El año 2014 en seis viajes

Las recomendaciones del Financial Times para viajar a los mejores destinos. 
Los mejores lugares para viajar en 2014
Los mejores lugares para viajar en 2014 (Shutterstock)

México

Estos destinos fueron los mejores descubrimientos de los viajeros del Financial Times.


  1.  Inhotim, Brasil

No existe una palabra específica para  describir Inhotim, que se ubica a 40 kms (aproximadamente dos horas en automóvil, así están las carreteras) de Belo Horizonte en el sureste de Brasil, que a su vez se localiza a una hora en avión de Río de Janeiro. Puedes llamarlo un parque de esculturas por las 500 instalaciones de 97 artistas que se ubican allí. Pero, también hay instalaciones dentro de edificios, y pinturas y trabajos en papel, exhibidas en 17 galerías y pabellones hermosamente diseñados, un poco parecido a la versión contemporánea de Giardini della Biennale en Venecia, en una escala más grande y exótica.

Y también está el parque, de 110 hectáreas (aunque todo el sitio se extiende más de 2 mil hectáreas) de jardines botánicos cultivados espléndidamente, bosques y lagos, que son hogar de más de 4 mil 500 especies de plantas exóticas. Hay 20 mil tipos de palmas y casi 350 especies de orquídeas, pero lo que me cautivó fue la alfombra de taro magia negra,  con sus hojas casi negras y sus tallos color marrón.  El parque es originalmente un trabajo de  Roberto Burle Marx, diseñador de los paseos marítimos cuyos trazos definen las playas de Copacabana e Ipanema de Río de Janeiro. aunque éste murió antes de que se inaugurara.

Inhotim, creada por el magnate minero, Bernardo Paz, es lo que sólo puedo describir como una maravilla del mundo. Es un lugar de belleza y tranquilidad inigualables que induce a la reflexión y que tiene un trabajo de curaduría impecable. Este lugar es tan grande, que no hay manera de hacerle justicia en un día, pero ya hay promesas de construir un hotel en el lugar (todavía no hay fecha). Si es tan bueno como los restaurantes del lugar (incluso si no lo es), me registraré por una semana.

Claire Wrathall

Costo de entrada 20 reales (5 libras) o 30 reales en fines de semana; ver inhotim.org.br


2. Ajanta, India

Ajanta, las antiguas cuevas budistas en el centro sur de India, es un sitio que he visitado muchas veces: tiene una de las más grandiosas galerías de pinturas del mundo antiguo que aún sobreviven, y que junto con los murales de Pompeya, ofrece tal vez la descripción más exhaustiva de la vida civilizada clásica que sobrevive de la antigüedad. Lo más emocionante de esta última visita fue descubrir que el Sitio Arqueológico de India (ASI) recientemente descubrió y restauró, en las cuevas 9 y 10, lo que sin lugar a dudas son las pinturas budistas más antiguas que existen: murales del siglo I antes de Cristo que cuentan con una antigüedad mayor en cerca de  600 años al resto de las obras más conocidas del lugar.

En cualquier otro lugar un redescubrimiento de esta importancia estaría sujeto a titulares a nivel nacional, documentales de televisión y exhibiciones triunfantes; pero en India el destacado trabajo de los restauradores de ASI pasa casi desapercibido.

Para información, visita: incredibleindia.org

William Dalrymple


3.Cabo Decepción, Estados Unidos

El viaje por la costa oeste en la carretera 101 es definitivamente un viaje de grasas saturadas, de talla extra y totalmente al estilo americano: arenas épicas, bosques enormes de árboles rojos, un gran cielo azul y mil 600 km de dos carriles de asfalto que están allí como por descuido. Manejé de Seattle a San Francisco en septiembre, pero cuando el motor se enfrió me encontré inmerso en la cruda y terrible majestuosidad de una experiencia totalmente inesperada, casi en la salida justo antes de que saliera el sol.

“Cape Disappointment” (Cabo Decepción), el letrero al final del camino húmedo y solitario en medio del boscoso estado de Washington era lo menos parecido a una invitación. Era demasiado tarde para visitar el “centro de intérpretes” Lewis and Clark por el que había tomado el retorno. Tenían una exhibición sobre los exploradores que construyeron el país y que habían llegado a ese lugar en 1805 durante un viaje sin mapas hacia el oeste que duró 17 meses. Su perseverancia se reflejaba en el mapa que llevaba días analizando: Punto Reto, Paso Decepción, Isla Destrucción.

Así es que me estacioné junto a lo que había sido un antiguo campo militar adornado por acantilados y faros de luz. El viento había arreciado tanto que no podía abrir la puerta del auto. Nunca había visto al Pacífico haciendo tan poco honor a su nombre. A lo lejos los montones de troncos que arrastra el mar se movían en la playa y las paredes de acero del océano chocaban en todas direcciones. Yo agradecía casi con lágrimas en los ojos el no estar a bordo de un oxidado barco carguero que subía y bajaba a lo lejos mientras se dirigía a su casa en la boca del Río Columbia.

Tim Moore


4. Río Sepik, Papúa Nueva Guinea.

En mayo viajé río arriba del Alto Sepik en Papúa Nueva Guinea en una canoa de 10 metros de largo. El aire estaba tan espeso que parecía que los cielos habían bajado para sellar el calor entre el río y el cielo. Las verdes frondas caían y se arrastraban en el agua negra que corría de manera silenciosa y pasaba de las lagunas a los montículos oscuros en donde se escondían los cocodrilos. Los animales se ocultaban a nuestro paso aunque ocasionalmente lográbamos ver un plumaje espectacular cuando pasábamos por los afluentes  escondidos con papiros de pluma. Para protegernos del sol sólo teníamos sombrillas baratas.

Los mosquitos zumbaban todo el día. Dormíamos en tapetes en las casas del pueblo y escuchábamos que las familias tomaban, peleaban y hacían el amor, en ese orden , en las noches sin luna. Sin embargo la incomodidad no era nada gracias a la belleza serena del paisaje, y estos encuentros sin filtro con Papúa Nueva Guinea lo valen.  En el Sepik estuvimos con tribus que tienen como dios a un cocodrilo; en su espalda llevan las cicatrices de un rito de iniciación que les deja la piel parecida a la del reptil que veneran. En Swagap, dormimos con las última tribu insecto, una comunidad de 300 personas cuyo dios es una mantis religiosa. Escuché historias  de brujería, fantasmas y misioneros, y también sobre los hábitos de canibalismo que tenían las tribus antes de que llegara la Eucaristía.

Sophy Roberts fue invitada de Stepper Travel (steppestravel.com), que ofrece un viaje de 12 noches de 6,995 libras esterlinas. Un crucero de 12 noches en el yate True North va desde 17,695 dólares (northstarcruises.com.au) 

Sophy Roberts



5. Aeropuerto de Atartuk, Turquía

Jamás imaginé que elogiaría una sala de aeropuerto, pero tampoco pensé que vería una sala como la que Turkish Airlines y Star Alliance tienen en el aeropuerto Ataturk de Estambul. Lo primero que se ve al entrar es una mesa de billar, en una biblioteca elegantemente iluminada llena de libros de arte en las repisas, enfrente de una estilizada hilera de lockers en donde se puede guardar el equipaje. En el interior le ofrecen a uno pequeños gateaux,  tazones con sopa de lenteja u hongos, y algunas mujeres preparan wraps mientras uno observa. Hay samovares con té, limonada con menta, hileras de bebidas alineadas hasta el techo al estilo de un nightclub privado.

Uno piensa que llegó al hotel de seis estrellas de su sueño. Bajando las escaleras está un enorme tren a escala al que se llega en un elevador transparente y hay pianos que tocan solos. Uno puede sentarse en algunos bancos frente a los televisores o en algunas mesas para café a las que no llega el ruido de estos.

Hay también una sala oscurecida para cine con sillas espaciosas, y una escalera que es el sueño de todo arquitecto.

Turkish Airlines no son famosos por su servicio amigable o por las diversiones que ofrecen, y los aeropuertos como el de Changi en Singapur no tienen rival en su eficiencia, facilidad u organización. Pero las salas de Changi, extrañamente, están amontonadas y son muy básicas mientras que las de Estambul están llenas de chefs que ofrecen huevos recién hechos y papas, o la pasta del día, todo esto por si el carrito de los bagels no es suficientemente bueno para uno.

La sala es como una pieza de museo, la fascinación de Turquía con el diseño moderno llega a su clímax y nos deja a algunos con el deseo de no tener que viajar de vuelta a casa.

turkishairlines.com

Pico Iyer


6. Chihuahua, México

El norte de México no recibe muchas buenas reseñas pero puede armar viajes fabulosos. Como familia, nuestro favorito fue un viaje de tres días por el Cañón del Cobre en el estado de Chihuahua. Este sistema de fisuras es de mayor profundidad y extensión que su equivalente estadounidense, y a todo lo largo hay tramos de ferrovías de locura. Se llama Chihuahua al Pacífico (o Chepe), y tomó más de 60 años construirlo.

Las vías comienzan en Topolobampo, en el mar de Cortés, pero nosotros lo abordamos unos 64 km después en El Fuerte. Desde allí, la Sierra Madre Occidental sube hasta a 3 mil metros, con mangos en el fondo y nieve en la cima. Es un viaje grandioso que hace que el Chepe sea una de las vías más locas del mundo. Al principio todo parecía normal; asientos acojinados, un lindo restaurante y algunos soldados. Pero empezamos a subir, y pronto estábamos atravesando túneles (86 en total) y ascendiendo por un abismo con la forma de una catedral.

Más adelante, apareció el viejo oeste. Estábamos en el país de los vaqueros, con cabañas de troncos, caballos, pinos apache, y enormes y poderosos ríos. Pasamos nuestra primera noche en Divisadero, a la orilla del cañón, mirando hacia un vacío morado. En nuestra segunda noche estuvimos en Creel, en donde la gente va de compras a caballo, y en donde las tiendas venden objetos como piel de jaguar y galletas en costal.

Algunos de los vaqueros eran indios. Una vez fuimos a visitarlos en sus cuevas.  Los rarámuri, o “aquellos que corren rápido”, nunca nos hablaron, aparentemente porque piensan que los blancos no están terminados (o son de “arcilla cruda”).Todo su mundo tiene algo de surreal; existen enormes formaciones montañosas con nombres de pene o de rana; las urnas están hechas de agujas de pino; y juegan rarajipari, una variante de futbol que dura dos días y se juega en una montaña.

La ruta completa desde Los Mochis a Chihuahua cuesta 1,564 pesos en clase turista, 2,482 pesos en primera clase. Visita chepe.com.mx

John Gimlette