Made in USA: una mera ilusión

Aunque el empleo en el sector manufacturero ha repuntado en Estados Unidos, está lejos de un resurgimiento. 
El presidente Barack Obama, y el gerente de planta de General Electric, Kevin Sharkey, visitan una fábrica de turbinas en Nueva York.
El presidente Barack Obama, y el gerente de planta de General Electric, Kevin Sharkey, visitan una fábrica de turbinas en Nueva York. (Reuters)

Estados Unidos

La industria manufacturera todavía ejerce un poderoso arrastre sentimental, incluso a estas alturas de la era de la información, y el presidente Barack Obama es tan susceptible como cualquiera.

“Una de mis principales prioridades será continuar desarrollando la manufactura”, dijo en junio ante una audiencia en la alguna vez grandiosa ciudad industrial de Pittsburgh. “Quiero que estés seguro de que si trabajas duro en este país, si tienes una buena idea, si estás dispuesto a poner todo tu esfuerzo, puedas lograr el éxito en Estados Unidos y vivir el sueño americano”.

Su entusiasmo es comprensible. La pérdida de empleos en la industria manufacturera en lugares como Pittsburgh es uno de los factores detrás del “agotamiento” de la clase media norteamericana, el aumento de la desigualdad y el estancamiento de los ingresos de la clase media. El resurgimiento de la manufactura de EU naturalmente aumenta las esperanzas de que esas tendencias puedan revertirse.

Sin embargo, los datos de empleo publicados el viernes 5 de septiembre, fueron un útil recordatorio de los límites de esa ambición. El empleo en manufactura aumentó en 168 mil en el año hasta agosto, pero está muy lejos de ser el motor del crecimiento de empleos de la recuperación. Desde que el empleo empezó a crecer a inicios de 2010, el sector privado estadounidense ha creado alrededor de 10 millones de nuevos puestos de trabajo. Solamente 705 mil fueron en manufactura. Por cada empleo creado en las fábricas, se crearon dos en hoteles y restaurantes y dos en asistencia social y servicios de salud.

La visión del presidente Obama sobre el florecimiento de la innovación manufacturera y el espíritu emprendedor es seductora porque hay un halo de verdad en ello. De hecho, la industria está en un repunte, aunque es más un rebote que un renacimiento. La producción de la manufactura estadounidense en julio fue 1.5% más alta que al inicio de la recesión a finales de 2007, la que se compara con la disminución durante el mismo periodo de 1% en Alemania, 8% en el Reino Unido, 16% en Francia y 17% en Japón.

Como detalló el Boston Consulting Group, que la productividad haya crecido más rápido en EU que en otras grandes economías desarrolladas, pero el de los salarios sigue siendo moderado, ha logrado que sea un lugar atractivo para las inversiones manufactureras. El boom del shale, que ha reducido el costo del gas natural y de la electricidad, han reforzado esa ventaja.

Aunque sin lugar a dudas esas tendencias son alentadoras, es importante mantenerlas en perspectiva. La manufactura era 12.3% del PIB de EU en el primer trimestre del año; mayor que en el punto más bajo de la recesión, pero menor que en el periodo previo a ella.

Mientras algunas industrias claramente están regresando con fuerza, particularmente la de los petroquímicos y otros sectores que dependen de energía barata, la evidencia de las otras es más vacilante. Existen más dudas en las perspectivas de empleo en la manufactura que en la producción. El mismo aumento de productividad que está impulsando un regreso de la industria manufacturera estadounidense significa que no crearán muchos empleos.

Al observar un encabezado reciente de una historia de éxito de una fábrica en Estados Unidos, esta fue la decisión de SolarCity, la empresa de energía solar en los tejados respaldada por Elon Musk, de construir una fábrica de paneles fotovoltaicos en el estado de Nueva York. Una de las razones de que esto se lograra fue que la automatización hacía posible operarla con menos trabajadores que en las fábricas en Asia que producen la mayor parte de los paneles del mundo.

En un estudio de “reshoring” (cuando las operaciones de los negocios regresan a su país de origen), publicado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), se encontró que ha habido más pláticas sobre regresar el empleo a Estados Unidos que acciones. El estancamiento de los ingresos de una gran parte de los norteamericanos es un problema profundamente arraigado que no será fácil resolver, aunque los sistemas de impuestos y regulatorios alienten la innovación y la inversión; la educación y la capacitación que proveen las habilidades que necesita la economía, ayudarían.

Confiar en el resurgimiento de la manufactura puede que no sea la solución, sea cual sea su atractivo emocional.