Jean Pigozzi: ‘Coleccionar arte es como el capital de riesgo’

El inversionista en tecnología, empresario y socialité explica su interés por adquirir arte africano contemporáneo y la controversia alrededor de su manera de hacer negocios.
“No cambiaría nada sobre cómo empecé a coleccionar arte africano contemporáneo. Nadie lo hizo antes que yo; así que por supuesto había controversia”
“No cambiaría nada sobre cómo empecé a coleccionar arte africano contemporáneo. Nadie lo hizo antes que yo; así que por supuesto había controversia” (Shutterstock)

Francia

Pocos días antes de mi cita para almorzar con Jean Pigozzi, su asistente me envió un mapa del muelle de Cannes. Una “X” marcaba el lugar en donde me iba a reunir con el trotamundos, coleccionista de arte y empresario. Un mensaje que lo acompañaba decía: “El señor Pigozzi llegará en su yate a la una de la tarde y lo llevará a La Guérite” -un restaurante de mariscos a una milla de la costa de la Riviera Francesa.

Jean “Johnny” Pigozzi es un hombre que sabe cómo viajar con estilo.

Me decepciona un poco que cuando llego al punto de encuentro veo a Pigozzi en un lancha inflable de color gris. “Toma mucho tiempo estacionarse y no me gustan los puertos”, contesta Pigozzi en un inglés con acento, pero fluido.

Si le preguntas a Pigozzi, de 62 años, a qué se dedica para vivir simplemente dice que está “interesado en cosas”. Lo suficientemente interesado como para haber acumulado la colección privada conocida más grande de arte africano contemporáneo, invertir millones en fondos de cobertura, en startups de tecnología, fundar su propia marca de ropa de hombre y construir un futurístico centro de investigación ambiental en su isla privada frente a la costa de Panamá.

Tal vez él es más conocido por su círculo social, que incluye al coleccionista de arte, Charles Saatchi y al cantante de los Rolling Stones, Mick Jagger. En 2008, cuando la revista Vanity Fair publicó una lista de las personas más influyentes del mundo, iba acompañada con una tabla que explicaba cómo cada uno estaba conectado con Pigozzi.

Cuando Pigozzi tenía apenas 12 años, su padre murió por un ataque cardíaco, dos años antes, había vendido la mayor parte de su empresa Simca a Chrysler, convirtiendo a los Pigozzi en “extraordinariamente ricos de la noche a la mañana”.

Con el dinero que heredó, el empresario inmediatamente se puso a prueba como inversionista. En 1977, le dio a George Soros 250 mil dólares para colocarlos en fondos de cobertura. En la década de los 80 comenzó a invertir en empresas de alta tecnología.

Recientemente, invirtió en Square, una startup de pagos en línea fundada por Jack Dorsey, cofundador de Twitter. “Jack vino a verme aquí en Cannes el año pasado y, hablando con él sobre su compañía, me enamoré de ella”.

Pero hasta ahora Facebook ha sido su mayor éxito. En la mitad de los 2000, Mark Pincus, el empresario estadounidense cofundador de Zynga, empresa de juegos sociales en línea, le dijo que invirtiera en la empresa de Mark Zuckerberg. “Así que me las arreglé para encontrar algunas acciones, y ahora he ganado algo cercano a 50 veces lo que invertí. Desde entonces he vivido de los ingresos”.

La conversación cambia a su colección de arte africano contemporáneo, que consiste en más de 10,000 obras. “La forma en que lo hago, coleccionar arte es muy parecido al capital de riesgo. No me interesa comprar obras de Basquiat, Renoir, Sisley, como lo hicieron mis padres. No quiero ser un borrego”.

En lugar de eso, a principios de la década de los 90, Pigozzi contrató a un curador, André Magnin, quien procedió a recorrer el continente africano para comprar las obras directamente de los artistas contemporáneos. Pigozzi me dice que Magnin le dio las siguientes tres reglas: (1) los artistas tenían que ser negros; (2) los artistas tenían que estar vivos; (3) los artistas tenían que vivir en África.

En sus viajes, Magnin descubrió negativos que habían sido almacenados durante décadas, se los llevó a Pigozzi, quien vendió las obras, convirtiendo en estrellas internacionales a fotógrafos locales como los malienses Seydou Keïta y Malick Sidibé. En la actualidad, Pigozzi presta su colección a galerías como el Tate Modern de Londres, el Pompidou Centre de París y el Guggenheim de Nueva York; mientras una impresión firmada por Keita, quien murió en 2001, puede llegar a venderse en 100 mil dólares.

Pigozzi ha sido acusado de saquear África para beneficio personal pero él no tiene remordimientos. “No cambiaría nada sobre cómo empecé a coleccionar arte africano contemporáneo. Nadie lo hizo antes que yo; así que por supuesto había controversia”.

Él dice que ha “gastado gran parte de mi tiempo y dinero luchando en los tribunales por la causa de los artistas africanos y la regulación del mercado para su obra. He ayudado a más personas africanas con la construcción casas y pueblos y enviando a sus hijos a la escuela y pagando funerales y bodas, así que no hay ninguna explotación allí. Pero de lo que estoy más orgulloso es cómo salvamos miles de negativos”.

Según Michael Hoppen, uno de los principales comerciantes de arte fotográfico en Londres, la controversia en torno a la colección de Pigozzi “nada más son celos profesionales”.

Antes de irme, Pigozzi quiere mostrarme Fnac, un minorista francés que tiene una tienda justo bajando la calle. “Esto es el paraíso”, dice cuando entramos.

Al cucharear lo último de su helando en la boca, dice: “Me parece que el costo de la comida está totalmente fuera del lugar con el placer que da. Mientras el precio de la tecnología cae, la comida gourmet se mantiene en aumento. Eso es de locos. Seguro, había chicas bonitas y el lugar para nuestro almuerzo era agradable pero no quedé igual de extasiado a como estoy ahora con todos estos juguetes”.