Caída de la clase media en AL enciende las alarmas

El creciente déficit público y el fin del superciclo de las materias primas deshacen muchos avances logrados en los últimos 15 años.
Brasil sufre una alta inflación de cara a los Juegos Olímpicos de Río.
Brasil sufre una alta inflación de cara a los Juegos Olímpicos de Río. (Sergio Moraes/Reuters)

Las dificultades económicas a causa del final del superciclo de las materias primas y el enorme crecimiento de los déficits públicos empezaron a deshacer muchos de los avances que lograron decenas de millones de latinoamericanos, quienes en los últimos 15 años se unieron a las filas de la clase media.

Analistas veteranos dicen que el “hundimiento” encendió las luces de alarma para los gobiernos de todas las inclinaciones políticas.

“Durante la última década, millones de personas pasaron de la pobreza a la prosperidad. Ahora estas mismas personas corren un grave riesgo de volver a caer a la pobreza”, advirtió Enrique García, ex ministro de planeación de Bolivia, quien ahora es presidente ejecutivo de CAF, un banco de desarrollo regional con sede en Caracas. “Esto no es solo un riesgo económico, también es político”.

Sus conclusiones se apoyan en tres años de seguimiento de datos de confianza económica y popularidad del gobierno en toda la región. Un informe de FT Confidential Research (FTCR), una unidad de Financial Times, se basa en encuestas propias para medir la angustia por el hundimiento de las clases medias de América Latina.

Las encuestas de FTCR a 6 mil 500 consumidores en toda América Latina se realizan trimestralmente desde 2013, hacen un mapa de la relación entre la caída de la prosperidad y el desplome de la popularidad del gobierno.

La manifestación más drástica de esta dinámica ocurre en Brasil, donde el descontento desató la suspensión y posible destitución de la presidenta Dilma Rousseff.

A pesar de que su justificación es por una cuestión técnica de exceder el presupuesto, su remoción es un veredicto del sorprendente cambio negativo del crecimiento económico de Brasil de más de 11 puntos porcentuales en cinco años —de un crecimiento de 7.5 por ciento en 2010 a una contracción de 3.8 por ciento en 2015— se pronostica una nueva reducción de 3.6 por ciento del PIB para 2016.

Después de una década en la que se estima que 40 millones de brasileños alcanzaron el codiciado estatus de clase C que los define como miembros de la clase media, en 2015, casi 10 por ciento bajaron de esta categoría para unirse a un nuevo grupo políticamente volátil de clase media que se hunde.

De acuerdo con los datos del censo nacional que analizó el banco Bradesco y la universidad Fundación Getulio Vargas, en los 12 meses a noviembre de 2015, la proporción de brasileños que se definen como clase C cayó de 56.6 a 54.6 por ciento.

Un análisis más detallado de la misma fuente muestra que en noviembre de 2015, 3.7 millones de brasileños que anteriormente se encontraban en el estatus de clase C no lograron cumplir con el umbral requerido de ingreso familiar de entre mil 646 y 6 mil 585 reales (entre 460 y mil 840 dólares al tipo de cambio actual).

Por otra parte, la proporción de ciudadanos de la categoría de clase E, que cayó de 35.1 por ciento en 1993 a solo 15.3 por ciento en 2009, nuevamente va en aumento.

IPEA, un grupo de expertos que depende del gobierno de Brasil, confirmó este cambio de suerte con un informe donde se muestra que en 2013, el número de brasileños en pobreza extrema subió por primera vez desde 2003. El coeficiente de Gini de Brasil —un índice estándar de la desigualdad económica— va en aumento desde su punto mínimo en 2012.

Cuando comenzaron la serie de datos de FTCR sobre Brasil en febrero de 2012, la confianza económica todavía era robusta, de 57.5 puntos, con una lectura de que cuando el índice es superior a 50 indica un sentimiento positivo. Para el tercer trimestre de 2014, cuando Rousseff se acercaba a la reelección, el índice cayó a 20.7 puntos. Para el primer trimestre de 2016, cuando comenzó el proceso de juicio político, se desplomó a 9 puntos.

El Índice de Popularidad de Gobierno de Brasil cayó a 9.1 por ciento para el primer trimestre de 2015 —mucho más bajo que la media latinoamericana, de 19.8—, pero volvió a caer aún más a solo 7.2 por ciento en el primer trimestre de 2016, lo que dejó al extinto gobierno de Rousseff como el más impopular de la región por un gran margen.

A pesar de que el malestar político que resulta del hundimiento de las clases medias es más extremo en Brasil, no es el único en la región.

Con la excepción de Argentina, desde la elección del presidente Mauricio Macri, todas las principales naciones de América Latina tuvieron una fuerte caída, tanto en el índice de Confianza Económica como de Popularidad de Gobierno.

El colapso para el gobierno de Colombia se dio a pesar del hecho de que de 2010 a 2015, 4.6 millones de sus ciudadanos salieron de la pobreza y la tasa de extrema pobreza cayó de 15 a 7 por ciento.

La memoria puede ser corta cuando se amenaza la riqueza. Aunque el presidente Juan Manuel Santos recientemente dijo a los inversores de Reino Unido que Colombia tiene “una clase media consolidada que no corre el riesgo de caer en la pobreza”, su ministro de finanzas adjunto, Andrés Escobar, dijo a FTCR que su gobierno es “muy cauteloso” con las estadísticas de la reducción de pobreza, porque “nuestras cifras sociales no van tan bien como lo hacían en el pasado”.

Chile, donde el ingreso de paridad de poder adquisitivo per cápita de alrededor de 23 mil dólares es el más alto en la región, es muy consciente de que el hundimiento de la clase media plantea un peligro para ellos y para la zona.

Al igual que sus pares regionales, el apoyo para la presidenta Michelle Bachelet en las encuestas de enero de 2016 llegó a un mínimo histórico de 24 por ciento, de acuerdo con la encuestadora GfK Adimark. Esta es una caída de 20 puntos durante 12 meses.

En México el nivel de aprobación del presidente Enrique Peña Nieto languidece a 30 por ciento, de acuerdo con una encuesta del periódico Reforma.

En Perú, la popularidad del presidente saliente, Ollanta Humala, cayó a 15 por ciento el año pasado, algo que ayuda en parte a un cambio político hacia la derecha, ya que se espera que Kiko Fujimori haga que regrese al poder después de la segunda vuelta de junio en las elecciones presidenciales del país.

Richard House es director de América Latina de FT Confidential Research.

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