Christopher Bailey : “¿Por qué ser exclusivos?”

El director creativo de Burberry es un famoso visionario de las redes sociales así como de las tendencias de moda, dos herramientas que han hecho explotar las ventas de esta marca de lujo. 
Christopher Bailey
Christopher Bailey (Shutterstock)

Londres

Christopher Bailey, director creativo de Burberry, es la más amable de las personas con las que he comido.  No sólo es la persona más amable de la moda, es la persona más amable del mundo.  Cada vez que nuestra mesera aparece cerca de la mesa en Medlar, el restaurante londinense que Bailey escogió para nuestro almuerzo, ya sea para entregarnos el menú o servir agua, o presentarnos los especiales del día, Bailey le contesta con su enorme sonrisa y le dice “gracias” con gran presteza.

Bailey es famoso por ser amable. Famosamente normal. Famoso sin el toque de diva en la industria de las divas. De hecho, Bailey es tan famoso por ser tan poco divo que corre el riesgo de que esto supere su fama como el diseñador responsable de que Burberry haya sido nombrada la marca global más grande de Gran Bretaña. Desde la llegada de Bailey en 2001 como director creativo, Burberry ha duplicado sus ingresos, de mil millones de libras esterlinas a mil 850 millones, y ahora tiene 462 tiendas en todo el mundo. Por lo único que tal vez sea más famoso que por su amabilidad, es por sus habilidades tecnológicas. Como resultado, Burberry se ha coronado como la marca de lujo más conectada, según aseguran revistas como la de tecnología Fast Company.  

Bailey, de 41 años, tiene muy buen aspecto. No es ni remotamente una persona grande de talla, pero tampoco es tan delgado como antes. Tiene el aspecto de una persona próspera de mediana edad, tal cual corresponde a un estadista no tan mayor de la moda británica: dos veces diseñador del año en los British Fashion Awards  (2005 y 2009), dos veces diseñador del año de ropa para hombre (2007, 2008), ganador del premio internacional del Council of Fashion Designers of America (2010), y mentor para sus alumnos. A pesar de una caída reciente en las ventas, Burberry es el único modelo que otras marcas británicas, como Mulberry, Pringle a Aquascutum, quieren imitar.

Christopher Bailey creció en Halifax, Yorkshire, es, y lo dice con frecuencia “un orgulloso hombre de Yorkshire”. Su padre es carpintero y su madre arreglaba escaparates para Marks and Spencer, y tiene una hermana mayor. Todavía tiene el acento de la región. Después de graduarse del Royal College of Art en 1994, trabajó con Dona Karan antes de convertirse en diseñador senior de ropa para mujeres para Tom Ford en Gucci de 1996 a 2001. Con Ford conoció los beneficios de tener una visión clara, y también las desventajas de tomarse demasiado en serio.

Le pregunto a Bailey si todavía ve a su antiguo jefe y dice. “De vez en cuando”. Sin embargo, creo que los dos tienen más cosas en común de las que Bailey quiere admitir.

Esto se refleja en el progreso de Bailey en Burberry, que empezó en 2001 cuando llegó de Gucci. La única responsabilidad de Bailey cuando llegó a Londres era Prorsum, la línea de lujo de Burberry, que Roberto Menichetti lanzó en 1999 y que en general se consideraba un proyecto de vanidad casi sin sentido. Bailey transportó la exhibición a Milán, cambió la gabardina por pequeñas capas de encaje, estampado y seda con lo que transformó la posición de la marca en el escenario de la moda. De hecho, Burberry se estableció rápidamente como una fuerza de lujo que competía en los espacios de venta con Gucci y Ralph Lauren por lo que logró regresar su exhibición a Londres en 2009, en donde es ahora la marca más dominante y que atrae a más celebridades durante la presentación de colecciones de ropa de mujer.

Sin embargo, las exhibiciones son sólo una parte del trabajo de Bailey. Dice que él está a cargo de “todo lo que toca al consumidor” visual, acústica y físicamente. Esto significa ya el en la práctica más de 50 colecciones al año (Prorsum, Burberry London, Burberry Brit, perfumes, maquillaje, ropa para niños, etc), además del diseño de tiendas; más el sitio de música Burberry Acoustic; además del sitio social the Art of the Trench, en donde los usuarios suben fotos de ellos en gabardinas, así como las campañas de anuncios, que con frecuencia presentan a jóvenes estrellas británicas del sitio Burberry Acoustic. más las presentaciones de estos artistas en las tiendas Burberry, etc.

Algunas veces Bailey cuenta cómo logra mantener el control de todo eso, y al parecer todas son casualidades, sólo sucede, ¡es fácil! Cualquiera puede hacerlo, lo cual es difícil de creer.

Ya bajo presión, admite: “En algún momento perdí el equilibrio. Trabajaba de 6:30 a.m. a 11:30 p.m. Pero es que pasaban otras cosas”. Con esto se refiere veladamente a una difícil situación personal, cuando su antiguo compañero de mucho tiempo Geert Cloet murió de cáncer cerebral en 2005. “Pero ahora,” continúa Bailey, “El equilibro entre mi vida personal y laboral es mucho mejor. Desayuno en casa, y leo el periódico, y voy a la oficina como a las 8:30”:

“Esto es lo que pienso”, agrega. “La moda tiende a ser demasiado insular, y las pasarelas son el ejemplo perfecto. Creemos que somos innovadores pero las pasarelas no han cambiado en los últimos 50 años. Queremos que la gente viva la experiencia, que en realidad es otra diversión: chicas hermosas, hombres guapos, ropa bonita, buena música. Estas personas (las que no forman parte del mundo de la moda) se emocionan con la moda. ¿Por qué decirles que no pueden verla también?”

Burberry fue la primera marca que permitió ordenar compras en la pasarela, y la primera que “tuiteó” sus shows. “Algunas personas me escriben en Facebook y yo les contesto”; dice Bailey.

“Sabes, cuando era estudiante en Londres, mi padre me encargó un reloj de lujo para mi madre. Se suponía que esto era un gran evento para mi familia porque no comprábamos objetos de lujo. Así es que me envió dinero y me pidió que lo comprara. Tenía que haber sido una gran experiencia, ir, y escoger un regalo especial… pero no fue así. Fue horrible. Me sentí tan intimidado, y me hicieron sentir inferior, tal vez por mi ropa y por mi fuerte acento de Yorkshire, y esa experiencia terminó por definir muchas de las cosas que pienso ahora. ¿Por qué ser exclusivos? De cualquier forma, uno nunca sabe. En la actualidad un chico con sudadera puede entrar a una tienda, y resultar ser un multimillonario”.

Hablando de Mark Zuckerberg, le pregunto a Bailey que si tiene una página de Facebook.

“Burberry tiene”. Bueno, sí, digo, todos lo sabemos. ¿Pero tú?. “Nop”.

¿Cuenta de Twitter?

“No para mí. Hay que pintar una raya de vez en cuando”.

¿Tiene muchos iPads?

“¡Sí!”

¿Cuántos?  “Cuatro, regados por toda la casa creo” dice Bailey

¿Te gustaría diseñar un teléfono móvil? “Tal vez” dice Bailey. “Algún día. La era digital nunca va a pasar pero tampoco utilizar el tacto ni el dibujo. Se necesitan ambos. Me encanta tener fábricas en Yorkshire, en donde hacemos nuestro propio twill - me encanta ir allí y tocar el material. Creo que nunca vamos a perder la necesidad de interactuar entre humanos. El problema es que estas definiciones son ambiguas”.