Pablo Boullosa: el optimismo no es de tontos

En su más reciente libro, El corazón es un resorte, Pablo Boullosa  se asoma a observar su entorno con una perspectiva menos pesimista.
Pablo Boullosa
Pablo Boullosa (Foto: César Álvarez)

Guadalajara

En tiempos complejos no solo para México, sino para todo el mundo, Pablo Boullosa hace una pausa en el camino y se asoma a observar su entorno con una perspectiva un tanto menos pesimista, a sabiendas de que al final hay caminos que pueden recorrerse para tratar de lograr mejores versiones de nosotros mismos, lo que propone en su más reciente libro El corazón es un resorte. Metáforas y otras herramientas para mejorar nuestra educación (Taurus, 2016).

“Tienes razón cuando mencionas que es un libro esperanzador, porque todos vivimos asumiendo que la única manera de ser inteligente es viendo la podredumbre. Entonces, si eres un optimista eres un tonto, porque la esperanza es un sentimiento como de ingenuidad, propio de gente incapaz de comprender la realidad y ese es un error en el que caemos, que nos ha costado mucho”, anota Boullosa, quien desde 2003 conduce el programa televisivo La dichosa palabra.

En su reflexión, el autor de Dilemas clásicos para mexicanos y otros supervivientes guarda la certeza de que la inteligencia tiene un componente esperanzador muy importante, porque si no corremos el riesgo de que nuestras profecías se “autocumplan”, ante lo cual apuesta por generar una especie de optimismo inteligente.

“Lo que hacen las redes es poner aún más en evidencia la necesidad imperiosa de tener una verdadera educación y no eso que estamos llamando educación, que no es tal. La ascensión de Trump al poder del país fundado por Jefferson es algo grotesco, pero lo que hacen las redes es poner en evidencia la necesidad imperiosa de educarnos realmente y no de fingir que vamos a la escuela y recibimos un título”.

El libro está dedicado, en una primera parte, a herramientas verbales, que son las metáforas, las historias y el diálogo continuo, siendo fundamental el análisis de las metáforas como algo mucho más importante que un recurso retórico para decir cosas lindas. “A mí me gusta decir cosas lindas, me gusta escucharlas, pero las metáforas son indispensables para comprender los problemas más complejos que podemos enfrentar”.

“Incluso los problemas científicos los entendemos mejor gracias a que se formulan mejores metáforas, más ajustadas a la realidad. Las metáforas también son peligrosas, pueden ser enormemente dañinas si no las elegimos bien”.

Desde su perspectiva, uno de los grandes errores educativos del siglo XX fue imaginar que los clásicos y la educación tradicional no tenían ningún valor, que lo más importante es el futuro, y que los niños debían construir el conocimiento por ellos mismos, a partir de su experiencia, “y lo que hemos logrado son generaciones egoístas, que ya no tienen ningún vínculo con el pasado y que han roto con una tradición cultural muy rica: tirarla por la borda es suicida”.