Wall Street. Tiene resonancia entre las bases del partido y seguramente entre muchos de sus consumidores de hierba.  Su populismo deja a la señora Clinton con las manos atadas. Sería muy complicado retomar el discurso de la señora Warren sin dejar fuera a sus seguidores financieros. Por otra parte,  tiene que encontrar una nueva generación de consejeros económicos.

En algún momento de la crisis, Obama buscó a los gurús de la presidencia de Bill Clinton, como a Robert Rubin, el secretario del Tesoro que mantuvo su puesto durante más tiempo durante aquel gobierno. La señora Clinton necesitará nuevas ideas y nuevas caras. ¿Quiénes serán y qué le aconsejarán? Eso aún está en el aire.

En segundo lugar, la señora Clinton se enfrenta a la noción de que el total demócrata es en general menor a la suma de las partes. Al parecer los republicanos se están volviendo monocromáticos, los blancos son una parte cada vez más pequeña de la población de EU y una parte más grande del partido republicano. Pero eso hace que sean más fáciles de manejar. Es más fácil dirigir un mensaje a un grupo que a muchos. Obama resolvió ese problema en 2008 con un atractivo que se da una vez en una generación para muchos segmentos de EU. Pero va a ser difícil repetir el efecto.

Tal como están las cosas, la coalición que pueda llevar a la señora Clinton a la meta muy probablemente será el resultado de un calculado proceso de adición.  En política, el ganar es básicamente una idea. Ante la ausencia de nuevas ideas, el puente de la señora Clinton a la Casa Blanca se ve tambaleante.