Caída del petróleo, ¿nueva amenaza para los bancos?

Aunque las petroleras son las grandes perdedoras con la caída de los precios, el impacto a los bancos que les han hecho préstamos, es potencialmente nocivo.
El mes pasado Wells Fargo y Barclays apoyaron la fusión de los grupos petroleros Sabine y Forest con un préstamo por 850 millones de dólares.
El mes pasado Wells Fargo y Barclays apoyaron la fusión de los grupos petroleros Sabine y Forest con un préstamo por 850 millones de dólares. (Shutterstock)

Estados Unidos

Los bancos más grandes del mundo podrían poner fin a sus recientes problemas. Por una vez, otro sector está sufriendo una serie de golpes. En cuestión de meses, la caída del precio del petróleo ha eliminado casi un 25% del valor en el mercado de las principales empresas petroleras. Pero, ¿los bancos podrían estar sonriendo demasiado pronto? ¿La agitación del mercado petrolero podría convertirse en su siguiente pesadilla?

El mes pasado, hubo un indicio de lo que podría pasar pronto cuando se supo que los bancos Wells Fargo y Barclays estaban expuestos a grandes pérdidas potenciales en un préstamo petrolero, específicamente, 850 millones de dólares (mdd) de financiamiento concedido a principios de año para apoyar la fusión de los grupos petroleros estadounidenses, Sabine y Forest. Los intentos para sindicar el préstamo habían fracasado en medio de la caída del precio del petróleo. Los bancos, que dirigieron la recaudación de fondos, se quedaron sosteniendo pérdidas de valor de mercado estimadas hasta en 40%.

Desde entonces, la caída del precio del petróleo ha seguido empeorando. La semana pasada, el Brent llegó a un nuevo mínimo en cinco años de casi 60 dólares por barril. Esta es una caída de casi el 50% en comparación a su nivel más alto en el verano. Pocos expertos esperaban que se sostuviera una ligera recuperación a inicios de diciembre, provocada por el cierre de dos terminales libias.

La tendencia es una gran noticia para los consumidores. Y es igualmente obvio saber que las petroleras son las grandes perdedoras. Menos claro, pero potencialmente nocivo, es el impacto en los bancos que han apoyado la vertiginosa expansión de la industria en los últimos años.

El financiamiento de Sabine-Forest es sólo uno de muchos. El financiamiento de gas y petróleo se ha desatado en el último par de años, dominando el lado más riesgoso del mercado de bonos. De acuerdo con datos recopilados por Barclays, los bonos de energía ahora representan casi el 16% de los mil 300 millones de mdd del mercado de bonos basura, más de tres veces la proporción que tenían hace 10 años. Casi el 45% de los préstamos sindicados de baja calidad de este año han sido en gas y petróleo.

Pero la demanda de los inversionistas no ha igualado el nivel de ofertas, con un resultado preocupante. Nuevas investigaciones de Alliance Bernstein destaca el grado de la exposición de los bancos estadounidenses: Wells Fargo encabeza la lista pues participó con 37 mil mdd de préstamos de baja calidad de 2012 a 2014. Sólo JPMorgan, con 31 mil 700 mdd de acuerdos se le acerca.

Hay una visión más optimista de la caída del precio del petróleo, que simplemente es la forma como se comportan los mercados y que el precio se recuperará a tiempo.

Pero, a muchos les parece que el petróleo a 60 dólares ha llegado para quedarse. La menor demanda se mantendrá durante años gracias al débil panorama para China y Europa. Si este punto de vista es correcto, hay un marcado paralelismo con el colapso del mercado inmobiliario en EU que anunció el inicio de la crisis financiera mundial de 2008 y puso de cabeza a los bancos en el camino. Estas instituciones de crédito con la exposición al petróleo pegada a sus libros bien podría quedar atrapados con grandes pérdidas.

Sin embargo, los bancos con la mayor participación en este mercado de alto riesgo se encuentran entre los más apreciados por los inversionistas.

La última demostración de músculo de los reguladores es oportuna. En EU, la Reserva Federal endurece aún más la relación de capital requerido a los bancos. Y se espera que un reporte simultáneo de estabilidad del Comité de Política Financiera del Banco de Inglaterra sea cero en el precio del petróleo.