Todo libro es político

El colectivo Todo libro es político pretende impulsar esta idea más allá y participar en ferias de carácter institucional que requieren de una gran inversión para asistir.
Al centro, Luigi Amara
Al centro, Luigi Amara (Foto: César Álvarez)

Guadalajara

Replantear la forma tradicional de manejar una editorial y la pregunta de qué puede hacer políticamente un libro para cambiar la forma de pensar del lector, como resistencia y como crítica, fue lo que llevo a un grupo de editoriales independientes a crear la cooperativa editorial Todo libro es político. El colectivo, que surgió el año pasado en Buenos Aires, pretende impulsar esta idea más allá y participar en ferias de carácter institucional que requieren de una gran inversión para asistir.

“Las editoriales a las que mejor les va, aportan un porcentaje al stand y a las que les va mal, no es que al año siguiente no puedan volver porque perdieron dinero, sino que se soportan en la medida en que pudieron vender. Eso permite que las editoriales más grandes, de una manera solidaria, sostengan a las más pequeñas”, afirma Leonardo Rodríguez, integrante del colectivo.

Este año se encuentran por segunda ocasión en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en el stand JJ14 del Pabellón Internacional, con diez editoriales procedentes de Buenos Aires, Madrid, Ciudad de México y Guadalajara, entre otras ciudades, que ofrecen una propuesta crítica a través del ensayo político, la sociología, pero también desde contenidos infantiles.

Lo que los caracteriza es el funcionamiento autogestivo y colaborativo: “A lo que aspira este tipo de sellos es a hacer un trabajo desde abajo, horizontal, colectivo y artesanal, donde todo mundo sabe hacer todo y no hay jerarquías. Buscamos que los sellos se mantengan a sí mismos sin necesidad de ayuda externa y sin pensarlo como una empresa que busca solo plusvalía. Lo que nos interesa es que circulen ideas, que se propongan discusiones y que se problematice la realidad contemporánea”, explica Luigi Amara, miembro de Todo libro es político.

El discurso del colectivo está centrado en que un libro no necesariamente tiene que ser sobre un contenido político para tener un efecto político. Según Amara, todo libro, desde que se concibe y se piensa a quién va dirigido, conlleva una carga política.

“Ya desde cómo se organiza una editorial hay una praxis política, desde cómo se difunde, a quién llega, cómo te diriges a los demás. Todo está involucrado. Lo que nos interesaba es casi una pregunta: ¿qué pueden hacer el libro y la edición, hoy, frente a los problemas de las sociedades contemporáneas? En el caso de México, ¿qué puede hacer el libro en este clima de hiperviolencia, impunidad y descomposición social que vivimos?”

Por su parte, Vivian Abenshushan asegura que en circunstancias como éstas, los libros funcionan como dispositivos “de otros imaginarios, otras políticas, otras formas de hacer, otras formas de convivencia y otras economías que pueden ser justamente un dispositivo para repensar políticamente el mundo”.

“Los libros pueden propiciar, desde la teoría crítica, desde la ficción, desde la poesía y la filosofía, otras alternativas. Romper ese cerco, que parece impenetrable, del capitalismo contemporáneo, abrir fisuras y dejar pasar el oxigeno de un pensamiento nuevo”.

Todo libro es político, configurado como una cooperativa horizontal y autogestiva, no solo desde la teoría, sino desarrollando el ejercicio desde la práctica y la constitución de los materiales, propone poner en práctica otro tipo de relaciones, otras formas de trabajo y de toma de decisiones.

Es una experimentación, explican los editores, que nos lleva a otra forma de hacer política, “que no tiene que ver con la democracia representativa que se encuentra hoy en una crisis profunda. En este tipo de organización todos participamos y hay verdaderamente un ejercicio de la ciudadanía”, finaliza Abenshushan.


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