En Brasil, la clase media empieza a perder terreno

La salida de la pobreza de millones de brasileños produjo enormes cambios políticos y económicos, lo que le ganó al PT una base leal de apoyo de los votantes.
La Secretaría de Asuntos Estratégicos de Brasil definió a la última “clase media” en 2012 como todos los que viven en un hogar cuyo ingreso per cápita se encuentra entre 291 y 1,019 reales (entre 99 y 347 dólares) al mes.
La Secretaría de Asuntos Estratégicos de Brasil definió a la última “clase media” en 2012 como todos los que viven en un hogar cuyo ingreso per cápita se encuentra entre 291 y 1,019 reales (entre 99 y 347 dólares) al mes. (Foto: Reuters)

Nueva York

Hace diez años, el músico brasileño, Max Gonzaga, saltó a la fama con “Middle Class” (Clase media), una exitosa canción sobre los millones de brasileños que salieron de la pobreza para unirse a la clase media, a la que a menudo en Brasil se refieren como la “Clase C”. “Odio los autobuses. Tengo un coche que compré a plazos... siempre estoy al límite de un sobregiro”, dice la letra, con la que captura el cinismo que muchos de los brasileños más ricos sintieron sobre el consumismo que se apoderó del país.

Desde que el partido gobernante de Brasil, el Partido de los Trabajadores (PT), llegó al poder en 2003, más de 40 millones de brasileños se unieron a la clase media, gracias a los programas de prestaciones del gobierno como Bolsa Familia y al auge económico que elevó los salarios y creó empleos más estables.

La mayor inclusión financiera y la expansión de los mercados de crédito de Brasil también significaron que, por primera vez, muchas de estas familias podían comprar adornos del estilo de vida de la clase media en cómodos plazos mensuales. La Secretaría de Asuntos Estratégicos de Brasil definió a la última “clase media” en 2012 como todos los que viven en un hogar cuyo ingreso per cápita se encuentra entre 291 y 1,019 reales (entre 99 y 347 dólares) al mes, aunque las definiciones varían ligeramente entre las instituciones del país.

La salida de la pobreza de millones de brasileños produjo enormes cambios políticos y económicos, lo que le ganó al PT una base leal de apoyo de los votantes que ayudaron al partido a mantenerse en el poder desde entonces, mientras atraían inversionistas extranjeros e impulsaban el crecimiento económico.

Sin embargo, la nueva Clase C brasileña ahora está en una encrucijada. En el último par de años, muchos quedaron frustrados con las limitaciones de su nuevo estatus, además de las lavadoras, ellos quieren mejor educación, hospitales y otros servicios públicos.

En junio de 2013, más de un millón de manifestantes tomaron las calles de Brasil. Pero a media que la mayor economía de América Latina enfrenta este año su peor recesión en un cuarto de siglo, las preocupaciones de la nueva clase media son todavía mayores, dice Mauro Paulino, director general de la encuestadora Datafolha, que le dio seguimiento a las protestas. “En ese momento (durante las manifestaciones de 2013), existía la sensación de que este proceso de ascenso social se paró, peroa hora realmente temen perder todo lo que lograron, (temen) retroceder”, dice.

Las señales de la “marcha atrás de la clase media” ya son evidentes. En noviembre pasado, IPEA, el think tank del gobierno, dijo que el número de brasileños en pobreza extrema aumentó en 2013 por primera vez desde 2003. La Clase C de Brasil ya tampoco es el conductor del consumo en el país, de acuerdo con el proveedor de información y datos, Nielsen.

Las clases más ricas, A y B -33% de la población brasileña- representa 60% del crecimiento del gasto en Brasil, mientras que la clase C -53% de la población- sólo representa 33%, dijo Nielsen en un estudio que publicó en marzo.

En 2009, los brasileños de la Clase C representaron 60% del crecimiento del gasto del país. Aunque las últimas medidas del gobierno para mejorar las cuentas fiscales del país y atraer inversión prometen ayudar a regresar a la economía al buen camino, se mantiene la incertidumbre sobre el largo plazo de la Clase C y, a su vez, en el desarrollo económico y social del mismo Brasil.

La mayor preocupación entre la nueva clase media de Brasil, dice Paulino, es el crecimiento del desempleo, principalmente entre los jóvenes, a lo que le sigue la inflación.

“Cuando las familias van al supermercadono pueden llenar sus carritos como lo hacíana ntes con la misma cantidad de dinero, y cuando ven la televisión, todas las noticias hablan sobre la corrupción”, dice Paulino. “Les falta dinero y al mismo tiempo les dicen que los robaron”.