Las empresas deben dejar de acumular efectivo

 Desde 1980 es editorialista y columnista del Financial Times así como colaborador de la BBC y Channel 4 del Reino Unido.  

Londres

¿La era de la acumulación de efectivo de las empresas está por terminar? Ciertamente el final se espera con devoción. Si las empresas estadounidenses deciden empezar a gastar el efectivo para aumentar la inversión de capital, y de esta manera impulsar una recuperación más robusta, el beneficio se sentirá en todo el mundo. De igual manera la economía global podría beneficiarse si las tacañas corporaciones de Japón y China ayudaran a reducir el enorme exceso de ahorro en Asia.

Si el movimiento se da en esa dirección, probablemente el punto de partida sea en Estados Unidos. De acuerdo con un nuevo estudio con tesoreros corporativos realizado por la Asociación de Profesionales Financieros, las empresas estadounidenses ya empezaron a gastar sus cuentas de efectivo por primera vez desde la recesión. Esto cuadra con la evidencia en las cuentas nacionales. Los datos de la Reserva Federal muestran que el sector de corporaciones estadounidenses no financieras han pasado de ser prestamistas netos para el resto de la economía, con una suma de casi 500 mil millones de dólares (mdd) en su punto más alto en 2009, a ser unos modestos solicitantes de préstamos netos en el primer semestre de este año.

El problema es que esta confianza no se ha visto reflejada en inversión privada fija no residencial, la que los economistas de la Reserva Federal reconocen ha aumentado a una tasa promedio anual de sólo alrededor del 4% en 2012 y 2013. La inversión neta después de depreciación como porcentaje de capital social se mantiene moderada, rondando casi el 1.5% al año.

En efecto, el buen ánimo en el sector corporativo se está desviando a la recompra de las acciones. Este tipo de ingeniería financiera reduce el número de acciones en circulación e impulsa artificialmente las ganancias por acción. Para los ejecutivos cuyos paquetes de bonos e incentivos están relacionados con las ganancias por acción esto funciona de maravilla en el pago total. Para los accionistas podría ser otro asunto.

Con las valuaciones de acciones históricamente altas, hay poca probabilidad de que esto sea una asignación eficiente del capital. Esto refleja un vacío de propiedad. En los siguientes 12 meses conoceremos qué tanto daño podria hacerle esto a la economía real si los negocios que cotizan en bolsa continúan invirtiendo mediocremente en maquinaria y equipo.

También en Japón, la mala gobernanza corporativa juega un papel en la acumulación de efectivo de las corporaciones. Con una rendición de cuentas mínima para los accionistas, las empresas naturalmente se aferran al efectivo. Un ambiente deflacionario también ha actuado como freno para aumentar el que ya de por sí es un nivel alto de inversión empresarial en relación con EU. Hay que reconocer que el gobierno de Shinzo Abe ha introducido reformas de gobernanza diseñadas para alentar a las compañías a aumentar sus índices de pago. Sin embargo, el lado macro de las “Abenomics” (políticas económicas de Japón) superarán por mucho la reforma de gobernanza gracias a un mal diagnóstico de los problemas económicos del país.

En el fondo, la amenaza deflacionaria en los resultados de Japón es el subconsumo. El superávit de ahorro del sector corporativo -flujo de efectivo que excede por mucho a la inversión- es parte de eso. Los negocios simplemente están acaparando demasiado dinero del ingreso nacional. Sin embargo, el efecto de la devaluación del yen ha sido la de transferir el ingreso del sector doméstico al sector empresarial. Para evitar un impuesto más alto al consumo que debilite la demanda interna, el gobierno también redujo el impuesto corporativo y repartió incentivos para la inversión a los negocios, y al mismo tiempo aumentó el gasto público. Nuevamente los flujos van al revés.

La posibilidad de un cambio en China podría ser mejor. En el esfuerzo para cambiar de un nivel de inversión de casi 50% del producto interno bruto a un modelo económico más orientado al consumo, alentará a las empresas estatales chinas para desembolsar más efectivo. Sin embargo, la pregunta interesante aquí es si el efecto benéfico de tener menos acumulación de efectivo, en términos globales, será compensado con el exceso de ahorro en la eurozona.

El saldo positivo actual de la cuenta corriente de la eurozona ahora funciona al 2.5% del PIB. Ya que el superávit representa un exceso de ahorro sobre la inversión, la eurozona está succionando la demanda de la economía mundial. Y como resultado de la austeridad fiscal encabezada por Alemania, la economía de la eurozona está al borde de la deflación.

Mientras el Banco Central Europeo está comprando activos en un intento de relajar la política, no está claro si puede hacerlo en una escala suficiente y en el tiempo adecuado para prevenir que se establezca la psicología deflacionaria.

Con las tensiones fiscales acumulándose y la fricción entre países acreedores y deudores sobre cualquier movimiento potencial de que el BCE está construyendo una flexibilización cuantitativa, la eurozona parece haber alcanzado un momento crucial. La política actual ha fallado. Es necesario discutir largo y tendido sobre un nuevo planteamiento.