Hacemos las cosas más importantes del mundo: directora de IBM

Ginni Rometty, directora de IBM, revela su plan para reinventar a la gigante de tecnología y destaca el uso de la inteligencia artificial o ‘inteligencia cognitiva’, como ella le llama.
"Tenemos que cambiar. Le digo a todo el mundo que no podemos definirnos por nuestro producto".
"Tenemos que cambiar. Le digo a todo el mundo que no podemos definirnos por nuestro producto". (Cortesía)

Estados Unidos

La mujer que con la que estoy a punto de reunirme para almorzar, Virginia Rometty, o “Ginni” como es normalmente conocida, probablemente es la mujer de negocios más poderosa del mundo. Dirige IBM, una compañía con casi medio millón de empleados. Su tecnología se encuentra en 90% de los bancos del mundo, 80% de las aerolíneas y 70% de todas las empresas corporativas. El año pasado obtuvo ingresos de 93 mil millones de dólares (mdd). Ella es, en definitiva, un titán corporativo. Pero Rometty eligió reunirse conmigo en restaurante vacío y monótono de un hotel, con un menú modesto.

¿Lo que hace es un gesto de austeridad? El mundo empresarial está lleno de rumores (que se negaron) de que Rometty está a punto de despedir a 100 mil empleados de IBM, en un dramático empuje de reestructuración que se diseñó para reiniciar al gigante de tecnología de 103 años en un mundo qué rápidamente se mueve hacia la computación en la nube.

Rometty, de 57 años de edad, es cautelosa con la prensa; pocas veces habla de su vida privada.

Rápidamente, dice que su personal eligió el restaurante por conveniencia; está cerca del nuevo centro de computación Watson de IBM, lugar en donde se desarrolla inteligencia artificial.

En 1981, Rometty se unió a IBM como ingeniera en sistemas y después durante los siguientes 30 años con diligencia ascendió la escalera corporativa, realizó toda una serie de trabajos diferentes, de computación, análisis, administración y finanzas. Llegó a ser conocida por su atención, disciplina y autocontrol, y lealtad hacia su enorme edificio corporativo.

¿Alguna vez pensaste en salir? Ella niega con la cabeza, y explica que muchos altos ejecutivos de IBM están en la empresa desde hace décadas. “La gente se llaman a sí mismos IBMers”, dice. “La mayor razón de que existimos es por nuestra misión, nuestro propósito. Hacemos las cosas más importantes del mundo. Cuando ves todas las cosas en el mundo a las que impacta IBM, es por eso que la gente se queda, la razón por la que somos IBMers”. Su convicción es poderosa. Pero en el mundo moderno de rápido movimiento, ¿es realmente un beneficio tener esta historia famosa y fuerza laboral de mucho tiempo? “Una de las lecciones más grandes que aprendí de mis predecesores en IBM es la importancia de conocer lo que debemos cambiar y lo que debe perdurar”, admite. “Hay este equilibrio que necesitamos encontrar”.

En IBM el equilibrio parece especialmente difícil. Cuando la empresa se fundó, en 1911, era un fabricante de productos para negocios, como tabuladores de tarjetas perforadas, las primeras máquinas de procesamiento de datos. A mediados del siglo XX cambió a computadoras centrales con gran éxito, dominó la lista de las empresas más rentables del mundo. Pero en los 80 empezó a caer en un declive mientras las computadoras personales empezaron a eclipsar el negocio de computadoras centrales.

Eso cambió en 1993 cuando Louis Gerstner tomó el mando e implementó una de las transformaciones más dramáticas en la historia corporativa: cambió la compañía de hardware a software, la llevó hacia el internet. Una década después, el sucesor de Gerstner, Sam Palmisano, deleitó a los inversionistas al prometer entregar ganancias de 10 dólares por acción para 2010 y 20 dólares para 2015. Pero aunque IBM cumplió con la primera de estas promesas, para cuando Rometty llegó a la dirección a inicios de esta década, la empresa ya no era la consentida de la bolsa de valores y ella descartó el objetivo de Palmisano. Así que, le pregunto, en un mundo donde las empresas no quieren comprar el tipo de servicios informáticos costosos que anteriormente vendía IBM, ¿puede lograr que el elefante baile una segunda vez?

Ella insiste que puede. Su plan se divide esencialmente en tres partes. En primer lugar, planea eliminar los negocios no rentables de IBM. “No puedes proteger tu historia”, dice. “Tenemos que cambiar. Le digo a todo el mundo que no podemos definirnos por nuestro producto”. ¿Es verdad que recortarán 100 mil empleos? Ella niega con la cabeza y frunce el ceño, pero se niega a revelar cuál puede ser la cifra real.

La segunda parte para su reforma se enfoca en persuadir a su personal para que se reinventen; en lugar de centrarse en sus productos y servicios tradicionales, quiere que piensen en soluciones para sus clientes.

La tercera etapa de la campaña de renovación de Rometty es un audaz plan para cambiar a la compañía hacia las nuevas tecnologías. Ella forja alianzas con grupos como Apple y Twitter para explotar las tecnologías móviles y desarrollar servicios como la computación en la nube y la seguridad cibernética, que cada vez son una mayor proporción de los ingresos de IBM. Sin embargo, es claro que lo que realmente le emociona es la inteligencia artificial.

No lejos del hotel donde nos reunimos, IBM construyó un centro que alberga una nueva supercomputadora que lleva el nombre de Watson. Esto es pionero de la inteligencia artificial, o como Rometty prefiere describir “computación cognitiva”, que ella cree ayudará a los médicos a realizar diagnósticos, a los abogados a realizar descubrimientos legales o a los periodistas a realizar investigaciones. “Entramos a una nueva era de máquinas. En la primera era, las máquinas sólo podían contar cosas. Entonces se pudieron programar, y hoy en día todo es programable. Pero esta es la tercera era. Es una era donde las máquinas aprenden. No sólo la programas. Aprende. Eso es lo que IBM hace ahora. Vamos por ese camino”.

Una máquina cognitiva no es un poco temible o peligroso, le pregunto. “No, para nada”, insiste, y de repente desaparece la pulida personalidad corporativa, y parece como una especialista en informática muy emocionada. “Imagina a los periodistas que hacen investigaciones o a los bufetes de abogados que hacen descubrimientos. Watson es fenomenal en eso porque es imparcial. Esto es crucial. La gente no es imparcial, tienen demasiados datos, y no pueden lidiar con todo eso, así que desarrollan sesgos. Pero Watson puede manejar los datos”.