Un futuro oscuro le depara a Obama

Si los republicanos logran controlar el Senado en las próximas elecciones de noviembre, las cosas pueden ponerse mucho peores para el presidente estadounidense. 
Edward Luce. Comentarista político y columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Times sobre economía y política exterior de Estados Unidos.
Edward Luce. Comentarista político y columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Times sobre economía y política exterior de Estados Unidos. (Cortesía)

Estados Unidos

Las elecciones de medio término en Estados Unidos son casi siempre muy importantes.  En 2006, los demócratas arrasaron en las urnas y con esto se acabó el sol para George W. Bush a la mitad de su mandato y, además, el camino quedó listo para que un demócrata llegara a la Casa Blanca dos años después.  En 2010, el surgimiento del Tea Party detuvo el tren legislativo del presidente Barack Obama en sus propios rieles.  Y desde entonces no se ha movido. En esta ocasión, a tan sólo ocho semanas para las elecciones, no se ven olas en ninguna dirección.  Obama está apostando todo para mantener el control demócrata en el Senado, pero su partido no tiene ni la menor oportunidad de ganar la Casa de Representantes. A lo más que puede aspirar, por lo tanto, es a mantener el control en Washington otros dos años.

Sin embargo, para Obama las cosas podrían ponerse peor si los republicanos ganan los seis asientos que se necesitan para controlar el Senado. Nate Silver, el famoso procesador de datos, maneja un 64% de posibilidades de que eso suceda.  Un Senado republicano daría a los conservadores el control total del Capitolio y la posibilidad de repudiar la ley sobre salud, implementar recortes presupuestales para sus programas más queridos y en general, desbaratar su legado.  Obviamente, el presidente Obama puede vetar lo que quiera. Pero los activistas del Tea Party han estado esperando este momento durante años.  Si las cosas salen así, y yo casi creo que así será, es difícil imaginar que los líderes del partido se abstengan de algo.

Obama enfrenta tres grandes desafíos.  Primero, no hay mucho que pueda hacer para ayudar a los demócratas, pero sí mucho para dañarlos. Ninguno de sus compañeros quiere que aparezca con ellos en el podio. Los candidatos que se enfrentan a elecciones muy cerradas en Luisiana, Arkansas, Alaska y Carolina del Norte se han manejado sin su presencia y continúan ignorándolo.

Los índices de aprobación de Obama son demasiado tóxicos.  Los republicanos quieren que la elección se tome como un referéndum de su gobierno.  Los demócratas que están en peligro, como Mary Landrieu de la extremadamente conservadora Luisiana, e inclusive, Al Franken de la relativamente liberal Minnesota quieren el dinero de Obama pero no su oratoria.  Mientras menos visible esté Obama, su partido tiene más probabilidades de mantener el control.

Esta lógica está afectando sus planes para el otoño.  Obama esperaba lanzar una orden para detener drásticamente la deportación de inmigrantes indocumentados. Con esto, habría podido resaltar la intransigencia republicana en cuanto a la reforma migratoria y habría mejorado su posición entre los hispanos. Sin embargo, algunos demócratas negociaron con la Casa Blanca para esperar a que pasen las elecciones.

Segundo, los eventos no están ayudando a los demócratas.  Las cifras relativamente tibias sobre el aumento de trabajo que se presentaron el viernes 5 de septiembre podrían ser la excepción en  un año en el que se han creado 200 mil empleos al mes.  Pero la mayoría de los estadounidenses no lo percibe.  En 49 de los últimos 50 meses, el número de personas que abandonan la fuerza laboral sobrepasa el número de empleos creados. Una encuesta de Pew muestra que 56% de los estadounidenses dice que su estándar de vida está cayendo (están en lo cierto). Tres veces más estadounidenses (24%) piensan que la economía de EU se está encogiendo, en comparación con los que creen que “está creciendo fuertemente” (8%).El crecimiento agregado poco ayuda en las casillas cuando el ingreso de la mayoría de los votantes sigue cayendo.

La crisis global tampoco ayuda. Menos de 4 de 10 personas aprueban la política exterior de Obama. Están viendo el resurgimiento de Rusia, una China en ebullición, un Medio Oriente con grandes problemas y con inclinación por decapitar a periodistas estadounidenses, y entonces se preocupan.  En muy pocas ocasiones la polìtica exterior ha afectado las elecciones para el Congreso. En 2006, los demócratas aprovecharon la impopularidad de la guerra de Irak para sacar a los republicanos.  En 2014, el caos global podría contribuir a que los republicanos presenten una  imagen de debilidad e ineptitud de Obama. A tan sólo 12 días legislativos antes del receso en el Congreso para las elecciones, los republicanos pretenden hablar mucho de esto en lo referente a el estado islámico en Irak y Siria. Cada vez más votantes están prestando atención.

Tercero, incluso si Obama obtiene lo que busca, un senado demócrata, todo quedará en más de lo mismo. Lo único que puede esperar Obama es que pueda usar los siguientes dos años para preparar el camino para que un demócrata lo sustituya en 2016. Tal vez Hillary Clinton podría tener más suerte con la agenda totalmente hipotética de Obama. Seguramente ella tendría una mayor aceptación que Obama.

Considerando las leyes que han pasado, este Congreso número 113 ha sido el menos productivo desde el siglo 19, según un politólogo que  revisó hasta el Congreso número 9 (entre 1805 y 1807) durante la presidencia de Tomás Jefferson.  Este es el resultado de los desacuerdos entre los partidos políticos.  Obama esperaba tanto más.  Ahora sólo espera la opción menos mala.