Christine Lagarde, “Aprendo rápido”

La primera mujer en dirigir el Fondo Monetario Internacional busca una mayor representación de las mujeres y países como China en esta organización. 
"Los banqueros centrales se juntan entre ellos. Juegan bajo sus propias reglas… con sus clubes, sus secretos."
"Los banqueros centrales se juntan entre ellos. Juegan bajo sus propias reglas… con sus clubes, sus secretos." (Shutterstock)

Estados Unidos

Christine Lagarde llegó apenas hace un minuto con un traje muy chic estilo Chanel, zapatos a tono, una pulsera de filigrana de plata y su cabello blanco a un restaurante indio en el corazón de Washington.

Antes de que el mesero acerque el menú, ella toma el control: “Listo. ¡Ya sé lo que quiero! ¡Espinacas! ¡Bacalao sellado! ¡Quinoa! ¡Sin guarnición! ¡Eso es todo!” 

Hace casi tres años, Lagarde asumió como directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional. La primera mujer que controla esta organización de 760 mil millones de dólares (mdd) encargada de promover la estabilidad financiera y monetaria del mundo. Llegó allí en medio de una gran inestabilidad. El anterior director ejecutivo Dominique Strauss-Kahn renunció a causa de un sórdido escándalo sexual en un hotel de Nueva York.

En 2011, su prioridad fue la de restaurar la devastada moral del FMI. Nacida en 1956 en una familia de clase media, Lagarde estudió en Le Havre, en Francia, Estados Unidos y Europa antes de unirse en 1981 a Baker & McKenzie, la mayor firma de abogados del mundo. En 1999 se convirtió en su primera mujer presidenta.

La moral en el FMI se ha levantado muchísimo. Pero sus nuevos objetivos son mucho más complicados: “los principios del gobierno corporativo “ del FMI.  Desde que se fundó en 1944, el fondo, al igual que la economía global, ha estado dominada por los países occidentales. Como resultado, los europeos, como Lagarde, siempre han estado a la cabeza. “El hecho de ser mujer me ayudó a llegar a este puesto”, admite, “habría sido difícil que se lo dieran a un hombre francés (después del escándalo)”.

“La representación insuficiente de países como China y de otros mercados emergentes no está bien. ¡Nada bien!”, declara.  Por esto mismo, Lagarde respalda los planes de reforma que le darán mayor poder a los países no occidentales. Sin embargo, el Congreso de Estados Unidos no los ha ratificado.  “Esto es muy frustrante”, observa.  Por lo pronto, está tratando de que funcionarios chinos puedan ocupar algunos altos puestos del FMI.

“Después surgen las dudas de cómo nos coordinaremos mejor con los principales banqueros del mundo”, suspira. “Ellos sólo se juntan entre ellos. Juegan bajo sus propias reglas… con sus clubes, sus secretos.  Pero tenemos que encontrar la manera de coordinarnos”.

Otro gran reto es la falta de mujeres.  Lagarde también fue la primera ministra de finanzas de Francia, entre 2007 y 2011. Hasta que llegó al FMI, en contadas ocasiones habló de su experiencia para combinar su carrera con su vida familiar (tiene dos hijos y, después de dos divorcios, mantiene una relación con el empresario Xavier Giocanti).

En repetidas ocasiones, Lagarde ha expresado su descontento con el hecho de que los 24 consejeros del FMI son hombres.  “Yo sola no puedo cambiar eso pero sí puedo señalarlo y denunciarlo”.

A diferencia de la mayoría de sus predecesores, Lagarde no estudió Economía.  Algunos críticos consideran que esto es una desventaja.  Ella no lo ve así.  “En primer lugar, aprendo rápido.  En segundo lugar, reconozco cuando no estoy en mi terreno.  Pero en tercer lugar, mi estilo de gestión es el de juntar a la gente.  Así es que le pido a la gente que me explique.  Esto es muy importante porque la economía tiene muchos tecnicismos, muchos modelos que la gente común y corriente no entiende tan fácilmente. Y esto es peligroso”.

Después de tantos años en Estados Unidos, usa expresiones estratégicas como “¡No dejes que esos bastardos te aplasten!” Pero tampoco ha dejado de utilizar las técnicas de seducción francesa: como ministra de finanzas en Paris, regalaba corbatas de Hèrmes a los funcionarios extranjeros.

“Pero ya no puedo regalar corbatas francesas porque en el FMI tienes que distanciarte de tu propio país”: Ahora le regala a los visitantes un libro con la historia del FMI. Le encantaría regalar frascos de mermelada casera de su granja al norte de Francia pero eso es difícil en Washington a causa de los controles de importación.

¿Le gustaría retirarse a su granja a hacer mermelada? ¿Nunca le dan ganas de tomarse el mes de agosto como todos los franceses? Lagarde se ríe.  “Nunca lo he hecho. Lo más que me he tomado fueron tres semanas cuando nació mi primer hijo”. Pero, ¿después del FMI?

Aún le quedan dos años que pueden extenderse.  Cuando el puesto de presidente europeo quedó vacante recientemente, ella era uno de los posibles candidatos.

“No creo que pudiera hacer ahora un trabajo únicamente francés”, medita. “Me he vuelto tan multicultural”. También existe un obstáculo práctico: la corte francesa investiga una acusación de negligencia, o exceso de generosidad, hacia el empresario Bernard Tapie. En 2007, ella ayudó a  resolver un escándalo con el banco francés Crédit Lyonnais.  Lagarde niega rotundamente haber actuado mal y está muy molesta con este giro de la política francesa.

“No se qué voy a hacer después.  Quiero hacer muchas cosas y tengo abandonada a mi familia”. Además de dos hijos ya mayores tiene a los dos nietos de Giocanti, a quien no ve mucho porque él vive en Marsella.

“La próxima semana tomaré unos días con Xavier”, explica. Planea visitar el Gran Arrecife de Coral de Australia de camino a la cumbre del Grupo de los 20 en Brisbane en noviembre. 

¿Qué pasará si surge alguna crisis?, pregunto. Después de todo el Medio Oriente siempre está en problemas y se especula que el FMI pronto tendrá que presentar un plan para Ucrania. “¡Esperemos que no!” y ríe con nerviosismo.