Demis Hassabis, científico británico apuesta por la inteligencia artificial

Hassabis tiene un gran proyecto entre manos: crear inteligencia artificial que tome decisiones y predicciones independientes, tal y como el ser humano lo hace.
“Es importante tener dinero porque te da la libertad de tomar las decisiones correctas para tus objetivos. Pero nunca será el fin en sí mismo”.
“Es importante tener dinero porque te da la libertad de tomar las decisiones correctas para tus objetivos. Pero nunca será el fin en sí mismo”. (FT.com)

Estados Unidos

Antes de tener la oportunidad de ordenar la comida, le pregunto a Demis Hassabis si su trabajo llevará a la extinción de nuestra especie. Hakkasan Hanway Place, un restaurante cantonés de lujo en el centro de Londres, parece un lugar extraño para preocuparse por el apocalipsis. Pero el tema me viene a la mente porque Hassabis es el hombre que, en un futuro no muy lejano, puede lograr la creación más poderosa de la humanidad: la inteligencia artificial.

Un erudito moderno, la carrera del hombre de 38 años ya incluye descripciones como niño prodigio del ajedrez, experto en programación computacional, diseñador de videojuegos y neurocientífico. Hace cuatro años, estas experiencias lo llevaron a iniciar DeepMind, una compañía de inteligencia artificial (IA) que, dice, tiene el objetivo de hacer “máquinas inteligentes”.

Hassabis me dice que conoce bien el restaurante, aquí es a donde trajo a los ejecutivos de Google, durante una serie de reuniones que llevaron al gigante de los buscadores a pagar 400 millones de dólares por su incipiente compañía hace un año.

Tal vez la mejor manera de entender el trabajo de DeepMind es ver una de las presentaciones de Hassabis en YouTube. Ahí, muestra el sistema de tecnología de IA y cómo ésta puede jugar videojuegos retro como Space Invaders. Al principio, la máquina pilot no tiene esperanza pero, después de unas horas, dispara misiles a sus blancos con una precisión asombrosa.

La máquina aprende, se adapta y entonces resuelve problemas de mejor manera y más rápido que cualquier humano. Pero a Hassabis no le interesa crear una computadora que sólo sea buena para los videojuegos. Tiene la ambición de crear sistemas de IA “generales” que utilicen información “no estructurada” de su entorno para tomar decisiones y predicciones independientes. Justo como lo hacen los humanos.

Hassabis creció en el norte de Londres, cerca de donde actualmente reside con su esposa y dos hijos. A los 13 años, era un maestro de ajedrez. En 1994 entró a la universidad de Cambridge para estudiar ciencias de la computación, pero no estaba convencido de algunas de las enseñanzas que se enfocaban en la IA limitada, que depende en que los programadores adjunten “etiquetas” a los datos con el fin de que una computadora le de sentido a la información.

Fue cerca de esa época que decidió crear DeepMind, un proyecto de investigación que se transformó en startup de tecnología. Hassabis dice que, incluso entonces, estaba consciente de que esto era un plan a 20 años.

Con la protección de Google, DeepMind se expandió a cerca de 100 empleados. A diferencia de muchas startups de jóvenes, el promedio de edad del grupo está en la mitad de los 30. Normalmente, la mayoría de estos empleados tienen uno o más doctorados. Como resultado, las oficinas de DeepMind en Londres son, dice, “un poco más sofisticadas” que las de Google. No hay codificadores tumbados en puffs de colores, dice, sólo “sofás serios para pensamientos serios”.

Le pregunto por qué decidió vender su compañía a Google. DeepMind tenía mucho dinero en el banco. Hassabis dice que antes de unirse a Google buscó una serie de garantías para garantizar que su grupo fuera “semiautónomo” de sus mecenas corporativos. DeepMind permanece en Londres, no en Silicon Valley. También crea un comité de ética -actualmente entrevista a filósofos y expertos, aunque no dice a quiénes- que gobernará cómo puede utilizarse la tecnología. Por ejemplo, se descarta cualquier uso de tipo militar.

“Todas estas tecnologías son neutrales por sí mismas”, dice, “pero dependen de cómo las utilicemos. Tenemos que asegurarnos de que entendemos cómo las vamos a usar y que lo haremos de la manera correcta. No quiero que sea neutral. Quiero que sea buena”.

Sin embargo, al final, Hassabis tiene que informar a los ejecutivos de Google. ¿Seguramente permanecer independiente habría asegurado un mejor control de tu creación? “Mi plan no era vender la compañía”, dice. “Quería crear un Google para nosotros. Me di cuenta hace un par de años, que intentar construir IA mientras intentas construir una empresa de miles de millones de dolares al mismo tiempo, es prácticamente imposible. Tenía que hacer una u otra. Me importa mucho más la investigación”.

Los beneficios para Google son claros. La tecnología de DeepMind se incorporará en sus productos.

Le pregunto ¿qué lo motiva? ¿Es dinero? Se informa que el acuerdo con Google le dejó a Hassabis 80 millones de libras. Él argumenta, convincentemente, que ser rico no le preocupa mucho. “Es importante tener dinero porque te da la libertad de tomar las decisiones correctas para tus objetivos. Pero nunca será el fin en sí mismo”.

Entonces, tal vez, ¿su legado es lo que lo empuja?

Reflexiona sobre esto. “¿Sabes? cómo me preguntaste si cuando jugaba ajedrez era importante ganar, es sumamente importante, desde mi propio punto de vista de completar mi potencial. El legado es importante en eso, un día, espero haber hecho algo lo suficientemente importante con mi vida, y con la tecnología, que habré hecho un cambio profundo en la sociedad para bien”.

Antes de irse le pregunto cuánto tiempo tomará crear IA general. ¿Cuándo empezarán las líneas de los códigos computacionales de Hassabi, sus algoritmos, a escribir sus propias líneas de código, sus propios algoritmos? Dice que, al igual que los humanos y toda la vida que surgió antes, la IA evoluciona. “Construimos sistemas que tienen la capacidad de reconfigurarse en nuevas formas que no hemos programado previamente. No sé si lo llames escribirse a sí mismo. Es más parecido a la forma como funciona el cerebro. Incluso esta plática en el almuerzo que tuvimos. Cambia algunas sinapsis de nuestros cerebros”, se ríe, antes de agregar: “Nos guste o no”.