Empresas sociales, el nuevo proyecto de Muhammad Yunus, padre de los microcréditos

El padre de los microcréditos como estrategia para combatir la pobreza ahora está promoviendo los negocios sociales, aquellos cuyo objetivo principal es generar empleos. 
“Constantemente, uno está bajo ataque. Te despiertas en la mañana y hasta miedo tienes de abrir el periódico”
“Constantemente, uno está bajo ataque. Te despiertas en la mañana y hasta miedo tienes de abrir el periódico” (Shutterstock)

Nueva York

Esto es incómodo: estoy a punto de sentarme a almorzar con un hombre que me ha dicho que no quiere comer nada conmigo.

No es nada personal. Simplemente que Muhammad Yunus, el economista bangladeshi ganador del premio Nobel de la Paz, famoso por haber iniciado el movimiento global de los microcréditos, ya había comido cuando llegó a la cita a Almuerzo con el FT, una entrevista cuya característica principal, a lo largo de sus 20 años de historia, es compartir el pan y la sal.

Como corresponde a uno de los pensadores, y hombres de acción más célebres en el mundo del combate a la pobreza, Yunus emite el aura de un encanto tranquilo y carismático, así como de una mente enfocada en cosas más sublimes que un almuerzo.

A los 73 años, cuenta que este año gastará 60% de su tiempo fuera de Bangladesh, viajando por el mundo para promover sus ideas y proyectos.

Como canciller de la Universidad Caledonia de Glasgow, en su estancia en Nueva York asistirá a la inauguración del campus en Manhattan, muy orientado a la moda. Asimismo, tiene que ver con su visión de una nueva clase de modelo de negocios, entre la caridad y el capitalismo salvaje. Él lo llama negocio social.

La fama de Yunus tiene sus raíces allá a mediados de los 70, cuando encabezaba el departamento de Economía de una universidad en el puerto bangladeshi de Chittagong. Él nació a las afueras de esta ciudad. Su padre era un joyero y su familia vivía arriba del taller. Yunus había vuelto ahí tras seis años de estudiar y enseñar en Estados Unidos.

Determinado a comprender la razón de la pobreza extrema en todo el mundo, Yunus visitó varias veces un pueblo cercano donde descubrió gente tan pobre que no podía pagar las materias primas necesarias para sus pequeños negocios. Ellos dependían de intermediarios usureros. Esto llevó a Yunus a prestar 27 dólares de su propio bolsillo a 42 de ellos a fin de romper el ciclo.

Así inició la revolución de los microcréditos. Tradicionalmente, los bancos ven a los pobres como riesgos para el crédito dado que no ofrecen colateral para sus préstamos. Pero con una serie de experimentos cada vez más ambiciosos (con él como fiador inicial para los préstamos bancarios), Yunus estableció que muchos de los más pobres podían ser buenos pagadores.

De ello nació el banco Grameen, dedicado a prestar pequeñas sumas de dinero a emprendedores. En ese entonces, como ahora, muchos eran analfabetos y en 90% mujeres, lo cual en sí mismo es algo revolucionario por tratarse de un país islámico en donde hay actitudes muy conservadoras en cuanto a las mujeres que trabajan.

Grameen (que significa rural) se convirtió en un poderoso modelo para enfrentar la pobreza. Ha sido muy copiado en todo el mundo. Yunus y el banco fueron reconocidos con el premio Nobel de la Paz en 2006. Y al mismo tiempo, él ha creado una serie de nuevas empresas bangladeshíes y fondos que llevan el nombre de Grameen.

Todos estos son logros relevantes aunque Yunus tiene sus críticos en la comunidad de finanzas para el desarrollo. Hay quien argumenta que Yunus sólo simplifica los problemas y que está muy rígidamente comprometido al modelo Grameen.

Pero estas críticas palidecen en comparación con el ataque a su reputación que montó el gobierno de Bangladesh, liderado por el primer ministro Sheikh Hasina. En lugar de reconocer a Yunus como un héroe nacional, el gobierno emprendió lo que a muchos pareció una feroz persecución. En 2011, Yunus fue removido de su puesto como director ejecutivo del banco Grameen, al cual el gobierno amenaza con nacionalizar. Y más recientemente, el gobierno acusó a Yunus de evasión de impuestos, un cargo que él ha negado. Muchos políticos occidentales le han ofrecido apoyo, incluyendo a Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado de Estados Unidos.

Yunus me contó antes que él no quería habla de política bangladeshi a pesar de que sus críticos lo acusan de despotricar contra el país cuando anda en el extranjero. Sin embargo, en nuestra entrevista le pregunto si los ataques lo tienen desgastado.

"Sí, muy desgastado", me dice con sentimiento. "Porque constantemente, uno está bajo ataque. Te despiertas en la mañana y hasta miedo tienes de abrir el periódico, pues hay un ataque esperando... todo el tiempo te la pasas en control de daños. Tienes que tener documentos y evidencias a mano. Es muy fácil hacer pasar a alguien como malo".

Así que él mejor prefiere hablar de algo más positivo: su concepto de negocios sociales. Un negocio social, me explica, motiva a sus dueños a resolver un problema social, como el desempleo, más que en ganar dinero para ellos mismos. Esto difiere del modelo de sin fines de lucro, puesto que él cree que éste tiene debilidades intrínsecas, como su dependencia de los donativos para sobrevivir.

Un negocio social, dice, genera ganancias, por lo que es sustentable. Pero no ofrece dividendos. Cualquier ingreso se queda en la empresa para reinvertir. Un dueño puede tomar la inversión inicial, pero no más.

"La gente dice: ‘¿cuál es la diferencia entre un negocio social y un negocio tradicional?' Y yo les digo: 'En un negocio convencional tienes que hacer dinero... para eso tienes que tener a la gente trabajando para tí. En un negocio social, la creación de empleo para esas cinco personas es el objetivo'".

Desde hace siete años, Yunus ha experimentado con este modelo en Bangladesh, destacando una coinversión con Danone, el grupo francés, para elaborar yogurt con alto grado de nutrición. Tras un inicio incierto, parece que ahora todo va bien y apunta a la creación de mil 600 empleos en comunidades locales. Yunus dice que ahora se ocupa en reunir un fondo de 35 millones de dólares (mdd) para crear negocios en otros siete países. "Estamos sembrando una semilla", me dice.

Haití, que sigue esforzándose por superar los efectos del terremoto de 2012, es uno de los primeros beneficiarios. Uno de los negocios de Yunus aquí es la cría de pollos en sociedad con Brasil Foods, el gigante brasileño procesador de pollo. Yunus dice que a él se le ocurrió esta idea durante una cena en Haití en la que le dijeron (hasta con orgullo), que toda la comida era importada.

¿El capitalismo es algo bueno? Sí. Pero "este capitalismo se basa sólo en un aspecto; es inestable, cae en problemas, no se mueve muy bien" necesita que se le añada un aspecto humanitario.

Algunos periodistas han acusado a Yunus de dejarse usar por Danone en su coinversión en Bangladesh. Pero responde que él pensó que él estaba usando a Danone puesto que hasta ese momento el mundo no había registrado su idea de los negocios sociales. "¡ En el momento en que Danone lo hizo, entonces todos se enteraron!"

Cambio de tema y hablo de otro tema sensible. Algunos estudios recientes sugieren que hay poca evidencia de que las microfinanzas reduzcan la pobreza.

Su respuesta es muy mesurada: Lo que hay que preguntar es cómo mejorarla. "Es como la banca. ¿Se deberían cerrar los bancos porque provocaron la crisis financiera? No. De la misma forma: ¿No se debería continuar con la banca para los pobres? ´¿Cómo volverla más sistemática, más formal? Esas son las cuestiones".

El tiempo casi termina. Le pregunto cómo podrá continuar con sus andares por el mundo ahora en su octava década. Yunus sonríe: "Lo disfruto. Eso es lo que más me importa. El hecho de que la gente me escuche, que no se vaya, que se reúnan a mi alrededor. Y que los jóvenes se emocionen mucho, eso es lo que más me atrae. Que los jóvenes encuentren cosas que hacer".

Martin Dickson es editor ejecutivo del FT en Estados Unidos.