China abandona la cultura del ahorro

 Para sostener su ritmo de crecimiento, el gobierno y los hogares chinos entraron en una fase de despilfarros a través del endeudamiento.
En promedio, los consumidores chinos tienen una deuda de mil 290 dólares anuales de los 6 mil 800 dólares
En promedio, los consumidores chinos tienen una deuda de mil 290 dólares anuales de los 6 mil 800 dólares (Shutterstock)

Londres

El ahorro como virtud está incrustado profundamente en la cultura china. Los ideogramas escritos para “ahorro” y “almacenar” van bien con los símbolos para el grano, los campos, la seda  y los hijos. Por el contrario, la representación para la deuda muestra a un hombre parado -uno se imagina que desamparado- al lado de un montón de conchas de cauri, una antigua forma de reconocimiento de una deuda. A los niños se les enseña que la “diligencia es una fuente de ingresos y el ahorro es una mina de oro”, mientras que a los adultos se les advierte en un proverbio con cierto tono humorístico que “irse temprano a la cama para ahorrar velas no es económico si el resultado son unos gemelos”.

El dinero, o la falta de él, fue también el motivo principal detrás de la decisión del Partido Comunista de abrir la economía a la inversión extranjera hace más de tres décadas. Tan aguda era la falta de efectivo en ese tiempo que en 1974, cuando Deng Xiaoping -el posterior arquitecto de las reformas capitalistas- se preparaba para llevar a una delegación a la ONU, se encontró que solamente había 38 mil dólares de reservas en las arcas del Estado para pagar el viaje.

¿Entonces por qué, con esos potentes recordatorios sobre la importancia de la administración del dinero, en los últimos cinco años el gobierno chino se desvió tanto del buen camino financiero? Las deudas totales contraídas por el gobierno, las empresas y los hogares han crecido al 240% del Producto Interno Bruto, prácticamente el doble que durante la crisis financiera mundial.

Esta relación, es verdad, todavía es baja comparada con algunas en occidente; las deudas de Estados Unidos representan 322% del PIB; la de Irlanda se encuentra a más de 400%; mientras que las de Grecia y España están en alrededor del 300% cada una. Pero la velocidad en el aumento del apalancamiento de China ha sido sin paralelo, y debido a las elevadas tasas de interés chinas (en un promedio de 7% de acueredo con la calificadora Fitch) el costo del servicio de la deuda ha aumentado mucho más rápido que en otros países endeudados.

China se prepara para pagar este año una cuenta de interés de alrededor de 1.7 millones de millones de dólares (mdd), una cantidad no muy lejana a la del PIB total de la India del año pasado (1.87 millones de mdd) pero mayor que las economías de Corea del Sur, México e Indonesia.

Irónicamente, Hu Jintao, el presidente durante la crisis financiera, promovió letreros en todo el país que anunciaban los “Ocho honores y ocho deshonores” en donde se instaba a la gente a “trabajar duro y vivir plenamente; no regodearse en lujos y placeres”. Xi Jinping, el actual presidente, ha intensificado todavía más el ritmo con una campaña nacional de austeridad.

Una respuesta para la pregunta de por qué Beijing cayó tan rápidamente en el endeudamiento es que no tuvo más remedio que hacerlo. Los pasivos representan los costos en los que se incurrieron para responder a la crisis mundial. El colapso de la demanda de EU en 2008 golpeó al sector exportador chino, dejando a cerca de 30 millones de personas sin empleo en cuestión de meses y obligando a Beijing a lanzar un programa de estímulos que trajo un nuevo ímpetu en los gobiernos locales.

Una capital sin gracia de la provincia norteña se volvió famosa por construir el segundo edificio más grande del mundo, después del Pentágono, para servir como sus oficinas centrales administrativas. Nuevas carreteras, vías de tren, puertos, aeropuertos, puentes y parques industriales se construyeron en todos lados. Aproximadamente 9 mil 700 kilómetros cuadrados de nuevos recintos urbanos -el equivalente a 25 ciudades del tamaño de Detroit- surgieron entre 2008 y 2012, de acuerdo con la revista china Caixin. En algunos lugares “las ciudades fantasma” con menos de mil habitantes por kilómetro cuadrado ahora son como monumentos del triunfo de la exuberancia local sobre la demanda real.

La factura para la mayor parte de ese vorágine ha caído sobre los gobiernos locales y sus miles de “vehículos de financiamiento”. De hecho, sus deudas y pasivos contingentes constituyen la parte de crecimiento más rápido del total de pasivos de China, junto con los de las empresas de la industria pesada que fabrican acero, cemento y equipo que alimentaron el auge de la construcción.

Pero además de proporcionar el estímulo para reanimar una economía débil, el crecimiento de la deuda china también se deriva de la caída de la competitividad económica. Así, cuando los funcionarios chinos anunciaron esta semana la tasa de crecimiento trimestral del PIB más lenta (7.3%)  en cinco años, lo hicieron con una advertencia de que el mundo debería prepararse para la “nueva normalidad” de un crecimiento económico más lento. De lo que no dieron pistas fue del papel cada vez más central que el cúmulo de préstamos no pagados está desempeñando en la pérdida del dinamismo comercial chino.

Las empresas se ven afectadas porque, de acuerdo con las estimaciones del banco Standard Chartered, aproximadamente 32% de los nuevos créditos en estos días simplemente se utilizan para pagar los intereses de deudas contraídas. Los consumidores están en peligro porque los cargos de servicio de deuda general ahora equivalen a cerca de mil 290 dólares del PIB anual per cápita de 6 mil 800 dólares. Los gobiernos locales - todavía los principales agentes de inversión- ahora también sienten el impacto, como quedó claro por la propuesta del Ministerio de Finanzas esta semana para permitirles emitir nuevos bonos simplemente para financiar el pago de sus pasivos por vencer.

Fitch ve un punto de inflexión fundamental en uno de los crecimientos más grandes de la historia. La rápida fase de ponerse al corriente de China - en el que el crecimiento promedio fue del 10.2% anual durante tres décadas- está dando paso a un crecimiento más lento derivado del crédito que se está volviendo cada vez más lento.

Manejar esto no va a ser fácil. Para citar a un proverbio chino: “Cambiar de un estilo de vida frugal a uno de lujo es fácil, pero regresar del lujo a lo frugal es difícil”.