Alguien tiene que limpiar los casilleros de la NFL

La liga de futbol americano contrata a un nuevo encargado de recursos humanos para eliminar las prácticas de abusos laborales y discriminación. 
Alguien tiene que limpiar los casilleros de la NFL
Alguien tiene que limpiar los casilleros de la NFL (Shutterstock)

Estados Unidos

Aunque se habla con mucha facilidad  sobre la importancia de reparar las culturas disfuncionales, el reto es uno de los más grandes que enfrentan los administradores.  A pesar de que al igual que en el mito de Sísifo, la labor es ingrata, la NFL se encuentra ya al pie de la colina con una gran urgencia de empezar.

La mayor parte de la gente llega a su trabajo bajo el entendido de que el abuso, la homofobia y el racismo son inaceptables. Aparentemente no sucede así en los vestidores del deporte más popular de Estados Unidos. Después de una serie de escándalos de gran impacto, la NFL, que supervisa el futbol americano profesional, ha tenido que enviar a jugadores retirados como embajadores a los 32 equipos de la liga para encontrar, junto con los equipos, los entrenadores y los managers, la manera de eliminar esas faltas fundamentales de respeto y civismo.

También se tiene que educar a las estrellas, jóvenes y talentosas para que se den cuenta de que lo que consideran una extensión glamorosa del campo de juego es el equivalente a una fábrica o a una oficina. Robert Gulliver, principal encargado de recursos humanos de la NFL me explicaba la semana pasada en la víspera del inicio de temporada: “El futbol americano es especial e importante, pero es un lugar de trabajo y tenemos que comprender que existen ciertas reglas de conducta en un trabajo”:

A pesar de las diferencias de escala en el reto que enfrenta Gulliver, salen de aquí lecciones para otras compañías. El hecho de que él llegara a la NFL directamente de Wells Fargo, el grupo financiero, que también necesita una enorme remodelación de su cultura, sólo subraya este punto.

El escándalo más comentado  la temporada pasada es el del supuesto abuso al jugador de los Delfines de Miami, Jonathan Martin, así como a otro jugador y a un entrenador, que permanecen en el anonimato, por parte de tres jugadores del equipo, Richie Incognito, John Jerry y Mike Pouncey.  El reporte que presentó una firma de abogados a la NFL encuentra que el maltrato “ofensivo e inaceptable” que sufrió Jonathan Martin puede calificarse de abuso laboral.  A pesar de haber considerado una serie de comportamientos preocupantes que incluyen un crudo racismo y dejos de homofobia, el reporte se limitó a solicitar a la liga que proponga “un nuevo reglamento de conducta en el lugar de trabajo y lineamientos que promuevan el respeto entre los jugadores como profesionales y como personas”.

El problema es que las reglas y los lineamientos nunca son suficientes.

Las políticas son estáticas. Las organizaciones no pueden actualizarlas con la suficiente frecuencia como para mantenerse a la par de los hábitos de los medios sociales. Incluso en los entrenamientos, que son indispensables, algo puede salir mal si los managers no dan el mensaje adecuado a su equipo, o éste lo interpreta de diferente forma.  Lo que es peor, señala un reporte sobre el maltrato en los lugares de trabajo británicos, los administradores son “responsables de la mayor parte del abuso irracional y constituyen la principal fuente de falta de civismo y respeto”.

Uno de los coautores de este reporte, Duncan Lewis de la Escuela de Administración de la Universidad de Plymouth, dice que es muy difícil cambiar los ambientes machistas de trabajo duro y juego duro que se dan en las compañías de las industrias de la vieja escuela, en las fuerzas armadas o en los centros deportivos. Se tienen que tomar en cuenta diferentes enfoques, La solución informal de problemas y la relación entre el comportamiento y la promoción y los bonos son tan valiosos como las reglas. Las organizaciones también tienen que medir los avances mediante encuestas y monitoreo de ausencias (frecuentemente a causa del estrés en el trabajo), y aclarar cuánta gente abandona el trabajo y porqué.

Es más fácil hablar de cambios que hacerlos. El reporte del caso de Martin, quien se resistió al abuso y dejó a los Delfines, es uno de los más detallados , y públicos que se hayan hecho sobre las causas de una salida. Los 49s de San Francisco lo contrataron este año. ¿Pero cuántos empleados estarán dispuestos a poner en peligro sus referencias para conseguir otro trabajo si acusan a su empleador de promover un ambiente de trabajo tóxico?

La NFL depende, como regulador y por las compañías que supervisa, de los clubes y sus dueños.  Y esto afectará lo que pueda lograr en su programa de cambio. Martin supone que los supuestos agresores, que ignoraron o negaron los puntos del reporte, volverán a jugar (aunque ningún club ha tomado a Incógnito).

Gulliver no marca paralelismos precisos entre futbol y finanzas pero señala que en ambos casos el proceso para el cambio cultural nunca termina.  Así es que si estás al pie de la montaña, preocupado por el difícil ascenso, recuerda que lo peor que puedes hacer es demorar la salida.