ALMUERZO CON FT - Edmund Phelps: ¿Un economista romántico?

Edmund Phelps nos habla sobre su experiencia en la economía.
Edmund Phelps ganó el Premio Nobel de Economía en 2006.
Edmund Phelps ganó el Premio Nobel de Economía en 2006. (Cortesía Columbia University)

Londres

Acordé reunirme con Edmund (Ned) Phelps, director del Centro sobre Capitalismo y Sociedad en la Universidad de Columbia, en el Hotel Kongress en Davos. A los 80 años, su cabello es gris pero se mantiene delgado y activo, física e intelectualmente.

Phelps ganó el Premio Nobel de Economía en 2006 por su trabajo de vanguardia en la década de los 60, particularmente en la “tasa natural de desempleo”, la idea de que la política monetaria no puede alterar la tasa de desempleo de largo plazo.

Es, en mi opinión, un verdadero yankee, promoviendo el dinamismo que hizo al norte de Estados Unidos la región más dinámica y emprendedora del planeta desde mediados del siglo XIX hasta el siglo XX. En su último libro, Mass Flourishing  (Florecimiento en Masa, 2013), Phelps llama “valores modernos” al deseo de las personas de dar forma a sus vidas.

¿Qué lo llevó a escribir Mass Flourishing? Me cuenta que se percató, según dice, que la economía estaba entrampada en la idea de que el avance es finalmente el resultado del descubrimiento científico.

“Eso me agobiaba. Así que comencé a pensar acerca de lo que impulsa la innovación y cuál podría ser su importancia social. El paso siguiente era pensar: los innovadores dan un salto a lo desconocido. Eso me llevó a la idea de que también es una fuente de diversión y compromiso de los trabajadores”.

Phelps me dice que sintió que esta idea era tan novedosa y debatible “que era mejor encontrar alguna evidencia que la sustentara, y lo hice. En las sociedades donde uno ve una mayor prevalencia de los ‘valores modernos’, individualismo, vitalidad y autoexpresión, también se informa que hay una mayor satisfacción laboral”.

El premio Nobel llegó a argumentar que tras la segunda guerra mundial es difícil ver mucha innovación en Gran Bretaña, Alemania y Francia, e incluso hubo una notoria reducción en EU a finales de los 60 y sostiene que esta caída de innovación es una tragedia.

Concuerdo en que el siglo XIX fue económicamente creativo, pero ¿hasta qué punto llevó eso al “florecimiento masivo”? ¿No es una visión romántica? Phelps responde que soy el primero en sugerir que es un “romántico”.

“Soy escéptico respecto de la tesis de que la innovación fue en gran medida burocratizada durante este período”, responde. “Las décadas de los 20 y los 30 fueron un período de crecimiento sensacional de la productividad.

¿No estará subestimando el impacto de avances fundamentales, como la electricidad, el motor de combustión interna, la química y las computadoras? “Que haya saltos en innovación no es el punto. No puedo imaginar un mundo en el que es imposible concebir nuevas cosas. La pregunta es más bien por qué hemos tenido menos de esos saltos recientemente”.

Y afirma que su mayor interés radica en lo que sucede con la experiencia de trabajo y las oportunidad para ejercer la creatividad, “el resurgimiento de los valores tradicionales (valores que se oponen a la auto expresión individual) ha traído un nuevo materialismo, que no es bueno para la innovación, porque la innovación es algo cerebral, intelectual. También está mi punto de que el sector financiero ve las cosas a corto plazo. Eso afecta ahora el modo en que se hacen negocios en el corazón de EU”.

Además, añade, “en EU ahora cada legislación tiene mil páginas, con todo tipo de recovecos y beneficios tributarios y regímenes especiales... y la posibilidad de obtener estos beneficios, por supuesto, desata el cabildeo, que a su vez estimula más de lo mismo.”

“Esto distrae a los directores ejecutivos de la innovación, porque hay una manera más fácil de mejorar la última línea. No sólo eso, sino que los intereses creados han hecho más difícil la entrada de los recién llegados. Y así las empresas establecidas ya no tienen que innovar”.

Si un presidente realmente creyera en la doctrina Phelps, ¿cómo se vería su programa? pregunto. “Bueno, hay que comenzar con una conversación nacional sobre la importancia de la creatividad y el descubrimiento, pero sobre todo de la innovación empresarial. Necesitamos que la gente y el gobierno ‘sigan con el programa’. No estoy en contra de un gobierno grande. Me encantaría tener enormes subsidios de empleo, para revolucionar los términos en los que se da empleo a trabajadores de bajos salarios y, si hay algunas iniciativas interesantes que el gobierno pudiera tomar para abrir camino a una mayor innovación, sería genial. Pero tenemos que parar toda esta protección social. Tenemos que usar el dinero de los impuestos en cosas como subsidios al empleo de bajos salarios, subsidiando el trabajo, subsidiando la innovación tal vez, subsidiando la inversión tal vez”.

Phelps admite que los bancos son un problema: “Parte de mi visión es que los grandes bancos deberían dividirse. Me gustaría ver una economía norteamericana que regrese a los pequeños bancos arraigados en las comunidades en donde los banqueros saben algo sobre las startups locales”.

Con eso, nos vamos: Phelps cree apasionadamente que la creatividad permite a las personas vivir una vida más plena y rehacer el mundo.