Esos magos y artesanos que teclean…

"El escritor, más que guerrillero tiene que dar elementos para que otros lo sean. Pero no hay que pedir al escritor que tome partido, sino que dé elementos de inteligencia para que otros actúen"
Arturo Pérez Reverte
Arturo Pérez Reverte (Paula Vázquez)

Guadalajara

Que hacen trucos con las palabras. Que prestidigitan con oraciones meticulosamente tejidas. Que ejecutan asombrosos actos de ilusionismo con cada frase que hilvanan, con cada diálogo que conjugan, con cada párrafo que terminan. Que aparecen y desaparecen personajes con veloces e inesperados pases de manos y varitas encantadas. Que sus tramas, sus obras, son eso: cosa de magos. Aunque, en los pasillos de la FIL, otros hablan de guerrilleros, de guerrilleros de las teclas…

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–Veía gente que se le aproximaba mucho y le decía cosas sorprendentes. Vi a una mujer que decía algo así como que lo adoraba. ¿Qué tanto le dicen sus lectores? –le pregunto al escritor español Arturo Pérez Reverte luego de que ha firmado libros durante dos horas.

 –Sí, de todo, de todo. Me cuentan en qué le afectó ese libro. A veces me dicen: “Ese libro cambió mi vida”. O: “Ese libro me hizo conocer a mi novio”…

 –Fervor. A veces es como con fervor que le hablan…

 –Sí, hay gente que viene emocionada. Algunas chicas identifican personaje y autor, aunque no siempre sea así… –sonríe.

–Quieren que sea el Capitán Alatriste…

 –Sí, quieren que sea Alatriste… –se ríe con ganas.

 –¿Y cómo lo vive?

–Bien, porque es una satisfacción. Es que te devuelven, ¿no? El trabajo de escritor es un trabajo solitario, es un trabajo que uno hace solo, entonces, cuando el lector devuelve la lectura en forma de comentario, rompe esa soledad…

 –¿No abruma?

 –No, al contrario, me anima, me estimula. Uno se da cuenta de que no escribe para sí, que escribe para otros. Uno se da cuenta de que los otros tienen cara, tienen opiniones, tienen vidas. Amueblar un poco la vida de los otros con mi trabajo es algo muy satisfactorio.

–Platicaba con otros escritores de que ustedes son como magos: que alguien dijo que hacen trucos con las palabras.

 –Bueno, en cierta forma sí. Sí, sí, sí… Pero soy un escritor profesional que cuento historias y las palabras son herramientas. Hay poco arte, hay mucho trabajo en eso, en un laboratorio de palabras. Yo soy más un artesano que un artista.

–Bueno, pero de pronto toman las palabras, las esconden, las transforman. Magia…

–Ese es el talento del escritor…

 –Otro decía que en estos tiempos, como los que vive México, más que magos ustedes tienen que ser como guerrilleros…

–Bueno, el escritor, más que guerrillero tiene que dar elementos para que otros lo sean. Pero no hay que pedir al escritor que tome partido, sino que dé elementos de inteligencia para que otros actúen. Que despierte conciencias y remueva inteligencias…

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–Que ustedes son como magos, que hacen trucos con las letras… –le digo al escritor mexicano Juan Villoro, quien sonríe ampliamente, mirada chispeante.

 –¡Ojalá! La magia tiene truco. Ese es el secreto. Cuando yo era niño, una de las cosas que más me impresionó en la vida es que fui a una fiesta donde había un mago y me sentí mal, estuve a punto de desmayarme, y entonces me pasaron a un cuarto…

–¿Te dio miedo, te asustó el mago?

–Nooo, no es que me asusté con él, quizá me cayó mal algo de comer, una cosa normal que te pasa en la infancia, como un desvanecimiento, y me llevaron a un cuarto a que me acostara. En la recámara de al lado estaba el mago de la fiesta y lo vi meter cosas en un gabinete, esconderlas. Luego las iba a aparecer. Ahí me di cuenta de que la magia tenía trucos. Yo pensaba que los magos tenían súper poderes, pero en ese momento descubrí que la magia tiene trucos. La literatura es justamente eso: aprovechar esos trucos.

–Entonces sí son como magos: toman las palabras y las convierten en otras cosas.

–¡Exactamente! Sí, porque lo que trata de hacer el escritor con el lenguaje que todo mundo utiliza, es darle nueva vida. El músico compone con un lenguaje propio, pero el escritor tiene que utilizar las palabras que un político puede degradar, que un publicista puede estropear. Entonces el escritor tiene que darles a las palabras nueva vida y convertirlas en algo sorprendente.

–Eso es magia…

–Exactamente (sonríe). Cuando Octavio Paz le pide al poeta: “Haz que se traguen todas sus palabras”... Que las palabras se traguen todas sus palabras es jugar con ellas, ¿no? Desaparecen…

–Magia. Magos…

–Exactamente…

Y se va, se va Villoro, como Pérez Reverte antes, para hablar en otro lado de sus prestidigitaciones. Se van por los pasillos de la FIL, caminan en silencio, quizá en introspecciones sobre su ilusionismo de letras y palabras…