El oro: ¿vale su peso?

Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal, recomienda ahora invertir en oro debido a temores de una mayor volatilidad en el futuro. 

Estados Unidos

Hace una década, cuando Alan Greenspan era el presidente de la poderosa Reserva Federal, era trístemente célebre por ofrecer ambiguos discursos místicos que nadie podía entender. Ya no. Recientemente entrevisté a Greenspan, de 88 años, en el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) sobre una versión actualizada de su último libro.

En estos días, Greenspan habla de una manera tran clara que algunas de sus palabras todavía están rebotando en la blogosfera. En la plataforma del Consejo de Relaciones Exteriores reveló que duda que los recientes experimentos de política monetaria en realidad han ayudado al crecimiento económico. También teme que esos experimentos han sido tan al azar que será muy difícil salir de ellos en el futuro sin provocar una gran volatilidad en el mercado. De hecho Greenspan está tan preocupado por una turbulencia en el futuro que aparentemente se solidariza con los que actualmente están acumulando oro. “¿Por qué los bancos centrales ponen dinero en un activo que no tiene una tasa de retorno, pero (tiene) un costo de almacenamiento y de seguros y todo lo demás?”, preguntó, antes de ofrecer su propia explicación. “El oro es una moneda. Todavía es, por toda la evidencia, una moneda excelente. Ninguna moneda fiduciaria (por decreto), incluyendo al dólar, puede igualarla”.

Por muchos estándares, es un comentario notable. En su juventud, Greenspan estaba fascinado por el oro. Pero la mayor parte de su carrera como presidente de la Reserva Federal, defendió el valor de las divisas por decreto (dinero respaldado por un banco central en lugar de un estándar de oro). Llama la atención que ahora considere al oro como una moneda viable, y es más, una atractiva apuesta de inversión. Esto es como si un pavo (retirado) diera un tratado sobre el valor de la Navidad.

Como era de esperar, que estos comentarios han desatado un desprecio considerable de algunos de sus colegas. Como uno me señaló esta semana, Greenspan no se cubrió exactamente de gloria durante la crisis financiera.

“Si hubieras seguido el consejo de Greenspan, este año habrías perdido dinero”, comentó otro, señalando que si ves las tendencias recientes de los precios del oro no parece haber una crisis de confianza en el dinero fiduciario.

Pero a pesar de lo que pienses de su historial, sospecho que sus puntos de vista actuales sobre política monetaria -y el oro- capturan el sentir de muchos inversionistas ordinarios, de hecho con más exactitud que las declaraciones oficiales de los gobernadores de bancos centrales.

Por ejemplo, observa a Suiza. A finales de este mes, los suizos votarán si el banco central del país debe repatriar sus tenencias de oro en el extranjero y aumentar significativamente su propiedad del commodity. Hasta hace poco, se asumió de manera generalizada que la idea sería descartada. Pero en encuestas recientes se indica que casi la mitad de la población apoya la idea.

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, las recientes elecciones de medio término fortalecieron al Partido Republicano y centró la atención en el senador republicano, Rand Paul. Es claro que Paul favorece un uso mayor del oro; y esto -junto con el voto suizo en ciernes- anima a la comunidad de personas que creen en el oro.

¿Por qué? La economía sin duda explica parte de la atracción. Como Greenspan señala, la magnitud de los recientes experimentos de política monetaria ha generado preocupaciones sobre un futuro estallido de la inflación. La política también es importante: el ala derecha en Estados Unidos (y, en menor medida en Europa) es tan vehementemente desconfiada del gobierno que quiere romper cualquier control burocrático sobre la moneda.

Pero hay una tercera cuestión, una psicológica más sutil. La mayoría de las personas comunes no tienen idea de lo que realmente están haciendo los bancos centrales con sus experimentos multimillonarios. La belleza del oro es que aparenta ser tangible y atemporal, creando una impresión de valor intrínseco.

Por supuesto, esta imagen es -irónicamente- también una ilusión. En realidad no puedes hacer nada práctico con el oro (como puedes hacerlo, digamos, con un trozo de carbón). Su valor depende de las convenciones sociales. Pero la cultura, como reconoce Greenspan, es algo muy poderoso, especialmente en un mundo de finanzas que está dirigiéndose al etéreo ciberespacio.