Las decisiones de Obama en Siria van de mal en peor

El líder más poderoso del mundo tiene un punto ciego sobre el ejercicio del poder.

Estados Unidos

Barack Obama tiene mucho de abogado y muy poco de líder. Leon Panetta, el ex secretario de defensa de EU, tiene un libro de memorias que vender, pero la verdad, su crítica sobre el presidente pisa terreno conocido. Funcionarios de la administración, en servicio o retirados, han murmurado por mucho tiempo sobre la excesiva precaución en la Casa Blanca de Obama. Para lo que vale, los aliados de Estados Unidos se quejan de lo mismo. A menudo tienen un punto. También el presidente.

A primera vista, el sitio en la población fronteriza siria de Kobani por el autoproclamado califato le ha dado más armas a los críticos. Hace solamente un par de semanas, Obama declaró, después de varias vacilaciones prolongadas, que la coalición liderada por EU degradaría y al final destruiría al Estado Islámico de Irak y el Levante, o Isis. Ahora los extremistas sunitas están amenazando con tomar el control de una franja del territorio en la frontera de Siria con Turquía.

Estados Unidos no está recibiendo ayuda de Turquía, normalmente su aliado. Ankara es, en lo mejor de los casos, ambivalente sobre el destino de los kurdos en Kobani. Recep Tayyip Erdogan, el presidente turco, señala su cercana asociación con el partido de los Trabajadores de Kurdistán, o PKK. Desde su punto de vista, esto los convierte en terroristas. Parece estar contento de verlos cercados por yihadistas sunitas.

El objetivo estratégico general de Erdogan es usar la grave situación de Kobani como una palanca para llevar a las fuerzas estadounidenses a una guerra civil en Siria: el apoyo de Ankara para la coalición en contra de Isis se ha condicionado al acuerdo de Obama de desplegar a las fuerzas estadounidenses contra el régimen de Bashar al-Assad en Damasco. Además, Turquía atacará a Isis solamente si EU promete combatir a Assad. La supuesta “tercera” fuerza en Siria -la oposición moderada- es solamente un filamento de esperanza de la imaginación de occidente.

Así que a EU se le pide combatir en los dos lados de la guerra civil en Siria. Incluso para los estándares extravagantes del Medio Oriente, esta parece una extraña propuesta.

La posición de Erdogan es totalmente cínica, pero ahora la región se divide en dos líneas generales, entre los aliados a los que EU considera sus adversarios y a los que considera poco fiables (o hipócritas). El apoyo para los objetivos de Washington, incluso dentro de la coalición formal ensamblada contra Isis es limitado y condicionado.  Arabia Saudita y sus aliados del Golfo están dispuestos a limitar a los extremistas sunitas a los que previamente han nutrido, solamente si con esto no se le da poder a los aliados chiítas de Irán en Iraq y Siria.

La excusa de todos es Washington. Hacer que Estados Unidos entre a la pelea les permite a los supuestos aliados evitar asumir sus propias responsabilidades en la región y ocultar diversas hipocresías y  contradicciones. Consigue que Obama empiece a desplegar sus tropas y pronto todo el mundo culpará  a EU por el violento caos en que se ha convertido la historia en el Medio Oriente.

Por supuesto, algunos dicen que se debe de culpar a Obama. La terrible vacilación llegó cuando se resistieron a usar la fuerza militar para derrocar a Assad. Al desplegar y después retroceder de la línea roja sobre el uso de armamento químico, el presidente socavó de manera decisiva la capacidad de EU para influir en los acontecimientos.

Bueno, tal vez. Es posible que se hubiera podido derrocar a Assad, Siria habría caído en las manos de los ahora invisibles moderados. Al menos es plausible, sin embargo, también lo es que los yihadistas de Isis y Jabhat al-Nusra habrían marchado hacia Damasco. Sin duda eso a su vez habría creado llamados para que Obama volviera a desplegar a las fuerzas en Siria que retiró de Irak.

La cautela del presidente en parte es una reacción por los errores de su predecesor. Cualquier cosa que se piense de la época de las guerras en Irak y Afganistán, una de las lecciones más obvias de los conflictos fue que el éxito militar en el inicio sustituye a una estrategia. Lo que George W Bush, el ex presidente de EU, había planeado como una demostración de choque y temor del poder de EU, al final sirvió para presentar una dolorosa lección de sus límites.

Obama tiene una visión inteligente del lugar de Estados Unidos en el mundo. Tal vez hubo una época -durante el breve receso cuando los franceses arremetieron contra la “hyperpuissance” y los comentaristas contaron los portaaviones de la Marina estadounidense- cuando EU podía hacer lo que quisiera.