En torno a las ideas

Sus libros también obedecen a esas inquietudes. Alguien podría llamarlas obsesiones.
Lector Maruan Soto Antaki.
Lector Maruan Soto Antaki. (Especial)

Guadalajara

Maruan Soto Antaki enciende un cigarro, uno más, y se larga en una argumentación cargada de ideas. Busca convencer, por supuesto, pero también discutir. Puede asegurarse que ésa es, en realidad, su intención: poner en duda, cuestionar al otro con la esperanza de que ese otro se plante frente a él con un argumento tan poderoso que sea capaz de cuestionarlo a él mismo.

Hay temas en los que se especializa, eso está claro: Siria, el Islam, la religión, ciertas peculiaridades de la filosofía del Estado... Ha llegado a ellos por diferentes vías: la familiar, la experiencia, el interés puesto al servicio de sus conocimientos. De ahí que sea tan común topárselo en los medios opinando de uno y otro asunto o ver que sus conferencias se multiplican por doquier.

Sus libros también obedecen a esas inquietudes. Alguien podría llamarlas obsesiones. Sobre todo cuando se aparece, a media página, la forma exacta en la que se prepara un café o cuando pueden distinguirse ciertos rastros de su historia personal en las novelas que cuenta. Casa Damasco es un claro ejemplo en tanto le permitió plasmar la experiencia de su familia siria mientras padecía los horrores de una guerra civil. En La carta del verdugo los elementos se ocultan más pero basta una visita a su casa para descubrir una colección de conchas que podrían envidiar las malacólogas que aparecen en la novela. Aunque ésos son apenas guiños. Interesa mucho más el discurso, los argumentos, la discusión que se puede seguir a través de sus libros.

Clandestino es un buen ejemplo. Ramón Costa y Laila son personajes producto de sus circunstancias. Han abrevado del comunismo como quien se alimenta de leche materna. Sus creencias forman una parte esencial de lo que son. Pese a ello, hay ideologías a las que la historia se encargará de desarmar pese a la reticencia de algunos por aceptarlo. Laila se da cuenta pronto: de ahí que comience a leer otras cosas mientras se llevan a cabo las reuniones del partido. Ella cambia, él no. La mutación es a partir de los argumentos, de darse cuenta de la falta de ideas absolutas.

Tal vez sea por eso que Maruan enciende un cigarro, otro más, y comienza a discutir con su interlocutor: porque ese diálogo le permite ampliar el panorama, llegar más lejos. Es algo imprescindible para quienes escriben novelas de ideas: ser capaz de adoptar la postura del otro, entenderlo. Algo que, sin duda, consigue cuando la ficción se suma a su propia historia para hacer literatura.