Reformas españolas aleccionan a Europa

España desafió a las voces que predecían un rezago con respecto a la Eurozona y con sus reformas dio una lección al mundo
“Su transformación es una lección, y no sólo para Grecia, de que permanecer en la eurozona no condena a una nación al fracaso económico”.
“Su transformación es una lección, y no sólo para Grecia, de que permanecer en la eurozona no condena a una nación al fracaso económico”. (Foto: Reuters)

Mariano Rajoy, el primer ministro español, se puede sentir optimista ante la posibilidad de volver a ganar el poder en las elecciones generales del país a finales de este año. Cuando su partido de centro-derecha, el Partido Popular, ganó en 2011, se consideraba en lo general a España como el miembro de la zona euro que, a causa de sus problemas, tenía la mayor probabilidad de romper con la moneda única. En la actualidad, es una de las economías de mayor crecimiento en el bloque, con una proyección en el crecimiento de más de 3 por ciento. Mientras el drama griego dio la vuelta, el gobierno de Rajoy se ve con un cierto grado de serenidad que alguna vez parecía inimaginable.

Sin embargo, las esperanzas electorales de Rajoy no son tan claras como podrían ser. En las encuestas de opinión, su partido sólo tiene una ventaja mínima frente a los socialistas de oposición mientras que la calificación personal del primer ministro es desalentadora. Si tiene que luchar para volver a tener el poder es en parte porque la política española se fragmentó mucho con dos nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, que compiten por el apoyo de la extrema izquierda y del centro. Pero sus dificultades también reflejan el hecho de que muchos españoles todavía no tienen la certeza de realmente cuánto durará la mejora económica.

Rajoy merece el crédito de las reformas que ayudaron a iniciar la recuperación. En 2012, sacudió el mercado laboral español, hizo que fuera menos costoso para las empresas despedir a los trabajadores fijos. Su gobierno recapitalizó y reformó el sistema bancario del país cuando estaba a punto del colapso. Implementó reformas fiscales para impulsar la competitividad de España, redujo los impuestos empresariales de 30% este año a 25% en 2016.

Sin embargo, el gobierno no puede tomar todo el crédito de la recuperación. Para empezar, la recuperación de España recibió una enorme ayuda de factores externos fuera del control de Rajoy. La debilidad del euro ayudó a impulsar el crecimiento de las exportaciones españolas. La caída de los precios del petróleo benefició particularmente al país, ya que importa toda sus necesidades de energía.

La adopción del Banco Central Europeo de la expansión cuantitativa fue un impulso adicional. Si se puede mantener el esfuerzo del crecimiento de España, tiene que esperar a que la demanda de la eurozona no se agote.

Los partidarios de Rajoy también tienenque reconocer que si bien las cifras de crecimiento van para arriba, la recuperación económica no hace mucha diferencia en muchos españoles. La cifra de desempleo está cayendo, pero la tasa de desempleo de 22% se mantiene como la más alta de la Unión Europea después de la de Grecia. Muchos de los sin trabajo llevan fuera del mercado laboral más de dos años. Los datos de desempleo, especialmente para los jóvenes, es demasiado altos para una economía europea desarrollada y sigue como una mancha para el historial del gobierno.

En los próximos meses, España enfrentará nuevos retos que pondrán en peligro la estabilidad política y una vez más pondrán en riesgo la recuperación económica. Las elecciones generales pueden producir resultados poco claros debido al surgimiento de partidos pequeños como Podemos y Ciudadanos.

Pero los riesgos en el horizonte, aunque serios, no deben restar valor a una evaluación positiva de lo que España logró en los últimos cuatro años. Las valientes reformas económicas del gobierno de Rajoy, ayudadas por las medidas del Banco Central Europeo, permitieron que España desafiara la predicción alguna vez generalizada de que se mantendría rezagado económicamente de Europa. Su transformación es una lección, y no sólo para Grecia, de que permanecer en la eurozona no condena a una nación al fracaso económico.