Vencer la burocracia de Pemex, el principal reto de Emilio Lozoya

El director general de Pemex es discípulo del ex secretario de Hacienda, Pedro Aspe, cuya misión principal es transformar a la burocracia petrolera del país.
Su misión es transformar a Pemex en un ágil operador corporativo que tiene que entregar resultados.
Su misión es transformar a Pemex en un ágil operador corporativo que tiene que entregar resultados. (Reuters)

México

El joven director de Pemex tiene un nuevo consejo de administración y una estrategia enfocada, y quiere seguir adelante aumentando la producción, rápido.

Su misión es transformar a Pemex de una gigantesca empresa petrolera estatal en la que todo era para todos en un ágil operador corporativo con una clara estrategia que tiene que entregar resultados y revertir la caída de su producción.

Libre de la necesidad de invertir en actividades no rentables, Lozoya planea empezar con lo que Pemex conoce mejor -los campos en aguas someras- y a partir de ahí pasar a la exploración en aguas profundas.

Emilio Lozoya Austin cuenta con títulos universitarios en economía y leyes, una maestría en Harvard, y experiencia en transformación corporativa y en fondos de inversión, así que hay pocas probabilidades de que Lozoya, quien cumplirá 40 años en diciembre, baje de intensidad.

Alto y elegante, con una afición por los relojes Patek Philippe, el director de Pemex es hijo de un ex ministro de energía, pero era nuevo en el servicio público cuando Enrique Peña Nieto, el presidente reformista, lo designó para el puesto hace casi dos años.

Al igual que Luis Videgaray, el secretario de Hacienda, Lozoya no solamente fue un estudiante y un protegido de Pedro Aspe, un especialista en capital privado y ex secretario de Hacienda, sino también un miembro clave del equipo de transición del presidente.

“Tiene una gran personalidad”, dice David Goldwyn, ex oficial de asuntos de energía del Departamento de Estado de Estados Unidos, sobre Lozoya.

Los posibles inversionistas están encantados e impresionados con la visión y empuje de Lozoya, y él está consciente de que cuando se trata de transformar a Pemex la responsabilidad es suya.

Es una tarea formidable.

La empresa petrolera estatal se creó en 1938, después de que México expulsó a las grandes petroleras extranjeras y nacionalizó el sector energético. Desde entonces ha sido el corazón del estado, financiando una tercera parte del presupuesto nacional a través de impuestos y empleando a cerca de 150 mil personas.

Pero Pemex también llegó a ser conocido por su enorme corrupción y una burocracia fosilizada de la que ahora Lozoya debe deshacerse.

El director general, quien fue galardonado con el título del ejecutivo petrolero del año por los ejecutivos de la industria internacional, ya está instalando una cultura de meritocracia. Un ex consultor de McKinsey trabaja en las operaciones. Un ex funcionario del Fondo Monetario Internacional está en el departamento de finanzas.

Lozoya es el conductor de la campaña del presidente para modernizar a México, pero tal vez no sea un camino fácil: cuando el gobierno invite a las licitaciones de los antiguos activos de Pemex el próximo año, impulsará a la empresa a una competencia sin precedentes en su propia casa.

Lozoya se está preparando para enfrentar los desafíos que se aproximan e incluso ha hablado de separar algunos activos y venderlos, un movimiento que probablemente causaría muchas molestias.

Pero parece que él admira a la gente que rompe el molde: su colección de arte incluye trabajos de Picasso y Dalí. Y su hobby es el boxeo. No esperen que se ande con rodeos.

Información adicional de John Paul Rathbone.