Con Alphabet, a ganar tiempo para elevar las aspiraciones

El mercado accionario asumió que reconvertir Google mejorará la claridad y simplificará los retos de crecimiento.
La semana pasada fue el anuncio del cambio de nombre.
La semana pasada fue el anuncio del cambio de nombre. (Pawel Kopczynski/Reuters)

Al explicar la creación de Alphabet, la nueva casa matriz de Google, Larry Page, su director ejecutivo, dijo que nombrar a alguien más para que dirija la compañía de búsquedas "me da tiempo para continuar con el aumento de nuestras aspiraciones".

Va a necesitar todo el espacio de Google Calendar que pueda liberar.

Si la historia nos enseña algo es que el crecimiento, la reorganización y sus consecuencias pueden absorber enormes cantidades de tiempo y energía. En Scaling Up Excellence (Escalar la excelencia), Robert Sutton y Huggy Rao escriben que la expansión "puede poner a prueba a las mentes humanas y las organizaciones más allá de lo que pueden soportar".

Eric Schmidt, presidente de Google, también reconoce los riesgos de la reorganización. En How Google Works (Cómo trabaja Google), él y el coautor, Jonathan Rosenberg, ofrecen este resumen cínico: "Un ejecutivo decide que la forma como se estructura la empresa es la fuente de todos sus problemas, y si la compañía se organizara diferente todo sería miel sobre hojuelas".

El mercado de acciones asumió que la formación de Alphabet mejorará la claridad y simplificará los retos de crecimiento de Google. Pero será inusual, incluso posiblemente único, si la creación del conglomerado de Page presagia la creación de miel en lugar de la serie de monstruos burocráticos que deambulan por las grandes empresas más convencionales.

Lograr tener la estructura adecuada es una forma de evitar esa suerte común. Una inteligente administración de tiempo es otra. Andy Grove, ex presidente ejecutivo de Intel, señaló, en la década de los 80, que "al igual que no permitirías que un compañero de trabajo se robe una pieza del equipo de oficina, no debes permitir que nadie le quite el tiempo a sus compañeros gerentes".

Sin embargo, ceñirse al tiempo se volvió más difícil desde entonces. Un análisis de Bain & Company sobre los "presupuestos de tiempo" de 17 grandes empresas mostró que los ejecutivos ahora reciben alrededor de 30 mil correos electrónicos externos al año, en comparación con aproximadamente mil comunicaciones en la década de los 70. Las organizaciones pasan 15 por ciento de su tiempo colectivo en juntas de algún tipo, la mitad de las cuales no son necesarias. Michael Mankins, de Bain, dijo a un grupo de presidentes ejecutivos, consultores y banqueros en el Foro Económico Mundial de este año (en sí mismo una especie de celebración anual de administración de tiempo corporativo, o la falta de él) que rechazar una reunión fue "el equivalente directivo a eructar en la iglesia".

Mankis agrega que la "carga organizacional" que provoca la combinación de una estructura errónea y el uso ineficiente del tiempo puede dañar la productividad de las empresas.

Google impone algunas reglas estrictas para evitar que sus reuniones se salgan de control (la regla número siete: importa ceñirse al tiempo). Esos edictos de arriba hacia abajo son valiosos. Pero las compañías que permiten que sus empleados creativos establezcan sus propios límites también aumentan la amenaza de que su personal se sobrecargue a sí mismo.

Al menos hasta ahora, el personal de Google funciona por la emoción. El grupo construyó o compró algunas de las herramientas que se supone le dan a las personas un espacio de respiro para vivir y trabajar de manera más eficiente. Recientemente adquirió Timeful, una aplicación para gestión de tiempo que desarrolló, entre otros, el científico conductual y autor Dan Ariely.

Pero a medida que la compañía de búsquedas entra a una nueva era organizacional, sus gerentes no deben hacerse las ilusiones sobre el incremento de la presión a la que se enfrentarán ahora. Sir Owen Green, quien manejó el enorme conglomerado británico BTR hasta principios de la década de los 90, defiende firmemente el modelo; una vez dijo que administrarlo se trataba de "trabajar más duro de lo que la mayoría de la gente quiere trabajar".

Si Google sucumbe a la sobrecarga, la innovación se podría sofocar. Los empleados pueden estar menos dispuestos a intercambiar información entre las diferentes partes de la creciente empresa. Google debe continuar con su defensa de esa virtud incluso cuando las diferentes divisiones desarrollan su autonomía.

La prueba será si Page logró un perfecto equilibrio. ¿La creación de Alphabet realmente le va a permitir a él y a sus colegas enfocarse en el futuro productivo del grupo? Si no lo hace, entonces, tal vez creó una máquina para perder el tiempo, en lugar de ahorrarlo.

Apuesta por nueva marca

La decisión de cambiar su nombre a Alphabet coloca a Google en un camino potencialmente riesgoso de eliminar una de las marcas más exitosas del mundo en la mayor parte de sus operaciones.

Las empresas normalmente solo cambian sus nombres corporativos para escapar a las "connotaciones negativas", como lo hizo la tabacalera Philip Morris cuando se convirtió en Altria, dijo Rita McGrath, profesora de la Escuela de Negocios de Columbia. "Tomará un tiempo acostumbrarse".

Según expertos en marcas, la medida le puede robar al nombre de Google parte de su prestigio de innovación y audacia peculiar, algo conocido en de la firma como ser googley, y que puede hacer más difícil contratar y mantener el talento en la operación central de búsquedas en la red de la empresa.

"Hay muchos atributos que se relacionan con el nombre de Google que se encierran en la marca", dijo McGrath, y agregó que incluye todo, de la inteligencia de su personal a la comida gratis en sus cafeterías.

El lado aventurero de Google se pegó a la marca central y ayudó en el muy competitivo mercado laboral de Silicon Valley, de hecho, los críticos afirman que algunos de sus proyectos son poco más que comunicados de prensa que se diseñaron para generar ruido. Pero al dejar el nombre corporativo y renunciar a su papel en Google para enfocarse en el holding, los cofundadores Larry Page y Sergey Brin abandonaron esa fórmula.

"Ahora los fundadores trabajan para Alphabet... ¿eso significa que una parte de Google salió?", dijo Josh Feldmeth, director de Interbrand en Norteamérica.(Richard Waters/San Francisco)