CONFESIONARIO: Juana Inés Dehesa

La autora de 'Súpertías' se confiesa sarcástica irredenta, optimista cauta y pesimista activa.
Juana Inés Dehesa
Juana Inés Dehesa (Foto: César Álvarez)

Guadalajara

Nos encontramos con la autora de 'Súpertías', y nos dejó claro de dónde proviene el súper poder femenino que la caracteriza

—¿El libro que la inició como lectora?

Cuentos mexicanos, de una autora que firmaba como Pascuala Corona, pero que en realidad se llamaba Teresa Castelló Yturbide. Estos cuentos estaban llenos de mujeres que hacían millones de cosas y se rebelaban a todo, de princesas que lograban lo que querían, y de niñas enormemente respondonas. Eso me fue formando de alguna manera en esta idea de escribir sobre mujeres desde la condición femenina y para abrir también otro tipo de espacios para las mujeres.

—¿Y el que la convirtió en escritora?

Mujercitas de Louisa May Alcott. Me gustaba el personaje, Jo March, que quería ser escritora para mantener a su familia. Eso para mí era un gran sueño. Empecé a escribir bastante grandecita, en el 2011, y tenía esa fantasía de vivir de esto y tenerlo como profesión.

—¿Qué manías tiene al escribir?

Mis capítulos tienen casi siempre la misma longitud. Como me formé en medios impresos, el texto debía tener cierto tamaño. Cuando me piden un libro casi siempre pregunto qué tan gordo lo quieren. Divido la extensión entre el número de capítulos y eso entre el número de días que tengo para escribirlo y eso es lo que escribo todos los días. También escribo muchas cosas a mano cuando estoy desarrollando un proyecto, en papel cuadriculado con Sharpie para que no se vaya a borrar.

—¿Su héroe o heroína de ficción favorito?

 Hasta cierto punto Sor Juana, porque creo que se construyó ella misma como un personaje casi mitológico para blindarse frente a al territorio tan adverso que era la corte y el mundo novohispano. La considero muy cercana. A los seis años iba por la vida recitando “hombres necios…” sin entender nada pero sentía que era como mío.

—¿Su personaje más admirado de la vida real?

Todas las mujeres con las que crecí. Mis tías, mi mamá, mi abuela. Esos personajes femeninos fuertes, que forjan un destino y que se ganan la vida de diferentes maneras y en diferentes sentidos.

—¿Qué otra vida le habría gustado vivir?

Ninguna. Me gusta mucho la mía.

—¿Cuál es su mayor extravagancia?

El desayuno en la cama, cosa que casi nunca puedo lograr porque tengo un programa que empieza a las siete de la mañana, pero los fines de semana, o cuando vengo a la FIL, cada vez que puedo, desayuno en mi cama y que el mundo ruede. O ponerme pijama para la siesta.

—¿Qué defecto ajeno le parece más intolerable?

El mal sentido del humor, pero eso es por mi neurosis.

—¿Qué virtud aprecia más en sus semejantes?

La sabiduría, porque va muy aparejada con la bondad.

—¿Su lugar favorito?

Mi casa, mi cama, el lugar donde escribo.

—¿Su época favorita de la historia?

Me gusta el siglo XVII porque siempre me ha gustado Sor Juana, pero debe haber sido horrible vivir sin agua corriente. El futuro, porque siempre va a ser mejor…

—¿La mentira más convincente que ha dicho?

¡Sí, entendí perfecto!

—¿El animal con el que se identifica?

 La tortuga, porque va a su ritmo. Se ha construido social y culturalmente como un personaje parsimonioso y mesurado.

—¿Qué virtud envidia de sus amigos?

 La bondad.

—¿El libro que le habría gustado escribir?

El club Dumas de Arturo Pérez-Reverte, Casi medio año de Mónica Beltrán Brozon, La peor señora del mundo de Francisco Hinojosa.

—¿El libro que jamás habría escrito?

Uno de dietas, yoga o de cómo cambiar tu vida con una actitud positiva.

—¿Cómo se definiría?

 Como escritora mexicana.

—¿El gusto que más procura?

 Los amigos, la siesta y el café.

—¿Cuál es su estado de ánimo más común?

 Sarcasmo irredento, optimismo cauto, pesimismo activo…

—¿Qué súper poder le gustaría poseer?

Teletransportarme.

—¿Tiene una frase que guía su vida?

“Si te dan agarra, si te quitan, grita”, decía mi papá.