La literatura es mi venganza

Se reúnen en un libro de Anagrama dos de los escritores más importantes de la literatura contemporánea, o de la literatura y punto: el peruano Mario Vargas Llosa y el triestino Claudio Magris, ...
Vargas Llosa. En el Hay Festival del 2010.
Vargas Llosa. En el Hay Festival del 2010. (Foto: Daniel Mordzinski)

CLAUDIO MAGRIS

La Odisea quizá sea el libro de los libros. Existen dos formas fundamentales de La Odisea: la circular, en la que Odiseo al final regresa a Ítaca, regresa a sí mismo reafirmado en el fondo en su propia identidad –en su propio modo de ser, en sus valores– de todo aquello que ha encontrado en el viaje a través de la vida; o la forma rectilínea, en la que ningún retorno es posible y en la que Ulises (sobre todo aquel Ulises tantas veces reprendido, durante los siglos, desde la literatura posterior a Homero) es el símbolo de una humanidad que se pierde por el camino, que no puede regresar a casa, es decir a sí misma, sino que continúa en un viaje rectilíneo sin fin, en una pérfida infinitud en la que el hombre se convierte en otro, se convierte continuamente en otro, se convierte verdaderamente en “nadie”, como había además ya intuido Homero.

Ya en Homero, además, es cierto que Ulises regresa a Ítaca, pero sólo para partir otra vez, como él dice –tras la horrible, victoriosa y sangrienta conclusión de su retorno– en aquella inolvidable escena conyugal entre él y Penélope, aquella conversación después del amor, en la que él le dice que deberá partir nuevamente. En el fondo, el Ulises más tradicional, más conservador (en el sentido fuerte y también positivo del término, en el sentido de conservar los valores esenciales humanos) es el Ulysses de Joyce, porque al final Leopold Bloom regresa a casa, a una casa que ha sido seguramente violada y contaminada pero que ha conservado su sacralidad; aquel tálamo conyugal violado es, no obstante lo sucedido, sagrado y él es el hombre de siempre, con los sentimientos y los valores humanos de siempre.


MARIO VARGAS LLOSA

Creo que Odiseo es el símbolo del anhelo más permanente y extendido entre los seres humanos: la aventura. Vivir más allá de los límites que nos inflige la realidad, escapar de esa cárcel en la que estamos atrapados por nuestra condición y rompiendo esas barreras, tener vidas extraordinarias, vivir lo imposible, ir más allá de todos los límites que nos impone la condición humana. Eso es lo que representa Ulises y al mismo tiempo al final de esa aventura volver a donde estaba, volver al sitio del que partió. Ese poema funda en cierta forma la cultura occidental, la tradición más sólida de nuestra historia. Seguimos escribiendo y leyendo novelas para vivir aventuras, para ser en la medida de lo posible Ulises. Qué vida extraordinaria la de él. La literatura occidental comienza contando esa maravillosa rapsodia que es las mil y una aventuras de este personaje que se enfrenta a seres humanos, a dioses, a demonios, está constantemente sometido a pruebas y las vence todas no sin caer muchas veces en la tentación pero, al fin, consiguiendo siempre superarlas. Es un poema que nos hace vivir mil vidas, que nos saca de esa vida pequeñita que es la nuestra y al mismo tiempo, a pesar de lo azaroso de su trayectoria a lo largo de todo el Mediterráneo, a pesar de enfrentarse con el trasmundo, con seres fabulosos, nunca despega totalmente de la realidad, nunca sentimos que con él hayamos cortado las amarras de lo humano, del mundo real, sino que siempre hay un ancla que, dentro de la prodigiosa existencia de Ulises, lo mantiene en la vida tal como es. Desde luego es una historia deslumbrante. Es fantástico que nuestra literatura naciera tan perfecta, tan grandiosa, tan monumental. La influencia de los poemas homéricos y sobre todo de La Odisea se ha mantenido viva desde hace tres mil años. Leer La Odisea en cualquiera de las traducciones modernas, para quienes no podemos leer la lengua original, es leer una aventura que parece contemporánea, algo que sólo las grandes obras literarias consiguen: superar las barreras del tiempo y mantenerse frescas y lozanas.