Carolina Herrera: “No soy una marca, soy una persona”

La empresaria venezolana defiende el arribo de personalidades que como ella no estudiaron diseño de modas pero que tienen un concepto de estilo y glamour.
Carolina Herrera es una diseñadora importante en el mundo de la moda
Carolina Herrera es una diseñadora importante en el mundo de la moda (Shutterstock)

Lóndres

Durante agosto, todos en Nueva York se van a las playas privadas de los Hamptons o las verdes campiñas de Connecticut.  “Ah, yo siempre estoy aquí en agosto”, ríe la diseñadora Carolina Herrera, quien construyó su empresa de miles de millones de dólares vistiendo a los que sí salen (entre ellas, Caroline Kennedy, embajadora de Estados Unidos en Japón y asidua de Martha’s Vineyard durante el verano).

La señora Herrera (o Mrs Herrera), como la llaman todos por respeto a su edad, 73 años, y  por la finura de sus modales, un tanto anticuados, construyó un imperio basado en esta actitud: en querer compartir con otros su estilo de vida, que es rico, culto, internacional, discreto y en gran medida personificado por ella misma.

Ella es su propio modelo; la mujer que elevó a símbolo de estatus la camisa almidonada con la falda de amplio vuelo e inspiró a muchas generaciones a usar el shift dress (vestido recto) hecho a la medida y los trajes que se quedan en el límite de lo apropiado.

Ella no lo describe exactamente así. A la señora Herrera le gusta decir “Yo sólo hago ropa. Me interesa la belleza y hacer bellas a las mujeres”. Este podría considerarse una declaración bastante anodina, pues la diseñadora originaria de Caracas es también un símbolo de asuntos modernos, como el poder de la mujer (empezó su propia compañía a los 41), la creciente importancia de América Latina como mercado de la moda, y el surgimiento del diseñador que es una celebridad social. La respuesta también es característica de Herrera.  DIcho de otra manera: se le ha pedido varias veces que sea juez en Project Runway, siempre ha declinado.

“Esos reality shows”, dice apenas moviendo la cabeza mientras el mesero le sirve un poco de agua mineral.  “Esclavas de los medios y demás, todo sobre uno mismo: ¿quién quiere vivir así? Toda la atención sobre Kim Kardashian y su peso. Estoy segura de que fue a propósito para que después pudiera venderse a WeightWatchers”. Pone los ojos en blanco y pregunta: “¿Qué tema es el más aburrido?” Trato de responder pero ella se adelanta, “ Te lo voy a decir: ¡uno mismo!”

Como ella misma lo dice, la señora Herrera fue educada para “casarse y tener hijos, para ser una persona cultivada y discreta.” Y dice más adelante, “yo sé que en estos días uno tiene que pensarse a sí mismo como una marca pero yo pienso en mí como una persona”.

Con frecuencia regresa a Caracas, pero, dice “Trato de no hablar de política por mi hija y mi nieta que viven allá. El país es bello pero puede ser peligroso, y no quiero arriesgar nada”. Su hija mayor, Mercedes, es la que vive en Caracas. Tiene dos hijas con su actual esposo Reinaldo Herrera, editor de proyectos especiales de Vanity Fair, Patricia y Carolina Jr.  Mercedes y Ana Luisa, son producto de su primer matrimonio con el hacendado Guillermo Behrens-Tello (se casaron cuando ella tenía 18 y se divorciaron cuando tenía 24). Carolina Jr trabaja en la compañía de Herrera en el área de fragancias, mientras que Patricia se concentra en la sección ready-to wear. “Es muy útil tener a tus hijos en la compañía”, dice Herrera. “Cuando no les gusta algo te lo dicen inmediatamente”. De hecho, sus hijas llevan el crédito de que las colecciones se hayan relajado haciéndolas más relevantes para las mujeres de veintitantos años.

De niña y adolescente, Carolina Herrera viajó mucho a EU y Europa con su familia, que pertenece a la aristocracia latinoamericana (su padre era miembro de la fuerza aérea y en algún tiempo, gobernador de Caracas). Con Reinaldo se movía igualmente en círculos internacionales. En cierta ocasión platicaba con su amiga Diana Vreeland, entonces editora de Vogue EU, y mencionó que pensaba crear textiles. Vreeland dijo “que era una idea muy aburrida y que mejor hiciera vestidos”, recuerda Herrera. En aquel entonces, su experiencia laboral era de seis meses en la boutique de Emilio Pucci en Caracas cuando se divorció. Pero la idea se fijó en su mente y poco después en una fiesta conoció a Armando de Armas, dueño de la casa editorial de revistas más grande de América Latina, quien se ofreció a ser su socio.

Lanzó su compañía epónima en Nueva York en 1981 y desde entonces ha trabajado allí. Ella se considera de nacionalidad venezolana pero una diseñadora americana. “Nueva York es la capital del mundo”, dice. “Si tienes éxito aquí, tienes éxito en cualquier lado”.

En 1986 lanzaron una línea más económica, CH. En 1987, con Puig, el grupo de fragancias y moda propiedad de una familia española, lanzó su perfume. En 1995, Puig compró la parte de Armas para asociarse en la compañía. “Tenemos valores similares”, dice. Actualmente Carolina Herrera tiene 95 tiendas de su propiedad en todo el mundo y 400 puntos de venta de ropa. Vistió a Jaqueline Onassis y a Laura Bush, e hizo el vestido de bodas para la parte 1 de Amanecer, la saga de cuatro películas de Crepúsculo.

Dada la importancia de Brasil y de México como nacientes mercados de lujo, y por el perfil de Herrera en el mundo de habla hispana, podría estar a punto de crecer exponencialmente.

Aunque ella formó parte de la primera oleada de socialités en el mundo de la moda, mujeres cuya habilidad consiste en vestirse con distinción y en su conocimiento de un mercado, ella es la única cuyo negocio sigue en pie, y no tiene planes de retirarse.

“Apuesto por la elegancia y la consistencia”. Por otra parte, ella entiende a los nombres de los arribistas que han hecho noticia recientemente, como Tory Burch, Victoria Beckham y las gemelas Olsen. Carolina Herrera conoce los obstáculos que están enfrentando.

“El problema es que ahora todos son diseñadores”, dice. “Eres un cantante exitoso o un tenista exitoso… y ya, ¡eres un diseñador! Y sucede que ya no hay nadie que no sepa de moda o que dé su opinión. Hasta mi chofer sabe de moda. Pero para realmente tener éxito, tienes que tener ojo. Eso es lo más importante, más importante de lo que puedas aprender en la escuela. Necesitas un ojo para la proporción, la textura y el color. Y por eso me contraría escuchar lo que la gente dice de Victoria. No puedes crear un punto de vista, que es algo que ella tiene, sin involucrarte verdaderamente en todas las decisiones”. Y ella lo sabe por experiencia, aunque no precisamente haya tenido que trazar cada vestido o cortar las colas, ella está totalmente involucrada en toda su marca, desde definir cada temporada hasta editar cómo se expresará finalmente. Y sin embargo, nunca pretenderá ser la que lo hace todo.

Más bien, su consejo para las mujeres que han venido después de ella es: “Trata de no hacerlo todo tú misma. Que alguien maneje el negocio por ti”. Cuando le pregunto si cree que las mujeres pueden tenerlo todo, dice que sí. “Pero sólo no todo al mismo tiempo”.

Cuando le pregunto si su marido le ayudaba en la casa, simplemente empieza a reír.

“Oh, no”, me dice, pero añade que ella no lo hubiera querido. “Creo que es divertido que las mujeres se hagan cargo del hogar. A las mujeres les gusta jugar a la casita”. La contribución más grande del señor Herrera, más que echar porras, era “¡llevarse a las niñas de vacaciones en la primavera, solos ellos tres, para que yo pudiera trabajar!” (En Nueva York la primavera a menudo coincide con las semanas de las temporadas otoño/invierno).

Cuando le pregunto cuál es la clave para hacer todo esto, responde: “Un buen equipo”. A ella ya no le interesa ser una vocera del feminismo ni una activista política para su país natal. Pero esto no quiere decir que no se toma su papel de modelo a seguir con responsabilidad.

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Carolina Herrera me pregunta: “¿Cuál es el tema más aburrido?”

Abro la boca, pero me interrumpe “Te lo voy a decir: ¡Uno mismo!”

“Creo que es divertido que las mujeres se hagan cargo del hogar. A las mujeres les encanta jugar a la casita”.