McKinsey desaparecerá en 50 años

Con el crecimiento en países emergentes y el uso de la tecnología, los directores tendrán menos necesidad de contratar a consultores. 

¿McKinsey existirá dentro de 50 años? Esta pregunta se alojó en mi mente después de leer el artículo en la revista de la firma que nos dice en qué estarán pensando los hombres de negocios el siguiente medio siglo.

La publicación trimestral de McKinsey tiene 50 años, y para celebrar su cumpleaños eligió un artículo trascendental basado en muchos años de investigación realizado por las mentes más agudas de la firma.

Y como el artículo resultante no es muy conciso, a continuación lo abrevio con un resumen. Más específicamente, tres tendencias le darán forma a este volátil, discontinuo y totalmente distinto futuro. En primer lugar está la tecnología. Su crecimiento será exponencial y habrá avances “turbocargados en la conectividad”. Segundo, continuará el crecimiento de los mercados emergentes y se desarrollará una gran cantidad de grandes ciudades en lugares de los que difícilmente hemos escuchado hablar. Finalmente, en todo el planeta la gente seguirá envejeciendo.

La banalidad de esto es muy impresionante. Estas no son las tendencias del futuro, sino las del presente. Si hay algo que es cierto del futuro distante es que tiende a no regirse por las mismas cosas que nos rigen ahora.

Pero esperen, todavía hay más. Estas tendencias tendrán “implicaciones extraordinarias para los líderes mundiales”, advierte, antes de entrar en lo particular: “Es probable que diferentes regiones, países e individuos tengan diferentes destinos, dependiendo de la fortaleza y flexibilidad de sus instituciones y políticas”. Yo lo pondría más fuerte que eso. Es seguro que a algunos países y personas les vaya mejor que a otros, como siempre ha sido y como siempre será.

En cuanto a la tecnología, McKinsey dice que sacudirá a los negocios “de maneras inimaginables”. Esta tiene la ventaja de estar en lo correcto. Pero tiene la desventaja de ser una vergonzosa salida fácil, si tu trabajo es pronosticar para imaginar esos caminos, y decirnos qué son.

¿La conclusión de todo esto? “El cambio es difícil”, es una declaración tan devastadoramente obvia, es extraño que los autores sientan la necesidad de respaldarla con referencias de “científicos sociales y economistas conductuales” que han notado un sesgo hacia el status quo.

Hay muchas cosas que pueden decirse de este lamentable ejercicio de lugares comunes tan vacíos. Primero, 50 años es un tiempo ridículamente largo para intentar pronosticar. Los contadores, que en su conjunto son un grupo más sensible que los consultores, normalmente no miran más allá de un año para establecer si un negocio es solvente. Tengo un puesto en una junta de administración en donde algunas veces planeamos para los siguientes cinco años, un ejercicio que es muy disfrutable, y es útil para jugar con diferentes situaciones que podrían suceder, pero todo el mundo siempre lo toma con reservas.

Segundo, como mi colega Tim Harford señaló recientemente, algunas de las razones para pronosticar son tan inútiles que ya no son pronósticos. Son ejercicios de mercadotecnia. Visto de esta manera, el artículo de McKinsey empieza a verse mucho menos estúpido. “Los estrategas del mañana deben de comprender un mundo en el cual las ofertas pueden variar … necesitando cada vez más enfoques distintos. Todo esto requerirá de una agilidad extraordinaria: tanto para “ver de lejos” el desarrollo de un enfoque global coherente y para “ver de cerca”  un producto extremadamente granular o segmentos de mercado”. En otras palabras, los directores ejecutivos deberán ponerse al teléfono y nombrar a McKinsey inmediatamente.

Mi propio pronóstico es muy diferente. Dentro de 50 años, McKinsey no existirá. Esto se basa en tres tendencias similares a las que la firma observó. Si la actividad económica se mueve a ciudades nuevas y lejanas, estas serán las partes del mundo en donde los consultores de administración no prosperarán.

La siguiente tendencia es que los ejecutivos se vuelvan más listos al lidiar con este mundo complejo y estarán más dispuestos a resolver sus propios problemas. Una de las razones para el florecimiento de los consultores de administración es que los directores ejecutivos ven a sus mediocres subordinados y subcontratan a cerebritos para realizar el trabajo. Si el talento creado en casa mejora, dejarán de hacerlo.

Más importante es el efecto de la tecnología. Todo el trabajo pesado que hacen los consultores analizando mercados lo puede hacer cualquiera con una conexión a internet. Las dos cosas que la gente siempre hará mejor que las máquinas es motivar a los demás y tener nuevas ideas. Sin embargo, ninguno de los dos puntos hace que un consultor se vea bien. Las firmas de estrategia no trabajan mucho en el campo de la motivación. Y en cuanto a la originalidad, si lo mejor que puede ofrecer McKinsey después de años de estudio es decir que la tecnología, la globalización y el envejecimiento estarán presentes en los próximos 50 años, un robot podría concluir eso en un segundo.