Nuevo requisito para ser CEO: estar soltero

Tras un costoso acuerdo de divorcio para la petrolera Continental Resources, las empresas deberían considerar reclutar asesores matrimoniales por el bien de sus Consejos de Administración.
Harold Hamm, CEO de Continental Resources, tuvo que pagar casi mil mdd a su ex esposa Sue Ann en un juicio de divorcio.
Harold Hamm, CEO de Continental Resources, tuvo que pagar casi mil mdd a su ex esposa Sue Ann en un juicio de divorcio. (Reuters)

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Los directores generales o CEO de cualquier empresa tienen mucha gente que les ayuda. Abogados, banqueros y consultores trabajan con ellos todo el tiempo planeando estrategias. Sus choferes y pilotos los llevan a donde tienen que ir. Los gurús de las relaciones públicas y los entrenadores personales se aseguran de que luzcan bien cuando llegan a su destino. Los secretarios hacen todo lo anterior, y un poco más.

Aún así, resulta cada vez más evidente que cierta clase de nuestra élite corporativa necesita

ayuda adicional, no sólo por su propio bien, también por el de sus empleados, vendedores y accionistas. Si alguien me pregunta, yo diría que los CEO súper ricos necesitan un consejero matrimonial, ayuda profesional para mantener la tranquilidad doméstica antes de que los problemas de casa se conviertan en un problema no sólo en la recámara, sino también en la sala de Consejo.

Vimos mucho sobre los problemas maritales en el contexto corporativo hace unos días. Un juez de Oklahoma ordenó a Harold Hamm, fundador y CEO de Continental Resources, los productores de petróleo shale de Estados Unidos, que pagara casi mil millones de dólares (mdd) a su ex esposa, Sue Ann Hamm, una abogada que alguna vez trabajó en Continental, para resolver su juicio de divorcio.

El caso llamó la atención de todo el mundo debido al tamaño del premio, que, para decirlo claramente, está muy por encima de los sueños de la gran mayoría de la gente. Tal vez para nosotros la mejor explicación del impacto de un divorcio la dió el cantante de country Willie Nelson quien dijo que la próxima vez que tenga ganas de casarse, encontrará una mujer que no le guste y le comprará una casa.

Para Hamm, podría ser aún peor. Él es dueño del 68% de Continental, lo cual vale más de 13 mil mdd. Su ex esposa pedía varios miles de millones, por lo que ha prometido apelar, lo cual la convierte en uno de los rarísimos miembros de la raza humana que pueden usar la palabra “solo” cuando se refieren a mil millones de dólares.

Lo que me preocupa es lo que pasaría si la señora Hamm se lleva más dinero. Podría suceder que el señor Hamm se viera obligado a ceder tantas acciones de Continental que su control sobre la compañía se vería debilitado, lo cual cambiaría las vidas de todos los que se relacionan con la empresa, para bien o para mal, como dice la gente en estos asuntos.

El destino del matrimonio Hamm se convirtió en un asunto corporativo, lo que se refleja en la presencia del consejero general de Continental en las diligencias de divorcio. La señora Hamm, usando las palabras de los Bee Gees, era “más que una mujer”. Era una operación fuera del balance, como dicen en Wall Street. De hecho ella tenía una opción de compra que le daba acceso a una parte de Continental en caso de que su sociedad fracasara.

Sospecho que hay otros casos como el de los Hamm en el mundo de los negocios: directores generales con participaciones de control y sus medias naranjas fuera de control. Y por ello surge la cuestión de qué pueden hacer las compañìas y sus consejos de administración para evitar que los problemas maritales afecten sus esferas corporativas.

La respuesta, por supuesto, sería buscar jefes solteros. Tal y como se ha hecho por muchos años en la Iglesia Católica Romana. Además, creo que si se argumenta el que tengamos que alinear los intereses de los directores corporativos con los de los accionistas, la abstinencia sexual en el directorio de la empresa cobra cierta lógica.

Pero esto sólo podría funcionar en algunos rubros de la economía pero no en el rudo toma y daca de la industria energética estadounidense. No por nada a los tipos que salen a explorar y buscar petróleo en ese país se les llama ‘wildcatters’ (gatos salvajes que abandonan todo con el fin de buscar riquezas petroleras). Se supone que todos ellos viven al límite.

La razón más práctica sería encontrar cómo ayudar a los bien trajeados ejecutivos de las empresas públicas a manejar sus relaciones privadas. Después de todo, pocas parejas a la Hamm en el mundo de los negocios se presentarían a reuniones con las autoridades de sus industrias sin antes hablar con sus abogados o sus contadores. La interacción matrimonial tendría que manejarse con el mismo rigor. Hay demasiado en juego como para dejarlo al azar.

Pero proporcionar este tipo de servicios de asesoría matrimonial requiere profundos cambios en la cultura de las corporaciones modernas. Las empresas que ahora trabajan 24 horas todos los días son efectivas en muchas cosas… y ayudar a que la gente mantenga sus matrimonios no es una de ellas. No sé ustedes pero yo no recuerdo haber recibido un email o una llamada a media noche de un jefe o un colega para decirme que no descuidara a mi esposa o que estuviera en contacto con mis emociones. Este énfasis es el mismo en todas partes.

Pero como el caso Hamm sugiere, es hora de ayudar a que los lìderes corporativos manejen las relaciones con sus parejas alineadas con los intereses de sus accionistas. No necesitamos esperar a que el olvido de un aniversario o una noche desafortunada en Las Vegas provoque el cambio en el control de una empresa que cotiza en la Bolsa.

Por ello le pido a nuestros lectores en la élite de los negocios que recuerden lo que le sucedió a sus hermanos de Wall Street la década pasada: aprendieron demasiado tarde que necesitaban saber más sobre los riesgos a las entidades que no figuran en sus hojas de balances, como los vehículos estructurados de inversión (SIV).

Y ahora, habrá que preguntarse: ¿Cuál es la diferencia entre un SIV y una media naranja? Cualquiera que haya pasado por esta ruta una o dos veces sabe que un SIV es más fácil de entender.