La vocación siempre te alcanza

La ganadora del Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2014 por la novela "El cielo no existe",  dice que nunca es tarde para aprender el oficio.
Inés Fernández.
Inés Fernández. (Paula Vázquez)

Guadalajara

Antes de descubrir su vocación como escritora, Inés Fernández probó de todo: fue publicista, estudiante de derecho, bailarina de danza moderna y hasta intentó ser médico. Fue tarde en su vida, dice, cuando tenía más de 30 años, que aprendió en talleres literarios a escribir, y se enganchó.

La ganadora del Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2014 por la novela El cielo no existe,  dice que nunca es tarde para aprender el oficio, pero que para ser escritor hay algo “que ya viene dado contigo”.

¿Es necesario haber vivido para poder escribir?

Sí, totalmente. Es que ¿qué se entiende por vivir? Si tú piensas en una poeta como Emily Dickinson, que vivía clausurada en su casa, mirando detrás de la ventana, con relaciones sociales muy exiguas, y tienes ahí una poeta excepcional, seguro su vida no fue una vida llena de aventuras y de experiencias, sino una vida muy interior, muy reducida, de manera que no creo que esto se pueda aplicar como una norma general.

Para mí sí, para mí lo que escribo surge de las experiencias que voy teniendo, de mis vivencias, de mi historia, de mis placeres con la gente, y de mi fantasía también, o sea, es una cruza. Cuando la vida de alguien es intensa eso te da mucho material para escribir, pero no necesariamente es el único camino.

 ¿Cómo te diste cuenta que querías ser escritora?, ¿se nace con esa vocación o se crea?

Mi caso es bastante singular en ese sentido, porque yo vengo de una familia de grandes escritores, muy reconocidos, por lo que a mí la idea de escribir no se me pasaba por la cabeza, pero trabajé toda mi vida en trabajos relacionados con la escritura, sobre todo  en publicidad.

Estuve escribiendo casi toda mi vida y ya grande, cuando tendría como 33, 34 o 35, empecé a hacer, un poco de manera incidental. No fue tanto una decisión mía como una circunstancia que se me dio, tenía una amiga que tenía un taller literario y me invitó, estábamos con poco trabajo en la agencia, y fui y me enganché y empecé a escribir algunas cosas. Luego entré a un  taller literario de Abelardo Castillo, que es un gran escritor argentino, novelista y maestro del cuento, y ahí empecé a escribir; ahí te diría que descubrí que en el fondo lo que mejor me salía hacer era escribir.

Había dado muchas vueltas vocacionales porque había estudiado derecho, luego en mi época había bailado danza moderna, hice distintas cosas, en otra época pensé que quería ser médico. No tuve una vocación muy clara inicialmente, sino que se me fue dando casi a pesar mío, yo diría. Lo descubrí tarde, y luego que lo descubrí dije: bueno, era esto.

 ¿Nunca es tarde para empezar a escribir?

Sí, claro. Siempre puedes aprender algo nuevo. Lo  que sí hice toda mi vía fue leer, siempre fue una gran lectora, y sabes que la lectura y la escritura son como dos caras de lo mismo. Me pasa que se me acerca gente que me dice que le interesa escribir, y les pregunto si leen y me dicen: “no, yo leo de vez en cuando”, o “leo libros de historia o divulgación”, y no, no creo que  puedas escribir literariamente, tal vez puedas ejercer otro tipo de escritura.

¿De dónde nació la idea de “El cielo no existe”?

Inicialmente hubo un episodio real con mi madre, que es una mujer muy vieja, tiene 93 años, y una chicaque la cuidaba. Un día descubrí que le estaba robando dinero. Se generó una situación muy tensa entre mi madre y la chica. Ella confesó el robo, mi madre estaba furiosa y la chica estaba arrepentida. Me juró que iba a devolver todo y venía una vez por semana y me traía un billetito. Se creó una situación que para mí fue muy difícil de seguir adelante, porque tenía que lidiar con mi madre y con esta chica. Esta situación me tenía muy tironeada, porque, por un lado, me daba mucha pena esta chica que tenía a su bebé y tenía toda la problemática de la pobreza y de las dificultades, se le vencía el alquiler, la madre estaba internada, se le había inundado la casa, y mi madre que clamaba venganza.

A raíz de esa situación empecé a escribir, y luego a partir de una situación real el escritor empieza a ficcionalizar y la cosa empieza a crecer, y ya es la escritura lo que manda, y empiezan a suceder cosas o se te empiezan a ocurrir cosas que enriquecen esta situación. Me fui metiendo, como navegando un poco a ciegas inicialmente, y luego se armó una novela con un sesgo policial.

¿Cuál es el alcance de la literatura de ficción?

Son historias que no existen, pero que de todas maneras tratan de personas, de situaciones, de ser humanos, de ciudades, y de problemáticas que son comunes: puede ser la violencia, la trata de blancas, la soledad, el amor, las dificultades de la vejez. Siempre estás hablando, aún si hicieras ciencia ficción, también estás hablando de problemas humanos.