Explosión del ‘Falcon 9’ dispara las dudas en EU

Cuestionan que la NASA y la Fuerza Aérea estadunidense den confianza a la firma de Elon Musk en sus misiones.
El artefacto se desintegró luego de despegar de Cabo Cañaveral el domingo pasado.
El artefacto se desintegró luego de despegar de Cabo Cañaveral el domingo pasado. (Mike Brown/Reuters)

Nueva York

Una nube de humo surgió 139 segundos después de que inició el viaje del cohete Falcon 9 hacia la Estación Espacial Internacional, lo que indicaba que algo estaba mal. Momentos después, cuando el artefacto que operaba SpaceX se encontraba a casi 45 kilómetros por encima del océano Atlántico, se hizo más denso el humo y los restos del vuelo sin tripulación se desparramaron en el cielo.

Sin embargo, algo más que el cohete y la nave espacial Dragon con los suministros que transportaba se perdió encima de Florida la mañana del domingo. El accidente también destruyó algunos supuestos subyacentes de la política espacial de Estados Unidos.

SpaceX, fundada en 2002 por el empresario Elon Musk, no solo insiste en que es mucho más barato que United Launch Alliance (ULA), su principal rival, sino que es igual de confiable. El historial de la compañía llevó a la NASA y a la Fuerza Aérea de EU a que los vehículos de lanzamiento de SpaceX fueran partes críticas para sus planes.

La explosión también tendrá consecuencias para ambos. La NASA planea usar cohetes Falcon 9 para transportar astronautas a la estación espacial a partir de finales de esta década. En mayo la Fuerza Aérea autorizó a SpaceX como la segunda compañía —después de ULA— para transportar satélites de espionaje y de otro tipo para el área de seguridad nacional.

Loren Thompson, analista del Instituto Lexington con sede en Virginia, dice que el fracaso del domingo fortalecerá a los militares y a otros funcionarios que cuestionaron si el historial de SpaceX justificaba la confianza que se le dio a la compañía. ULA, que se formó en 2006 como empresa conjunta entre Boeing y Lockheed Martin, no tiene en su historial un fracaso total en 96 misiones.

“Esto va a reforzar las dudas de algunas personas en la Fuerza Aérea que cuestionaban acerca de recurrir a un proveedor no tradicional”, dice Thompson, quien realizó consultorías tanto para Boeing como para Lockheed.

Sin embargo, no hay una señal inmediata de que el último incidente minara la confianza de Gwynne Shotwell, la directora operativa de SpaceX. Horas después de la explosión, Shotwell, quien dijo que la firma pretende convertirse en el proveedor dominante en los lanzamientos espaciales, dijo que la explosión no cambia sus planes. El atractivo de SpaceX para el gobierno se debe en gran medida a la promesa de reducir los costos de llegar al espacio. La compañía ofrece lanzamientos de satélites comerciales por solo 60 millones de dólares, en comparación con el costo promedio de 164 millones de dólares para los lanzamientos del gobierno.

“Ciertamente es un momento para tomar una pausa y estar seguros de que hacemos todo lo que tenemos que hacer”, dijo Shotwell. “Pero no anticipo ningún cambio significativo”.

Sin embargo, la explosión le dará un nuevo peso al argumento de los partidarios de ULA de que los mayores costos de sus lanzamientos reflejan en parte una mayor confiabilidad.

La NASA ya perdió tres naves espaciales desde octubre, todas las compró bajo nuevos acuerdos contractuales con la intención de reducir los costos, dice Thompson.

Un cohete de Orbital Sciences Antares que se dirigía a la estación espacial explotó en la plataforma de lanzamiento en Virginia el 28 de octubre. En abril, una nave de suministros Progress 59 terminó girando inútilmente en la órbita equivocada después de su lanzamiento en Kazajistán, antes de que finalmente cayera de vuelta a la Tierra. John Hyten, director del comando espacial de la Fuerza Aérea de EU, advirtió en abril que no está dispuesto a lanzar satélites —algunos de los cuales tienen un costo de mil millones de dólares o más— en un cohete del que no está seguro de que va a funcionar.

“Las implicaciones de los recientes reveses de la NASA es que obtienes lo que pagas en el negocio espacial”, dice Thompson.

La pregunta crítica será si SpaceX puede identificar rápidamente la falla que provocó la explosión del domingo, corregirla y regresar a un patrón de lanzamientos que en su mayoría se dieron sin problemas.

Los primeros indicios el domingo fueron que la falla se desarrolló en la segunda etapa del cohete, que transporta la nave espacial de la atmósfera superior a órbita, y se preparaba para separarse de la primera etapa.

Marco Caceres, analista de Teal Group con sede en Virginia, acepta que la explosión fortalece a ULA. Pero agrega: “¿Es un argumento suficientemente (convincente) como para rechazar a SpaceX? Creo que la fuerza aérea tiene que observar cuidadosamente de nuevo y decir: ‘¿Esto fue algo de una sola vez o va a ser el patrón?’”.

Las preguntas sobre la confiabilidad se sentirán más intensamente en la estación espacial, donde seis tripulantes perdieron la posibilidad inmediata de, entre otras cosas, un nuevo lecho filtrante para el sistema de purificación de agua. El viernes se debe lanzar desde Kazajistán una misión de reabastecimiento.

Sin embargo, incluso con el desorden en el programa de suministros de la NASA, esto no tiene un mayor efecto en la suerte de varios proveedores; Al menos, ULA obtuvo una victoria. Con su cohete Antares, que todavía no puede volar, Orbital ATL —el nuevo dueño de Orbital Sciences— ha dispuesto que ULA asuma su próximo lanzamiento de carga a la Estación Espacial Internacional a finales de este año.

IMPACTO EUROPEO

El fracaso del niño de oro aumenta las preocupaciones por los programas de lanzamiento.

Las acciones de grupos europeos de satélites, como SES, Eutelsat, Inmarsat y Avanti, cayeron ayer después de la explosión en pleno vuelo del cohete de SpaceX el domingo en EU.

Los grupos de comunicación dependen del programa de lanzamientos para colocar sus satélites en el espacio a medida que la demanda por servicios de datos móviles aumenta. El golpe para SpaceX llega semanas después del fracaso en el lanzamiento de un rival en Kazajistán. Después del accidente de mayo, el cuarto en su tipo del sistema de cohetes Proton de fabricación rusa desde 2012, Inmarsat, Eutelsat e Intelsat detuvieron sus planes de lanzamientos en espera de los resultados de una investigación.

Los grupos de satélites tenían la esperanza de poder recurrir a SpaceX para futuras misiones. Los analistas de Jefferies llamaron al grupo espacial de Elon Musk el niño de oro de la industria espacial. “SpaceX es probablemente la mayor fuente de apoyo a mediano plazo para (los rendimientos de) la industria”, dijeron.

Un accidente en octubre contribuyó a los retrasos de la puesta en marcha comercial de Virgin Galactic. El sistema, con respaldo de sir Richard Branson, se espera que esté listo para el lanzamiento de satélites OneWeb en 2017, una empresa para crear una plataforma de comunicaciones móviles de órbita baja.

SES tiene la mayor parte de los planes de lanzamiento por medio de SpaceX que cualquier grupo europeo. Eutelsat también sufrirá retrasos.