El hombre que dibuja su vida

"Dije que no soy un gran lector y decir eso en una feria de libro era como tirar una bomba, pero es la verdad".

Guadalajara

“A veces con los hijos pasa como con el dibujo: no te sale como lo imaginabas”, escribe el ilustrador argentino Gusti en las primeras páginas de  Mallko y papá, el que hasta ahora es su libro más intimista.

Después de darle muchas vueltas, Gusti se decidió: en Mallko y papá narra con dibujos cómo es la vida cotidiana cuando se tiene un hijo con síndrome de Down.

Gusti nació en Buenos Aires (1963) aunque lleva más de 30 años fuera de su país. Ha hecho animaciones para la televisión y ha ilustrado decenas de libros infantiles. Ahora vive en Barcelona y asegura que de argentino sólo le queda el acento.

¿Cómo fue el proceso de hacer un libro tan personal?

Cuando nació Mallko yo estaba hecho un nudo, no lo acepté. Mi otro hijo, Teo, que entonces tenía ocho años, me dijo que a él le daba igual si era rojo, verde o azul, que él iba a ser su mejor hermanito. Estuve un rato intentando hacer un libro pero no me salía; lo veía poco auténtico. Hasta que empecé a tomar apuntes de las cosas que hacíamos todos los días, pero dibujando. No pude organizar una historia lineal porque no soy escritor, soy dibujante. Así que me escudé con la idea de que es un libro Down.

¿Dibujar la historia de Mallko te ayudó a aceptar su condición?

El dibujo es mi gran herramienta de sanación. El lápiz para mí es sagrado: puede servir para escribir cualquier tontería o para cambiar el mundo. También soy una persona muy espiritual. Voy mucho a la selva, hice un libro de pájaros. Ahí conocí las plantas de poder y todo lo solucioné en una ceremonia con ayahuasca. Dije: “Si en un minuto me cambió la vida (cuando nació Mallko), en un minuto la quiero poner en su sitio”. Y en una noche, de ser una persona gris y apagada pasé a estar contento, comprometido, aceptando. Pero es un proceso.

¿Cómo es Mallko?

Hay que quitarse los tópicos de que son angelitos. Ellos tienen un don visible: a diferencia de un esquizofrénico, a un chico Down lo reconoces y siempre estarías dispuesto a ayudarlo. Entonces se produce lo que se llama discriminación positiva. Tanto lo ayudas que lo conviertes en un inútil y eso tampoco es bueno. Creo que hay que tratarlos igual. En el libro quería contar que nuestro día a día es normal. Solemos pensar que si un hijo viene con un problema nos va a complicar la vida y en el fondo no te la complica. La vida se hace al ritmo que tú quieras. Mallko hace lo mismo que los otros niños, quizá con ciertas dificultades pero hace lo mismo. Si no le pones prisa, él va a llegar a hacerlo.

¿Por qué dices que este es un libro sobre la “di-capacidad”?

Es un juego de palabras. Si dices “habilidades especiales” o “capacidades diferentes” también le estás poniendo una etiqueta. Es muy difícil encontrar un término. Son personas que tienen una discapacidad mental, pero si uno remarca la discapacidad también tendría que marcar las capacidades. Me gusta “dicapacidad” porque es casi lo mismo pero de pronto también reafirma los valores que tienen y no sólo las minusvalías.

¿Qué te enseñan tus hijos en el oficio de dibujar?

Ellos dibujan y no se plantean si está bien o mal, dibujan para pasárselo bien. No necesitan hacer del dibujo una cosa egocéntrica, es una herramienta de comunicación. Y muy poderosa. El dibujar conecta con el niño que somos todos y tenemos que aprender mucho de ellos. A chicos como Mallko hay que prestarles atención. No son tan intelectuales pero en algún punto van a la esencia de las cosas. Tienen esa capacidad de decirte: tienes un grano aquí que te queda horrible.

Y tú, ¿cómo decidiste dedicarte al dibujo?

Mi mamá dice que nací con un lápiz bajo el brazo. A los dieciocho no sabía si me quería dedicar a la música, pero siempre dibujé. Trabajo de dibujante, pero en el fondo estoy todo el día dibujando.

¿Prefieres hacer libros o dibujos animados?

Los dibujos animados me encantan y además soy muy fan. Pero es un trabajo en equipo; no lo puedes hacer solo. Y está bueno porque sumas muchos talentos. Pero lo que más me gusta es dibujar en libretas, dibujar a la gente.

Alguna vez confesaste que no eres un gran amante de los libros…

Dije que no soy un gran lector y decir eso en una feria de libro era como tirar una bomba, pero es la verdad. A mí hay un montón de cosas que me gustan, no soy un tipo que está todo el día con un libro. Claro, cuando me gusta uno me lo leo y lo disfruto, pero me gusta más ir a la selva a ver animales o estar en la naturaleza, o estar en la calle, más que estar leyendo. Mis historias surgen de la vida cotidiana y tienen un punto de surrealismo. Lo que dibujo siempre es una reinterpretación de lo que vivo.