‘Atmósfera enrarecida’ para combatir cambio climático

Disputa sobre el nivel de emisiones que deben reducir los países ricos y las naciones pobres.
Reunión de líderes del Grupo de los Siete en Alemania.
Reunión de líderes del Grupo de los Siete en Alemania. (Christian Hartmann/Reuters)

Londres

El apoyo de los líderes del Grupo de los Siete para acabar con la contaminación de los combustibles fósiles antes de que termine el siglo marca un punto de inflexión en más de 20 años de esfuerzos para combatir el cambio climático.

Sin embargo, siguen las dudas sobre si se logrará alcanzar ese resultado. Hasta ahora, el G7 y otros líderes mundiales acordaron hacer todo lo posible para impedir que la temperatura mundial aumente más de 2 grados centígrados en comparación con la era preindustrial, un objetivo que incluso los países con la mayor producción de combustibles fósiles están felices de apoyar.

Ayer, en su reunión en un castillo bávaro, los líderes del G7 dijeron en específico que pretenden una reducción de entre 40 y 70 por ciento en las emisiones de gases de efecto invernadero para 2050, a partir de los niveles de 2010, acorde con la “descarbonización” de la economía mundial en el transcurso de este siglo”.

Ese es un objetivo de largo plazo más preciso que el acordado previamente. Pero más al norte, en otro lugar de Alemania, se lleva a cabo una reunión diferente donde las dificultades para alcanzar esos objetivos fueron dolorosamente evidentes durante la semana pasada.

La ciudad de Bonn es el hogar de la secretaría de las Naciones Unidas que supervisa las extensas negociaciones sobre el clima mundial que se realizan desde hace más de dos décadas, en un esfuerzo por reducir las emisiones de gas de efecto invernadero.

Esas pláticas deben culminar con un importante acuerdo mundial para reducir las emisiones que firmarán casi 200 países en una conferencia en París en diciembre.

Como parte de ese proceso, a principio de la semana pasada cientos de negociadores empezaron una reunión en Bonn de dos semanas antes de la de París, con el principal objetivo de reducir el borrador del texto de negociación que es voluminoso, repetitivo y casi de 90 páginas.

Para finales de la primera semana algunos funcionarios ya estaban frustrados por el progreso tan lento, pues solo una fracción del trabajo racionalizado se había hecho.

“Debemos redoblar esfuerzos”, dijo el viernes Ilze Prüse, delegada de EU. “Nos quedan menos de 15 días de negociación antes de París. No podemos darnos el lujo de desperdiciar uno solo”.

Pero el progreso es lento porque los países todavía tienen desacuerdos fundamentales sobre lo que debe incluir el texto final.

El principal de ellos es la disputa sobre precisamente cuál es el nivel de emisiones que deben reducir los países ricos en comparación con las naciones más pobres.

Muchas economías ricas argumentan que el punto principal de las negociaciones es encontrar el tipo de recortes de emisiones que respaldó ayer el G7. Las naciones menos desarrolladas dicen que los países más ricos también deben explicar con detalles cómo van a dar los 100 mil millones de dólares al año para 2020 que prometieron en las negociaciones anteriores para que los países más pobres transformen sus sistemas de energía y se adapten al cambio climático.