Sergio González Rodríguez: el visionario

Personaje de Roberto Bolaño en '2066', fue un lector insobornable de la literatura mexicana contemporánea
Sergio González Rodríguez
Sergio González Rodríguez (Especial)

Guadalajaa

A nadie pasa desapercibido el carácter premonitorio de Huesos en el desierto. La exhaustiva investigación en torno de los feminicidios de Ciudad Juárez que Sergio González Rodríguez publicó en 2002 vaticinaba la hecatombe en la que México se embarcaría a partir del sexenio de Felipe Calderón y de lo que va de Enrique Peña Nieto.

La corrupción, la impunidad, la bancarrota del Estado de derecho, el desgobierno institucional en contraste con el gobierno de facto del crimen organizado, la violencia de género, la fatal vulnerabilidad de las clases marginales y la descomposición del tejido social fueron los elementos con que González Rodríguez ensambló, apoyado en documentos, testimonios y evidencias, un relato perfecto del horror, el mapa de un territorio devastado que más pronto que tarde se extendería hacia otras regiones del país, porque solo el mal suele propagarse con tal eficacia y rapidez, sobre todo cuando ese mal se tolera, se fomenta e incluso se crea, en el núcleo de la sociedad.

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Visionario como era, anotó que “los libros, como las medusas, las mujeres y los tranvías, llegan inevitables a cada quien”

Periodista, ensayista, cronista y novelista, Sergio González Rodríguez tenía vocación de hermeneuta, explorador, pensador y detective: a Huesos en el desierto le siguieron El hombre sin cabeza y Campo de guerra, su trilogía de los fenómenos extremos, y escribió también la crónica–ensayo Los 43 de Iguala, en el que confirma lo que ya había expresado en su libro sobre los feminicidios de Ciudad Juárez: la aciaga condición existencial de nuestra sociedad, en la que la barbarie es parte de la costumbre y la crueldad ya no es atroz ni abominable sino el ambiente que delimita la supervivencia.

Como ensayista, además de Los bajos fondos, el antro, la bohemia y el café y De sangre y sol, El Centauro en el paisaje fue su obra maestra. Tributo a la lectura, al arte que erige ciudades imposibles y torres babélicas de la razón, El Centauro galopa sobre paisajes fatalistas con planicies donde lo imaginario, como decía André Breton, tiende a volverse real, al igual de lo que solía pasar en sus novelas La noche oculta, El triángulo imperfecto, El plan Shreber, La pandilla cósmica,El vueloy El artista adolescente que confundía al mundo con un cómic, porque Sergio González Rodríguez escribía con espíritu de arqueólogo y explorador, de rescatista, por ejemplo, de aquella olvidada historia de Wilfrid Ewart, el infortunado escritor inglés que murió en México la noche vieja de 1922, y de la que Javier Marías se enteró a través de un artículo que Sergio publicó en 1989.

Personaje de Roberto Bolaño en 2066, cuando escribía Huesos en el desierto Sergio González Rodríguez fue un lector insobornable de la literatura mexicana contemporánea, un lector que ponderaba que en las letras nada es fortuito ni fugaz porque, visionario como era, anotó que “los libros, como las medusas, las mujeres y los tranvías, llegan inevitables a cada quien” (El Centauro en el paisaje).


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