Las hormonas hacen fila

Una larga cola de adolescentes -y padres obligados a estar ahí- buscaban un autógrafo de la escritora estadounidense Becca Fitzpatrick.
100 adoles­centes tuvieron la fortuna de llevarse a casa un libro firmado por la escritora estadounidense Becca Fitzpatrick.
100 adoles­centes tuvieron la fortuna de llevarse a casa un libro firmado por la escritora estadounidense Becca Fitzpatrick. (Especial)

Fueron 25 stands, nueve pasillos, 357 pasos de recorrido e incontables "No te metas" de una larga cola de adolescentes -y padres obligados a estar ahí- que buscaban un autógrafo de la escritora estadounidense Becca Fitzpatrick.

Diana, Jennifer y las hermanas Andrea y Lizethe, todas entre 14 y 15 años, con los números 65, 66, 67 y 68 escritos en el dorso de la mano, esperaron desde las 8:30 de la mañana. En total, 100 adoles­centes tuvieron la fortuna de llevarse a casa un libro firmado por la autora que creó la historia de Nora Gray, la chica común que guarda secretos extraordinarios, enamorada de Patch, un ángel caído que, aunque la ama, debe decidir si matarla o no.

"Yo a Becca quiero preguntarle cómo fue que inventó todo este mundo", dijo Lizethe, que ha leído cuatro veces los primeros tres libros de la saga. "Espero que haya tiempo, solo va a firmar un libro por persona". Pero a casi tres horas de que inicie la firma, las cuatro ado­lescentes aún guardaban la esperanza de que la escritora pudiera firmar Finale, Silence, Crescendo y Hush Hush, los cuatro libros que cada quien cargó.

El fenómeno de Becca, explicaron, no es nuevo. En realidad desde hace tres años comenzaron a leer los títulos y no paran. En la espera entre uno y otro se dedican a releer los anteriores y cuando por fin se publica uno nuevo, más que leerlo, lo beben. "El de Hush Hush lo terminé en un día", dijo Lizethe. "Yo en dos", secundó su amiga Dia­na Peña. "Pues yo soy la que más ha tardado porque lo terminé en tres días", terminó Jennifer Herrera.

Las cuatro, sentadas a un lado del stand de firma de autógrafos esperaron casi diez horas pero mientras pudieran llevarse un garabato de­dicado a ellas el tiempo no importaba.

Detrás, cientos de ado­lescentes formados ("¡A la cola!", le gritaron a uno que otro que quiso meter­se) guardaban la misma esperanza. Algunos, para hacer menos larga la espe­ra, hasta llevaron pizza de peperoni y comían y dis­cutían acerca del libro.

Lo cierto es que solo cien adolescentes se fue­ron con un libro firmado y varios cientos quienes lo buscaron.