“Los lectores estamos en deuda con Garro”, Lavín

La FIL organizó un homenaje a la autora de Los recuerdos del porvenir en el que participaron las escritoras Espejo, Poniatowska y Lavín.
Beatriz Espejo, Elena Poniatowska y Mónica Lavín rememoraron la vida y obra de Elena Garro.
Beatriz Espejo, Elena Poniatowska y Mónica Lavín rememoraron la vida y obra de Elena Garro. (Fernando Carranza )

Guadalajara

Con motivo de cien años del natalicio de Elena Garro, a manera de homenaje, el salón 1 de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, reunió las voces de las escritoras Elena Poniatowska, Mónica Lavín y Beatriz Espejo para rememorar la vida y obra de la autora.

“Los lectores estamos en deuda con Elena Garro, los cuentistas, más”, dijo Lavín al iniciar la charla en la que confesó que cayó rendida ante una autora con tintes faulknerianos al destacar que la obra de la cuentista tiene una mexicanidad en la que las mujeres, esposas, madres, hijas, es un tema recurrente en su obra.

En su intervención, Poniatowska mencionó que la constante que atraviesan las novelas de Garro es el miedo: “La presencia masculina es siempre hostil, ningún hombre puede defenderla o aliarse a su causa, todos van a traicionarla y a dejarla caer”, dijo.

Recordó también que Carlos Monsiváis coincidió siempre con su opinión sobre la autora de Los recuerdos del porvenir al declarar que es una de las mejores obras mexicanas del siglo XX. Garro, una de las escritoras con más estudios en Estados Unidos, “tuvo una gran madera para ser escritora hasta que empezó a huir de sí misma”.

Beatriz Espejo habló de su amistad con Garro, “Elena era muy racista, antigobernista y extremista”, a quien conoció desde muy joven, y “que cuando hablaba se embellecía enormemente”, rememoró anécdotas sobre la novelista, a quien describió como una despilfarradora y con una inclinada afición a los abrigos de piel de camello y mascadas color durazno.

Destacó que en alguna ocasión le dijo que la única razón que encontró para casarse era beber café y añadió que Garro era un personaje controvertido, caótico con tintes paranóicos que admiraba la obra de Leonora Carrigton y que tuvo un decremento en la calidad de sus textos en el que enfatizó “Elena Garro murió en 1937”, año en el que su obra disminuyó de calidad narrativa en la que “ya no se encuentra un libro magistral”. Entre carcajadas y aplausos, las escritoras se despidieron rápidamente tras una breve ronda de preguntas. En su intervención, Poniatowska consideró pertinente la celebración del primer centenario del natalicio de Garro y recordó que dicha cuentista perteneció al gremio de escritoras imprescindibles en México.

GPE