Deuda cuasisoberana, la amenaza escondida

El alza del débito con respaldo de gobiernos eleva los temores de impago entre inversionistas; solo en mercados emergentes asciende a 800 mil mdd.
El edificio administrativo de la petrolera mexicana.
El edificio administrativo de la petrolera mexicana. (Juan Carlos Bautista)

Aumenta el temor de los inversionistas de que el crecimiento del mercado de deuda soberana empieza a plantear riesgos para la economía mundial, que pronto se pueden agravar por una amenaza adicional que merodea bajo las sombras de las finanzas públicas.

Desde la crisis financiera un grupo oculta valores relacionados con los gobiernos y se convirtió en algo que, gracias a su estatus híbrido, tiene el potencial para utilizar recursos nacionales, aunque pocas veces aparecen en las cuentas nacionales.

Los solicitantes de préstamos con respaldo de los gobiernos —incluidas ciudades, autoridades locales y empresas de participación total o mayoritaria del Estado— comprenden un sector grande y en crecimiento que es atractivo para los inversionistas, debido a la suposición implícita de que los gobiernos los van a rescatar en momentos de problemas.

Debido a que la deuda no la emite directamente el Estado, no siempre se incluye en las cifras oficiales de relación deuda con el PIB. Eso significa que no es incluida en los análisis de la solvencia de un país.

Para comprender la magnitud del sector se puede considerar las gigantescas empresas financieras de Estados Unidos, Fannie Mae y Freddie Mac.

Esas firmas con respaldo del gobierno fueron puestas bajo “tutelaje” en el apogeo de la crisis financiera, pero su deuda nunca la absorbió el balance de Estados Unidos, ya que, dijo el gobierno, el acuerdo fue temporal.

Ocho años después se mantienen bajo su tutelaje, pero las obligaciones todavía se quedan fuera de la deuda federal oficial que calcula el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

El fenómeno no se limita a ese país. Pemex —la petrolera mexicana de control estatal—, Export Credit Bank de Turquía —con respaldo del gobierno—, la ciudad de París, líneas aéreas de Sri Lanka y el banco de desarrollo alemán KfW son parte del mismo grupo.

Solo en los mercados emergentes, JPMorgan estima que ahora hay una deuda cuasi soberana de 800 mil millones de dólares y otras monedas extranjeras.

Lo que comparten es el beneficio de un fuerte vínculo con la deuda soberana. Aunque no siempre tienen el respaldo de una garantía legal; este vínculo les permite solicitar dinero en los mercados a tasas menores que otros emisores de deuda corporativa.

“Esa práctica mantiene baja la relación oficial de deuda soberana, aunque facilita el acceso continuo a solicitudes de préstamo futuros”, escribió la  Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas en un documento que examinó el sector en el verano pasado. “La evidencia preliminar sugiere que, desde la crisis financiera mundial, los pasivos contingentes soberanos crecieron de manera exponencial, lo que no queda claro es cómo se pueden incluir estos crecientes pasivos contingentes en la reestructuración de deuda soberana en la actualidad”.

Charles de Quinsonas, de M&G, señala que los diferenciales de los bonos cuasi soberanos por encima de sus soberanos respectivos aumentaron en los mercados emergentes, y elevan las preocupaciones sobre los impagos de las empresas. En América Latina, el diferencial promedio alcanzó 286 puntos base a finales de 2015, en comparación con 98 puntos base en Asia.

De acuerdo con el Banco Mundial, los pasivos contingentes son una fuente de riesgo, en parte por la forma errática en que los contabilizan los diferentes gobiernos.

Por ejemplo, en Reino Unido, la Oficina Nacional de Estadísticas cambió recientemente su punto de vista sobre la deuda asociada a la vivienda, pues decidió que se debe incluir en los cálculos de deuda soberana.

México incluye a Pemex, la empresa de energía de propiedad estatal, en sus cálculos, pero no la deuda que adquieren los gobiernos locales. Petrobras, la petrolera de la que el Estado es parcialmente dueña, no se incluye en las cifras de relación de deuda frente al PIB.

Lee Buchheit, quien escribió sobre los pasivos contingentes junto con Mitu Gulati en la Universidad de Duke, dice que estas diferencias en el tratamiento de contabilidad le permiten a algunas soberanías recaudar capital sobre la fortaleza de su posición crediticia sin elevar visiblemente el tamaño de su cantidad de deuda.

“Desde el punto de vista de la deuda soberana, el nivel de apoyo abierto depende de lo que demande el mercado”, dice. “Solo cuando se avecina un impago y la deuda soberana empieza a señalar que no hay una garantía real es que las cosas se pueden poner feas”.

Ahora ese escenario se juega en Austria, donde el estado alpino de Carintia sufre los efectos negativos de ofrecer una garantía al banco local Hypo Alpe Adria en quiebra. Carintia no puede pagar y los inversionistas quieren que el Estado austriaco respalde la deuda. Austria se negó.

Es interesante porque las deudas soberanas y cuasi soberanas no llegan muy frecuentemente a los impagos, así que eso se vuelve un ejercicio teórico para los inversionistas que intentan darle un costo al riesgo”, dice Joe Kogan, director de estrategia de mercados emergentes de Scotiabank, quien escribe frecuentemente sobre el sector.

“En los buenos tiempos los diferenciales entre las dos se comprime, pero recientemente hubo problemas específicos en algunas empresas, y los diferenciales aumentaron en casos como Pemex”.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos señala que eso puede sesgar los mercados al alentar a los inversionistas a favorecer a emisores que posiblemente son débiles pero que cuentan con un fuerte respaldo soberano, y que entonces pueden sufrir de ventas masivas durante épocas de menor apetito por el riesgo.