Economía creativa, la gran apuesta de Corea del Sur

Una red de 17 centros ofrece áreas de trabajo, financiamiento y asesoría para startups y emprendedores.
La presidenta de la nación asiática.
La presidenta de la nación asiática. (Reuters)

Bundang, Corea del Sur

Mientras un concurso de programación a cargo del Estado se pone en marcha en un moderno edificio cerca de Seúl, una docena de veinteañeros deambula con la esperanza de que sus habilidades para codificar los hagan ganar una parte del premio de 24 mil dólares.

El evento lo organiza el centro de economía creativa en Bundang. Es parte de una red de 17 instituciones distribuidas en Corea del Sur que ofrecen áreas laborales, financiamiento y asesoría para startups y emprendedores en ciernes.

Junto con la nueva Secretaría de Planeación Futura, los centros son la manifestación más visible de la agenda de "economía creativa" del gobierno —el empuje de la presidenta Park Geun-hye para fomentar las startups y reducir la dependencia económica de un pequeño número de grandes grupos empresariales, conocidos como los chaebols, entre ellos Samsung y Hyundai.

El empuje llega después de cuatro años con un crecimiento menor a 4 por ciento —bajo para sus estándares—, lo que generó la preocupación de que haya dificultades para cerrar la distancia con las economías más ricas. La atención se centra en las debilidades del sector de las empresas medianas y pequeñas, que cayó consistentemente para quedar detrás de los gigantes de la manufactura en cuanto a productividad.

Hace 50 años, el padre de la presidenta, el jefe del gobierno militar Park Chung-hee, colocó los chaebols en el centro de su política de transformación industrial. Ahora, en un giro que demuestra la persistente influencia del Estado sobre los conglomerados, Park reclutó a los grupos empresariales más importantes para su distintivo empuje económico propio: ahora busca frenar su dominio y fomentar una nueva generación de firmas.

Por ejemplo, el centro en Bundang está a cargo del grupo de telecomunicaciones KT, que suministra la mayor parte del presupuesto anual de la operación de 6 mil 200 millones de wons y desplegó personal experimentado para manejarlo. "Ese cuesta 40 mil dólares, ese otro cuesta 50 mil dólares... ese grande es de 100 mil dólares", dice Ju Young-beom, parte del personal, al señalar las impresoras 3D que se suministraron para las siete startups que disfrutan de un espacio en el edificio sin pagar alquiler.

Cada uno de los 17 centros está a cargo de uno de los chaebols más importantes del país. Samsung Electronics estableció dos en las ciudades del sureste de Daegu y Gumi, mientras que Hyundai Motors lo hizo en Gwangju. Park asistió a la inauguración de cada uno de los 12 centros que ya abrieron.

Pero los críticos del programa cuestionan si la cultura empresarial de los chaebols los hace los más indicados para nutrir el tipo de startups creativas y dinámicas que puedan competir con las que surgen de Silicon Valley.

"La jerarquía y el hábito son muy importantes en la vida corporativa coreana", dice Chung Yeon-woo, profesor del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Ulsan, ex diseñador de autos en Hyundai.

La red puede terminar minando su objetivo al apretar el agarre de los chaebols en la economía, advierte. "Al final, las grandes firmas comprarán a todas las pequeñas con buenas ideas", dice Chung, "y las que quedan, no serán buenas".

Ese tipo de adquisiciones "no necesariamente serán algo malo", dice Lee Je-joon, supervisor de los centros de economía creativa en la Secretaría de Planeación Futura.

En un informe reciente sobre las startups de Corea del Sur, la consultora McKinsey citó la falta de interés de los chaebols en adquirir pequeñas empresas como un importante factor para frenar la inversión en estas últimas y desacelerar "la circulación de capital y recursos humanos". Entre los propietarios de startups sudcoreanos, quienes vendieron capital de sus empresas en 2014, solo 0.4 por ciento lo hizo a través de adquisiciones, en comparación con 61 por ciento en EU, dijo.

Incrementar el interés de los inversionistas es un punto importante de la agenda de economía creativa. Seúl puso en marcha nuevos esquemas de financiamiento, que incluyen fondos con respaldo estatal de alrededor de 4 mil mdd, y gran parte del dinero se distribuye a través de mecanismos que "igualan" las inyecciones de capital de riesgo hasta siete veces.

Parece que esto ayudó a estimular un fuerte crecimiento en el sector. Los fondos de capital de riesgo en Corea del Sur recaudaron 2.5 billones de wons el año pasado, tres veces la cantidad de 2012, de acuerdo con la Asociación de Capital de Riesgo de Corea.

El apoyo financiero del gobierno también ayudó a impulsar la proliferación de incubadoras y aceleradoras para startups en el área de alta gama de Seúl, Gangnam, algunas de las cuales compiten con centros con respaldo del Estado para apoyar empresas en ciernes.

El más reciente lo inauguró Google, que este año estableció su campus Seúl, donde ofrece espacio de trabajo a ocho de las 150 startups que aplicaron. Las empresas —algunas también se beneficiaron del financiamiento del gobierno— recibieron asesoría y apoyo de Maru 180, firma sin fines de lucro que estableció el constructor naval Hyundai Heavy Industries antes de que Park llegara al poder.

"Creemos que la inversión en estas economías va a producir un rendimiento financiero para nosotros después, cuando se empiecen a crear más compañías que lleguen a estar en línea y usen internet, que usen Google", dice Mary Grove, directora de Google para emprendedores..

Corea del Sur se ubica entre los cinco principales productores de apps para Android, dice, con el incremento en el número de startups de tecnología de información, que en promedio es de 10 por ciento anual en los últimos cuatro años.

Por el contrario, los conglomerados de Corea del Sur mostraban poco interés en apoyar a las startups antes de las nuevas políticas, dice Ryu Jung-hee, CEO de FuturePlay, una aceleradora que ofrece financiamiento y apoyo técnico a las startups. "No es algo orgánico, no es algo natural (para ellos)", dice.

Pero la actitud cambió. Ihm Jong-tae, director del centro de economía creativa a cargo de SK, el tercer mayor chaebol del país, en Daejeon, dice: "No hay muchas cosas que SK pueda hacer solo. El grupo necesita cambiar su cartera, y abrirse a la innovación es una de las formas más viables para hacerlo".

Ihm dirige el camino hacia una sala de impresión 3D y señala el prototipo de un estuche para cámara que imprimió The S, un fabricante de cámaras de acción y una de las 10 startups que se encuentran allí.

"La cultura coreana tradicional es que las grandes compañías son los reyes y las pequeñas son los sirvientes", dice Lee Min-gu, cofundador de The S, que espera ganar una subvención de 200 millones de wons de SK a cambio de 1.5 por ciento de sus ingresos en los próximos cinco años. "Pero creo que eso empieza a cambiar".