Tregua de azúcar

 A través de complicadas negociaciones, el gobierno de México evitó una guerra comercial con Estados Unidos por las tarifas compensatorias contra las importaciones de azúcar mexicano. 

México

Estados Unidos es un país adicto al azúcar. Su demanda de este producto supera a su producción, tan solo en los últimos 10 años sus importaciones han crecido a una tasa anual promedio de 10% mientras que su producción ha disminuido cerca de 2.6% cada año, lo que ha abierto una ventana de oportunidad para el vigoroso sector cañero mexicano, que a los últimos 12 meses que terminan en septiembre le surtió 1.9 millones de toneladas métricas de las más de 3.3 millones que importó el país vecino.

“La industria mexicana ha aumentado rápidamente sus exportaciones a Estados Unidos en recientes años,  creciendo del 9% del mercado estadounidense en la zafra 2011/2012 hasta casi 18% en 2012/13. En ese mismo periodo, México ha enviado los precios del azúcar en Estados Unidos hasta niveles insosteniblemente bajos”, según publicó la Asociación Azucarera de Estados Unidos (ASA) en marzo pasado.

Una fuente cercana a las negociaciones dijo que la caída de precios del azúcar fue en realidad resultado de un aumento en la producción estadounidense combinado con un incremento en los cupos de importación estadounidenses y México ha sido el principal proveedor de azúcar refinada y sin refinar exportando más de un millón de toneladas anuales .

Para los productores de azúcar estadounidenses todo giraba en un tema, el azúcar mexicana estaba llegando a subsidios al país vecino a precios por debajo de sus costos de producción, compitiendo de forma desleal con los productores nacionales (dumping) y presionaba al sector con pérdidas de hasta un billón de dólares en ingresos.

Tras las acusaciones de los productores estadounidenses, el Departamento de Comercio de ese país inició en marzo dos investigaciones por subsidio y otra sobre dumping contra el azúcar mexicana que amenazaban con establecer tarifas compensatorias (antidumping) de hasta 60% y que hubiera anulado por completo el precio competitivo de México como socio comercial del TLCAN cuya azúcar entraba a EUA sin aranceles, de acuerdo la fuente consultada.

La fructífera relación comercial estuvo a punto de volverse una amarga disputa entre estos dos países.  Estados Unidos, a pesar de ser de los mayores productores de azúcar en el mundo con un promedio que oscila entre 7 y 8 millones de toneladas, es también un importador neto cuyo consumo para 2015 podría llegar hasta los 11 millones, según estimaciones del Departamento de Agricultura Estadounidense (USDA).

Esto provocó que el gobierno estadounidense impusiera cuotas antidumping a las importaciones de azúcar mexicana y que se abriera una investigación por subsidios, de tal forma que el 26 de agosto el Departamento de Comercio de Estados Unidos estableció un arancel de 14.87% a los productores y exportadores, además de investigar si en efecto había subsidios al azúcar mexicana.

“La industria mexicana ha enviado azúcar a Estados Unidos con márgenes de dumping de 45% o más y ha recibido sustanciosos subsidios del gobierno mexicano federal y estatales” fue el argumento principal de la asociación que representa los intereses de la Liga Americana de Azúcar de Caña, la Refinería Americana de Azúcar, entre otras.

A partir de entonces, iniciaron las negociaciones del gobierno mexicano para evitar medidas contra los productores nacionales. “Si ellos activan el caso de dumping, el caos se desatará y empezaremos una gran pelea. Todo el mundo va a perder”, dijo el secretario de Economía, Idelfonso Guajardo al diario Financial Times el 22 de octubre.

Guajardo declaró que las tarifas antidumping contravenían el compromiso pactado en el TLCAN, y como aviso, o advertencia, sentenció que llevaría el proceso a la Organización Mundial de Comercio (OMC), además de que se aplicarían represalias a la fructosa estadounidense. Esta posición fue apoyada por el máximo representante del gremio, Carlos Blackaller, presidente de la Unión Nacional de Cañeros.

Mientras los gobiernos discutían, el mercado sufrió los efectos de las querellas. De marzo a septiembre, los precios del azúcar refinada aumentaron más de 40%, de 26.5 centavos de dólar por libra a 37.5 centavos. “Si se mantiene a ese precio, esos 11 centavos extra por libra le costarán 2 mil 400 millones a los consumidores  para el año fiscal que comienza el primero de octubre” advirtió Tom Earley, vicepresidente de la consultoría Agralytica Consulting y consultor de la Asociación de Compradores de Endulzantes (SUA).

Los productores de dulces estadounidenses se sumaban a la querella desde su barricada. “Los productores domésticos y refinerías son incapaces de satisfacer toda la demanda de azúcar en Estados Unidos, haciendo vital las importaciones para que funcione el mercado… las restricciones a México dañarán a nuestras compañías, así como muchas otras que operan en el país y que dependen de una consistente oferta de azúcar”, sentenció Tim Jones, gerente senior de la firma Just Born y miembro de la Asociación Nacional de Confiteros.

Los  “dimes y diretes” entre los sectores arreciaron y los había a favor y en contra de todos. En octubre, Carlos Rello, director del fondo que agrupa nueve ingenios y que en suma producen alrededor de 22% del azúcar total. Sin embargo, unos días después Idelfonso Guajardo comentaba que “la industria de Estados Unidos sabe claramente que México tiene instrumentos que podemos activar inmediatamente a fin de pelear este caso”, advertía.

La resolución

Finalmente, el 28 de octubre la Secretaría de Economía dio a conocer que se concluyeron dos acuerdos con el Departamento de Comercio de Estados Unidos que suspenderán cualquier impuesto aplicable a las exportaciones de azúcar mexicana como resultado de las investigaciones sobre dumping y subsidios.

En el acuerdo se reconoce que el mercado de azúcar estadounidense está altamente regulado y que se registra históricamente un déficit estructural y se establece una cuota que garantiza que México tendrá un acceso preferencial para abastecer el déficit en el mercado de azúcar en Estados Unidos.

No habrá una cuota fija de exportación, sino que se usará una fórmula para determinar la cantidad dependiendo de las necesidades de Estados Unidos, detalla Juan Cortina presidente de la Cámara Nacional de las Industrias Azucarera y Alcoholera (CNIAA). Este pacto se mantendrá por cinco años y luego se revisará para modificarlo o mantenerlo.

“En 2015 se prevé exportar 1.5 millones de toneladas de azúcar a Estados Unidos,un volumen significativamente inferior a las 1.9 millones de toneladas exportadas a EU en el ciclo 2013/2014, que culminó el 30 de septiembre”, según prevé Juan Cortina.

Tras las negociaciones, los productores mexicanos venderán el azúcar a un mínimo de 23 centavos de dólar por libra de azúcar refinada y 21 centavos el azúcar sin refinar.

Para Francisco de Rosenzweig, subsecretario de Comercio Exterior de la Secretaria de Economía, este logro recompensa el esfuerzo de los productores nacionales, “este acuerdo beneficiará a nuestros productores, quienes han invertido en tecnología e innovación en los últimos años, para posicionar al azúcar mexicana como un producto altamente competitivo y de calidad mundial”, señala, y advierte que este acuerdo, además de beneficiar también al mercado estadounidense, restablecerá la certidumbre en el sector y conservará el balance en el mercado de edulcorante entre ambas naciones, dando por concluida la amenaza mexicana de a la fructuosa estadounidense.

El acuerdo se firmará formalmente el 26 de noviembre, tras el periodo de 30 días en que está sujeto a comentarios, de acuerdo con la legislación estadounidense.

Con información de Tania Lara.

Las refresqueras salen ganando

El acuerdo logrado entre México y Estados Unidos con el cual se suspenden los aranceles antidumping al azúcar mexicana beneficiará a Coca Cola Femsa (KOF) y Arca Continental, pues según un análisis de Citi Accival, los costos del edulcorante mexicano se mantendrán sin cambios en 2015. Además, el acuerdo evitará un alza en el jarabe de maíz de alta fructosa estadounidense (HFCS) usado por las refresqueras en el país y al cual el gobierno mexicano había amenazado con aplicar impuestos de persistir la querella del país vecino. Ambas compañías usan una proporción 40/60 de azúcar y HFCS frente al 50/50 de los últimos años.